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SAN RAMÓN

CANTÓN Nº 2 DE LA PROVINCIA DE ALAJUELA
POSICIÓN GEOGRÁFICA
Las coordenadas geográficas medias del cantón
de San Ramón están dadas por 10°13'13” latitud norte
84°35'20" longitud oeste.
La anchura máxima es de sesenta y un
kilómetros, en dirección noroeste y sureste, desde la
desembocadura del caño Negro, en la margen sur de la laguna
Arenal hasta la confluencia de las quebradas Robles y Zapote.
En importancia y situación geográfica ocupa el segundo lugar
de la provincia de Alajuela. La ciudad de San Ramón es el
conglomerado más importante de la provincia después de su
cabecera.

BREVE RESEÑA HISTÓRICA
En la época precolombina el territorio que
actualmente corresponde al cantón de San Ramón estuvo
habitado por indígenas del llamado Reino Huetar de
Occidente, el que en los inicios de la conquista fueron
dominios del cacique Garavito.
Los primeros colonizadores que llegaron a la
región, en 1840, provenían de los presentes cantones de
Belén, Alajuela y San José, principalmente; entre los cuales
estaban los señores Cecilio Rodríguez, Lucas Elizondo, Pío
Villalobos, Vicente Paniagua, Ramón Salas, Ramón Rodríguez,
Joaquín Montoya y otros. Tres años después habían
establecido un incipiente poblado, en los alrededores de la
quebrada Gata, en el lugar que llamaban el valle del Palmar.
En el año de 1843 era maestro de primeras
letras en el lugar, don Félix Fernández. En 1857 la
municipalidad de San Ramón financió el funcionamiento de
cinco escuelas. En 1880 se estableció el colegio Horacio
Mann y en el mismo año se inauguró una escuela que fue
destruida por el terremoto en 1924. En 1885 existían una
escuela Central de Varones y otra escuela Central de Niñas.
En 1889 había dos escuelas privadas. El 19 de noviembre de
1939, se inauguró un nuevo centro educativo con el nombre de
escuela George Washington, en el gobierno de don León Cortés
Castro. En la década de los años 40 fue creada la escuela
Complementaria, que impartió lecciones hasta tercer año de
segunda enseñanza. El 2 de abril de 1952 se estableció el
Instituto de Educación Superior de San Ramón, que funcionó
en un principio, en el edificio de la citada escuela, que
actualmente se denomina instituto Julio Acosta García. En
1962 se fundó la escuela Normal de San Ramón, la cual en
1973 al crearse la Universidad Nacional, mediante Ley No.
5182 se integró a ella y dos años después al
Centro Regional de Occidente, por convenio suscrito en 1974
para fundir los dos centros de enseñanza superior. La
Universidad de Costa Rica empezó sus actividades docentes en
1968; en el segundo semestre de 1983 se inauguraron las
nuevas instalaciones, durante la administración de don Luis
Alberto Monge Álvarez; recinto que se denomina campus
Universitario Carlos Monge Alfaro.
En 1844 se construyó la ermita. Durante el
episcopado de monseñor don Joaquín Anselmo Llorente y
Lafuente primer obispo de Costa Rica, el 2 de diciembre de
1854, se erigió la parroquia dedicada a San Ramón nonato. En
1885 se construyó una nueva iglesia, la cual fue destruida
por el terremoto de 1924. El nuevo templo se edificó, con
una estructura de hierro, importada de Alemania; el cual fue
consagrado en 1954, por monseñor don Juan Vicente Solís
Fernández, tercer obispo de la diócesis de Alajuela, de la
provincia eclesiástica de Costa Rica. La parroquia es
sufragánea de esta diócesis.
Mediante el decreto ejecutivo No. 12 del 1°
de agosto de 1854, se erigió en pueblo, la aldea de San
Ramón de los Palmares. En la administración de don Juan
Rafael Mora Porras, el 21 de agosto de 1856, en Ley No. 2,
se le otorgó el título de villa a la población de San Ramón
de los Palmares, cabecera del nuevo cantón creado en esa
oportunidad. Posteriormente, el 1 de agosto de 1902, en el
gobierno de don Ascensión Esquivel Ibarra, se decretó la Ley
No. 58, que le confirió a la villa, la categoría de Ciudad.
El 15 de enero de 1877, veintiún años después
de creado el cantón, se llevó a cabo la primera sesión del
Concejo de San Ramón integrado por los regidores
propietarios,
señores Juan Vicente Acosta, presidente;
Carmen Solano, vicepresidente; y Lucas Caballero. El jefe
político fue don Daniel Castillo.
El primer alumbrado público de San Ramón fue
de faroles de canfín colocados en julio de 1879. El
alumbrado eléctrico con bombillos se instaló en 1907, en el
primer gobierno de don Cleto González Víquez.
La cañería se inauguró en 19l1, en la primera
administración de don Ricardo Jiménez Oreamuno.
En 1916 los vecinos de los cantones de San
Ramón, Palmares, San Carlos y Alfaro Ruiz, procuraron la
creación de la provincia de San Ramón. Fue así como se
convocó a los vecinos de las anteriores unidades
administrativas a un plebiscito, resultando favorable por
3945 votos contra 942, proyecto que no se concretó, por los
acontecimientos ocurridos en enero de 1917, cuando fue
derrocado don Alfredo González Flores, y asumieron el poder
político los hermanos Tinoco.
El origen del nombre del cantón se remonta al
establecimiento de la aldea, en la década de los cuarenta,
en el siglo pasado, cuando los señores Ramón Solís y Ramón
Rodríguez, con el consentimiento de sus compañeros, la
pusieron bajo la protección de San Ramón, nombre que mantuvo
cuando se erigió el poblado y que conservó al constituirse
en cantón
DIVISIÓN TERRITORIAL ADMINISTRATIVA

Diagrama de Localización.
Creación y procedencia
En Ley No 2 del 21 de agosto de 1856 San
Ramón se erigió en cantón de la provincia de Alajuela, con
dos distritos.
San Ramón procede del cantón de Alajuela,
establecido este último en Ley No 36 del 7 de diciembre de
1848.
ASPECTOS FÍSICOS
Geología
El cantón de San Ramón está constituido
geológicamente por materiales de los períodos Terciario y
Cuaternario; siendo las rocas volcánicas del Terciario las
que predominan en la región.
Del período Terciario se encuentran rocas de
origen volcánico y sedimentario. Las volcánicas de la época
Mioceno corresponde al grupo Aguacate y a la formación
Monteverde; el grupo Aguacate, está compuesto principalmente
por coladas de andesita y basalto, aglomerados, brechas y
tobas, el cual constituye mayor superficie de la parte sur
del cantón lo mismo que en el cerro Los Perdidos, ladera
suroeste de fila Delio Herrera así como en las márgenes del
curso medio del río Jamaical y sector norte del mismo,
próximo al límite cantonal; la formación Monteverde está
constituida por lavas y tobas andesíticas, tobas
riadacíticas, cubierta por suelos lateríticos que se
localiza en la zona comprendida por las fincas Cairo, Paz y
el límite con las provincias de Guanacaste y Puntarenas. Las
rocas sedimentarias de la época Plioceno Pleistoceno están
representadas por material fluvio lacustre, los cuales se
ubican al este y noreste de ciudad de San Ramón.
Entre los materiales del período Cuaternario,
se localizan rocas de origen volcánico y sedimentario; las
volcánicas son de las épocas Pleistoceno y Holoceno; a la
primera pertenece a lahares sin diferenciar, situados en la
parte oriental del distrito Peñas Blancas, lo mismo que en
el sector aledaño a los poblados Los Criques, Las Rocas y
San Jorge, así como en el de colonia Palmareña y sector sur
del mismo, también en el curso superior de los ríos Balsa y
Cataratitas, las rocas volcánicas del Holoceno corresponden
a materiales volcánicos; tales como lavas, tobas y
piroclastos, situados en las cercanías de ciudad de San
Ramón, así como en las proximidades del Cerro Chato. Las
rocas sedimentarias de la época antes citada, están
compuestas por Depósitos Fluviales y Coluviales, localizados
entre las márgenes de los ríos Balsa y San Lorenzo, aguas
abajo a partir de la confluencia del primero con el río
Cataratas.
Geomorfología
El cantón de San Ramón presenta tres unidades
geomórficas, denominadas forma de origen volcánico, de
sedimentación aluvial y originada por acción intrusiva.
La unidad de origen volcánico se divide en
siete subunidades llamadas lomeríos de fuerte pendiente en
Sierra Minera de Tilarán cerros y valles del Aguacate,
ladera baja del noreste de Sierra Minera de Tilarán, volcán
Poás, cerros alrededor de la laguna del Arenal, laguna del
Arenal y volcán Arenal.
La subunidad lomeríos de fuerte pendiente en
Sierra Minera de Tilarán se localiza en la zona comprendida
por los poblados Alto Villegas y Salvador, ladera sur del
cerro Pocosol, confluencia de los ríos San Lorenzo y
Jamaical y los cerros Perdidos y Centinela; la cual se
caracteriza por presentar un relieve fuerte en toda su
extensión, lomas con laderas de pendiente cercana a los 30°
son frecuentes en toda la subunidad. Los fondos de los
valles por lo general son angostos, apenas unos pocos metros
más anchos que el cauce, las cimas de las lomas y cerros
también suelen ser angostos pero redondeados, las zonas más
elevadas, presentan el mismo tipo de relieve, pero sus
formas están más redondeadas por la presencia de un mayor
espesor de ceniza, que se evidencia en villa Piedades de San
Ramón y en los poblados Monteverde y Jabonal. Esta subunidad
está constituida por rocas como lavas basálticas y
andesíticas, aglomerados, tobas e ignimbritas en una
desordenada alternancia. Una cubierta de ceniza de espesor
variable se extiende en la mayor parte de ella, sobre todo
en las tierras altas, la mayoría de las rocas pertenecen al
grupo Aguacate, pero las más redondeadas probablemente
pertenezcan a la formación Monteverde; su origen se debe a
la actividad volcánica, con alguna pequeña influencia de la
actividad intrusiva como pequeños diques, y es muy probable
que el inicio de la actividad haya sido fisural y ésta se
fue tapando por los propios materiales expelidos lo que
ocasionó la formación de aberturas aisladas, dando origen a
cráteres centrales.
La subunidad cerros y valles del Aguacate, se
ubica en la margen sur del río Barranca desde el sector al
norte de villa Volio hasta el poblado Angostura, así como en
el sector aledaño a los poblados Llano Brenes y Río Jesús;
la cual presenta un relieve, caracterizado por valles de
laderas con muy fuerte pendiente y en algunos sitios
escarpados, las divisorias suelen ser angostas, en ocasiones
el espacio interfluvial es ancho entre dos ríos principales,
pero con un relieve demasiado ondulado, debido a la
presencia de anchos valles de pequeñas quebradas, el paisaje
de muchas colinas de forma cónica sugiere la existencia de
viejos conos volcánicos, como el cerro Tinajita, está
compuesta principalmente de rocas del tipo de las andesitas
y basalto andesita, se encuentran también lavas, piroclastos,
aglomerados y corrientes de lodo, brecha e ignimbritas;
posteriormente a las rocas volcánicas ocurrió la intrusión
de rocas de composición ácido y neutro ácido, asociado a
ella se efectuó una mineralización de algunas zonas, dando
origen a las vetas auríferas de la región, la acción
hidrotermal, coalinizante y silicificante produjo la
descomposición y transformación de algunas rocas ya
existentes, esta subunidad es de origen volcánica, pero la
erosión ha tomado parte en el modelado de algunas de sus
formas.
La subunidad ladera Baja del Noreste de
Sierra Minera de Tilarán, se localiza en la zona entre la
villa San Isidro y finca Ofelia, también aledaño a los
poblados San Jorge, Las Rocas y al norte del de San Lorenzo,
esta subunidad se encuentra al pie de la Sierra Minera de
Tilarán, donde las pendientes de las laderas son de unos
10°, los espacios interfluviales principales son amplios,
más de 500 metros pero las quebradas intermedias disminuyen
esta medida, las áreas con pendientes menores de 10° y
suficientemente amplias, son frecuentes; esta subunidad se
compone de un conjunto de lavas andesítica basálticas y con
abundantes intercalaciones de lahares, su origen se debe al
cúmulo provocado por las largas lavas emanadas del cerro Los
Perdidos, que es un volcán viejo.
La subunidad volcán Poás, se encuentra
aledaña a ciudad San Ramón y en el sector noreste y suroeste
de la misma, así como en la margen del límite este del
cantón, desde el poblado San Lorenzo hasta el sector al
norte del poblado Alto Villegas; ésta subunidad corresponde
al macizo del mismo nombre, que es el más grande del país,
el cual presenta laderas con todo tipo de pendiente y en él
se encuentran otros conos volcánicos poco conocidos como son
los cerros Platanares, Porvenir y Viejo; en esta subunidad
se encuentran todo tipo de rocas volcánicas, principalmente
de composición andesítica; su forma se debe a la actividad
volcánica que ha sostenido por varias centurias, donde la
erosión no afecta en determinados lugares, pero su forma
actual es exclusivamente el resultado del cúmulo de
diferentes coladas lávicas y de piroclastos. Las subunidades
cerros alrededor de la laguna del Arenal, laguna del Arenal
y volcán Arenal; se sitúan, la primera en fila El Cairo y en
las proximidades de la naciente de quebrada Danta, la otra
al norte de finca Cairo, y la última al norte del cerro Los
Perdidos.
La unidad de sedimentación aluvial, se divide
en dos subunidades llamadas abanico aluvial de Santa Clara y
llanura aluvial de San Carlos y el Caribe. La subunidad
abanico aluvial Santa Clara se localiza en las márgenes del
curso medio e inferior del río San Lorenzo, la cual se
encuentra confinada por lomeríos de otras unidades, su
salida se hace por medio de los ríos San Lorenzo y La
Esperanza que cortan una estribación de la Sierra Minera de
Tilarán, esta parte de la sierra está formada por corrientes
de lodo muy meteorizadas intercaladas con lavas andesíticas
y andesítico basáltico, que formaron un obstáculo
contribuyendo parcialmente al relleno del abanico, la
superficie del abanico está cortada por numerosos cauces de
poca profundidad, quedando espacios interfluviales de unos
100 metros de ancho y de muy poca pendiente; esta subunidad
se compone de rocas de origen volcánico, lava andesítica que
domina en el área, aunque también hay fragmentos de
basaltos. La subunidad llanura aluvial de San Carlos y el
Caribe, se encuentra aledaña al poblado Trinidad y sector al
norte de la misma.
La unidad originada por acción intrusiva
corresponde a un pequeño sector del cantón localizado al
suroeste del poblado Llano Brenes próximo al límite
cantonal.
Altitudes
Las elevaciones en metros sobre el nivel
medio del mar, del centro urbano de los distritos del cantón
son las siguientes:
Ciudad San Ramón 1.057, Villa Santiago 1.130,
Villa San Juan 1.085, Villa Piedades Norte 1.130, Villa
Piedades Sur 1.013, Villa San Rafael 1.080, Villa San
Isidro 1.140, Villa Ángeles Sur 1.111
Villa Alfaro 1.120, Villa Volio 1.160, Villa
Concepción 1.155, Villa San Antonio 1.033, Villa San Isidro
225.
Hidrografía
El sistema fluvial del cantón de San Ramón
corresponde a las vertientes del Caribe y del Pacífico.
A la vertiente del Caribe, que corresponde a
la subvertiente Norte, pertenece la cuenca del río San
Carlos, la cual es drenada por el río Balsa con sus
afluentes Cataratas, Cataratitas y Espino; lo mismo que el
río San Lorenzo y sus tributarios San Lorencito, Jamaical,
así como por el río Peñas Blancas y sus afluentes Agua Gata,
Chachagua y Burro. También irrigan la zona el río Aguas
Gatas y el caño Negro que desembocan en la laguna del
Arenal. Estos cursos de agua nacen en el cantón, en las
laderas de la Sierra Minera de Tilarán; los cuales van de
sur a norte y de suroeste a noreste. Los ríos Espino, Balsa,
Esperanza, Peñas Blancas, Burro, Aguas Gatas y el Caño Negro
son límites cantonales; todos los ríos limitan con San
Carlos, y el Caño Negro con Tilarán. Un pequeño sector de la
laguna Arenal se encuentra en este cantón.
A la vertiente del Pacífico, pertenecen las
cuencas de los ríos Barranca, Grande Tárcoles, Jesús María y
Abangares. La primera es drenada por el río Barranca, al que
se le unen los ríos La Paz, Piedras, Potrerillos, Sifón, San
Pedro y Jesús; lo mismo que por el río Barranquilla con su
afluente Jabonal; estos cursos de agua, excepto el río
Barranca, nacen en la región, y presentan una dirección de
noreste a suroeste y de noroeste a sureste. Los ríos Jabonal
y Barranquilla son límites cantonales; el primero con Montes
de Oro y Esparza; y el otro con este último cantón, ambos de
la provincia de Puntarenas.
La cuenca del río Grande de Tárcoles es
irrigada por dos ríos con rumbos de noreste a suroeste y de
suroeste a noreste; los cuales son límite con el cantón de
Naranjo.
La cuenca del río Jesús María es drenada por
este río y su afluente el río Agua Agria; lo mismo que por
el río Machuca y sus tributarios las quebradas Calera y
Robles. Estos cursos de agua nacen en la región y presentan
un rumbo de norte a sur. Los ríos Jesús María, Agua Agria y
la quebrada Calera, son límites cantonales, el primero con
Esparza de la provincia de Puntarenas y los otros con San
Mateo.
La cuenca del río Abangares es irrigada por
el río Seco, el cual nace en la región y cuyas aguas van de
noreste a suroeste. Este río es límite con el cantón de
Montes de Oro de la provincia de Puntarenas.
REFERENCIA A MAPA BÁSICO DE COSTA RICA
Hojas del mapa básico, 1:50 000 (IGN):
Fortuna, Juntas, Miramar, Naranjo, Quesada, Río Grande, San
Lorenzo, Tilarán.
Hojas del Mapa 1:10 000 (IGN): Cañuela,
Machuca, Montes del Aguacate, Oratorio, Rincón Mora, San
Ramón, Volio.
Historias de San Ramón
Los precursores
A
principios del siglo pasado se operó en Costa Rica el
desplazamiento de verdaderas comunidades cuya gente emigró
de lugares ya conocidos buscando mejores terrenos para
lograr fortalecer la economía familiar.
Partiendo de la época de la Colonia, los
cartagineses de escasos recursos buscaron el campo habiendo
este hecho dando origen a las poblaciones de San José,
Heredia y Alajuela entre otras. Los primeros habitantes de
san Ramón llegaron de La Ribera (actual San Antonio de
Belén) y también de Alajuela. Familias entre las que no
estaban conformes en el medio en que vivían abandonaron sus
hogares y pasando amarguras se metieron por los trillos
apenas abiertos en la selva, para establecerse en sitios que
dieron nacimiento a las actuales ciudades de Grecia,
Naranjo, Palmares y San Ramón.
El señor Luis Francisco Pérez, vecino de
Alajuela firma un escrito para la formación de San Ramón. Él
busca un lugar en el Valle el Palmar, que así se conocía,
desde tiempos antiguos, el sitio donde hoy están las
ciudades de San Ramón y Palmares. El Padre Pérez denunció
una finca de 35 caballerías que fue medida por el señor
Enrique Cooper siendo testigos el señor Pedro Mora y el
señor J. A. Cavaría. Posteriormente fue encargado el señor
Pío Alvarado para levantar el plano de las tierras
denunciadas. El 2 de noviembre de 1848 se pagó la suma de
800 pesos, siete reales que fue el valor total de la finca a
que nos referimos. El Presbítero Pérez tuvo que abandonar el
país porque era enemigo político del Dr. Castro, se trasladó
a Estelí, Nicaragua y allí murió. A través de los años, esta
enorme finca se dividió en pequeñas parcelas y todavía
quedan descendientes que conocen los famosos terrenos del
padre Pérez.
Ya por esta época se encontraban en San Ramón
varias familias que se dedicaban los corpulentos árboles
luchando bravamente con la Naturaleza teniendo como
obstáculo importante la lejanía hacia los importantes
centros de población de la época.
Nosotros no podemos tener ni siquiera una
idea de las dificultades que los fundadores pasaron en estos
tiempos. El 19 de enero de 1844 el presidente don José María
Alfaro y su Ministro el Dr. José María Castro, emitieron el
decreto N 52 para la erección de una población con el nombre
de san Ramón en el sitio nombrado los
“Palmares”.
A fin de lograr que gentes de otros lugares
se vinieran para la naciente población, se cogían algunas
matas de frijoles que se llevaban hasta Alajuela
colocándolas sobre una vara al son de música bullanguera se
le daba vuelta al parque para hacer la propaganda. Así fue
posible que otras familias viajando a través de las enormes
selvas de la época llegaran hasta San Ramón poniendo su
esfuerzo y su talento para cimentar nuestro prestigio
actual. Manuel Cabezas y Pío Villalobos eran ardientes
cazadores. Desde Barrio Mercedes (ahora Palmares) venían,
trasponiendo las rocas basálticas que en la actualidad
forman la crestería de la cima, en demanda del tepezcuintle
apetitoso o del venado ligero y de sabrosa carne. Sus
expediciones no se remontaban más allá del Río Grande. Más
adentro de la montaña infranqueable, la bejucada intrincada,
el sombrío de la selva virgen conservando quizá los últimos
rumores de la huída de aquel bravo cacique, Garabito, que
luego de batirse con los españoles a lanzazos y a pedrada
limpia, en lo alto del Aguacate, venía con sus mujeres,
cargadas de oro en polvo y canastos repletos de águilas
áureas, una de las cuales conservó don Enrique Núñez de una
excavación, en el distrito de San Juan.
Pues bien, un día de tantos, Cabezas y
Villalobos se encontraron en la altura de las cordilleras
que a modo de anillo protector rodean a esta ciudad. En el
silencio de la mañanita enjoyada en fiesta, se oía solamente
el repicar constante de las quebradas que sonrientes y
frescas iban a aumentar el caudal acuático del Río Machuca.
Desde aquella altura ambos exploradores contemplaron a lo
lejos un enorme pastizal. Surgió la ilusión para ambos
hombres. Ya tenían el pasto natural que venían buscando: en
adelante sus vacas e hartarían de hierba verde y
sustanciosa...Alistaron sus morrales y acordaron ir a
conocer esos terrenos. Fue una preparación en regla. Privaba
en ellos la impresión de los pastos entrevistos en las
cumbres altivas y cilamposas del Aguacate. La carne gorda de
monte, convenientemente salada fue el principal yantar de su
almuerzo. A los señores Villalobos y Cabezas se les agregó
un compañero más: José, hermano mayor de este último.
Un día, ocho años antes de 1844, abandonaron
sus familias y bien provistos siguieron la picada, tantas
veces recorrida en la caza del venado, traspusieron el Río
Grande y después de largas horas se internaron en el Valle
donde actualmente se asiente la ciudad de San Ramón. Al
reconocer el terreno, no vieron pastizal alguno; debido a la
feracidad y al descanso milenario de los bosques, el carrizo
había crecido tanto que trasponía los más elevados árboles
de la montaña. El gran número de cañas, ondeando a merced
del viento y vistos desde la altura daban la impresión de
una sabana verde del pasto suculento. Sin temor a engaños,
creemos que la Historia puede decir que fueron estos tres
blancos los primeros que pusieron su planta de exploradores
audaces en esta zona. Luego al reconocer que se trataba de
simples cañas valientes por la fertilidad del suelo
continuaron su marcha y tres días después estaban en las
orillas del Barranca, más o menos en el sitio en donde se
encontraba la planta eléctrica conocida con el nombré de
Hopkins.
No fue sino hasta varios años después cuando
vecinos de otros lados llegaron fundando la población como
se verá más adelante.
Los primeros
Pasando fatigas sin cuento, abriendo con sus
machetes, la picada entre la selva primitiva, trayendo a sus
mujeres y a sus hijos a pie, llegaron los primeros
pobladores que solo trataban de romper el bosque para
sembrar en la tierra abonada por los siglos el maíz y los
frijoles necesarios para su alimentación. En el sitio donde
hoy se encuentra la ciudad de San Ramón, se edificaron los
primeros ranchos, sirviendo muchas veces de asiento los
troncos de los árboles recién cortados. El señor Apolinar
Rodríguez cuenta que estando él donde ahora se encuentra el
parque haciendo una cabaña para que se alojara su familia y
mientras estaba en su trabajo, la cerda que traía se comió
la olla de maíz cocido que había dejado en las raíces de un
cedro. Contaba también todavía recuerda la quebrada que
saliendo del parque continuaba hacia el Sur, pasando la
avenida Julián Volio para ir a caer a las cien varas de la
escuela y en quebrada Gata. En la esquina Este del Parque,
donde en 1965, esta el Banco Nacional de San Ramón, la
familia de don Ramón Rodríguez cortó la maraña y allí se
edificó una cabaña rústica sirviendo, repetimos, como
asientos los árboles recién cortados. Como no había
cementerio, en esos primeros tiempos se acostumbraba colocar
los cadáveres entres dos tablas que groseramente eran
adelgazadas con cuchillos y luego el muerto era metido entre
ambas láminas y amarrado para llevarlo hasta Atenas, en
donde sí había cementerio, a enterrar. Así lo oyó de sus
abuelos la señora de el señor Gerardo Artavia que es
descendiente de fundadores de ese pueblo. La ciudad actual
estaba rodeada de densos bosques y dada esta circunstancia
el caudal acuático del Estero y de Quebrada Gata eran
mayores que ahora. Se adormecía el silencio entre el
amanecer de la nueva población que poco a poco se iba
delineando. No había caminos, apenas un simple trillo hasta
Alajuela, pero poco a poco la senda se fue ensanchando
robando campo al bosque. Cuando uno revisa estos hechos de
nuestros antecesores se da cuenta del enorme esfuerzo
realizado por ellos para la ciudad que al cabo de cien años
es motivo de orgullo para todos. Gobernaba a Costa Rica por
estos tiempos el Presidente José María Castro a quien se
debió fundamentalmente la organización de este cantón.
Los ramonenses han olvidado ese hecho y en la
memoria de la Historia ha quedado en segundo término la
figura patricia del Dr. José María Castro Madriz, uno de los
más ilustres Gobernantes de América cuya memoria es tan
querida para todos.
Los primitivos habitantes de San Ramón
llegaron de la provincia de Heredia, aunque vinieron también
en grandes cantidades de Alajuela. Esta amalgama de
heredianos y alajuelenses nos da la actual fisonomía. El
ramonéense es católico como el Erídano y liberal como el
alajuelense.
El barrio de San Ramón
Desde el año 1842 empezaron a llegar los
primeros colonos y que dos años después ya se
conocía con el nombre de Barrio San Ramón.
Los primeros
pobladores plantaron un árbol de Cocora para
marcar uno de los extremos del recién fundado caserío. La
Historia ha recogido los nombres de los que firmaron el
escrito para la fundación de este cantón.
Según el historiador, Rafael Lino Paniagua,
los firmantes del escrito para la fundación de este pueblo
fueron los siguientes: Manuel Mora, Cecilio Rodríguez, Pío
Villalobos, José María Mora, Manuel José Rodríguez, José
María Vega, Gregorio Cabezas, Manuel Luna, Jesús Brenes,
Joaquín Montoya, Darío Reyes, Ramón Rodríguez, José María
Vásquez, Lorenzo González, José María Rodríguez, Manuel
Rodríguez, Antonio Molina, Felipe Mora, Liberato Arguello,
Juan Berrocal, Juan de Jesús Rodríguez, José María Brenes,
José Cayetano Villalobos, Juan Rodríguez, Fabián Alvarado,
Lucas Lisandro, José María Alvarado, Camiliano Rojas, José
Antonio Álvarez, Sunción Ruiz, Concepción Rodríguez,
Trinidad Chávez, José Maria Vargas, Manuel López, Vicente
Paniagua, Aniceto Vargas, Juan Paniagua, Santiago Paniagua,
Florencio Elizondo, Prudencio Méndez, Pío Villalobos.
La primera escuela
Se fundó la primera escuela dirigida por el
señor Félix Fernández, el primer maestro ramonense; estaba
situada en una modesta casa 300 metros al Este del Parque
actual. Los niños iban a traer el agua necesaria a una
fuente que por entonces corría en un bajillo hacia el Norte.
Mientras tanto la vida de los primitivos pobladores
transcurría en un ambiente de paz sencilla. Se acostaban
temprano para levantarse antes de que saliera el sol. Les
daban al vecino y al forastero lo que tenían, con mano
pródiga y lista. Se rezaba en las noches con fraternidad el
Rosario y después el chocolate nutritivo y sabroso. Los
cubaces crecían libremente donde hoy se encuentra la Santa
Iglesia que era un cerro laderoso mientras la manzana al
Sur, donde hoy está la tienda La Reina era un predio
rústico, rodeado de cercas de piñuela y pantanoso en su
centro. A lo lejos se oía la campanita de la Iglesia de San
José llamando a misa los domingos y días de guardar, en las
cercanías de la Cárcel aparecía la escuelita, de tejas de
barro y paredes endebles y el maestro Félix Fernández,
descalzo y con palmeta dictando. Más allá, la montaña se
extendía subiendo por los cerros de San Isidro cubiertos de
gigantescos árboles por entre los cuales vagaban los monos y
crecían las orquídeas. El cerro del Tremedal aparecía
puntiagudo, en forma de cono perfecto y cubierto totalmente
de jarales, algunos de los cuales se cortaban como
alimentadores del fuego.
De vez en cuando, como seres de otro planeta,
venían los tilicheros vendiendo baratijas de cristal, hilos
de diversos colores, y estampitas de santos.
Por aquella época la mayoría de las casas lo
eran de tejas de barro, las más lujosas, pero los ranchos
estaban en mayoría.
Las calles fangosas, marcadas por las huellas
de las pocas carretas o las pezuñas de las vacas. Dos o tres
pulperías, alumbradas con canfín unas y con candelas las más
que se mantenían abiertas hasta las 5 de la tarde a lo
sumo. No había periódicos ni radios. Cuando llovía, todas
las personas se iban a sus casas y allí se contaban cuentos
de duendes y botijas, mientras en las brasas de la cocina se
doraban las tortillas y chirreaba el queso en los cómales de
barro.
La señora Joaquina Rodríguez Solórzano, viuda
de Gamboa, se estableció en San Ramón. Sumamente pobre, para
ganarse la vida, fundó una escuela particular que estaba
exactamente a los 275 metros al Este de la plaza principal,
hoy parque Alberto M. Brenes. Se trataba de una casa de teja
de barro, y de tabiques simples con dos ventanas y una
puerta. Doña Joaquina tenía la cocina pegada al aula en la
cual impartía sus lecciones. La preceptora, para ayudarse un
poco más, vendía tortillas en el vecindario. Era entonces
los años 1859, y algunos de los alumnos de esta época eran:
Ceferino Rodríguez, Aquiles Acosta, Cleofás Salas y Ricardo
Flores. Los padres de familia pagana a doña Joaquina, no en
dinero sino en especies. Los mismos alumnos le llevaban
diariamente maíz, frijoles y si mataban un cerdo en la casa,
un poco de tocino para la manteca. Los alumnos escribían
sobre toscas mesillas de gruesa madera, sentados en bancos
sin espaldar. Se enseñaba la lectura en forma silábica y se
daban lecciones de catecismo, de moral y de matemáticas. Un
rústico portón daba entrada a la escuelita a través de un
sendero resbaladizo a cuyos lados crecían helechos, begonias
y chinas de Japón.
Entonces circulaba la onza que valía 17
pesos: y el escudo que era la octava parte. Se trataba de
una linda monedita de oro, pero había otra de plata que
valía un peso y tenía 8 reales. El medio real era el ADARME.
No tenía entonces San Ramón más de 237 casa, la mayoría muy
modesta, compuesta de sala y cocina, amén del dormitorio que
casi siempre era la misma sala.
Los primeros finqueros
El barrio de San Ramón tenía un caserío que
se extendía por la calle del cementerio hasta las alturas de
la Cima. Este barrio, cuyo nombre ha desaparecido, se
denominaba. Barrio de SAN ANSELMO. Fuera de San Ramón, los
primeros finqueros se establecieron hacia el Sur dando
nacimiento a un nuevo distrito: el actual SANTIAGO. Por esta
época llegó a San Ramón, con otros extranjeros, un francés
llamado Victor Dujardin, vino con él también un señor de
apellido Von Vulgo. El francés compró una finca en el actual
distrito de San Rafael, se trataba de un hombre pudiente que
acostumbraba podar los cafetos para que creciera el arbusto
y echara frutas grandes como guayabas. Todo esto ante la
burla de los nativos que sí conocían la forma apropiada para
el cultivo de la rubiácea. El señor Dujardín recogía su
primitivo catalejo y por entre la selva trepaba hasta las
alturas del monte del Aguacate a mirar si habían llegado los
barcos de vela de su propiedad que desde el Pacífico tenían
que darle vuelta por el Cabo de Hornos para dirigirse a
Puntarenas. Muerto el francés fue enterrado en el humilde
camposanto del pueblo y no teniendo su viuda manera de
conseguir el mármol para su tumba, mandó a traer, a duras
penas, una plancha de mollejón que al cabo de los tiempos
fue arrancada a pedazos por los vecinos para afilar sus
herramientas. En el cementerio actual en la Avenida de
Palmares aún están restos de esta tumba. El alemán se afincó
en las laderas de la cordillera dando origen a un nuevo
caserío que es el de Berlín, puesto así por Von Vulgo. Un
auténtico ramonense trepó más arriba haciendo su finca en el
sitio conocido como Llano de Brenes.
Don Vital Esquivel se adentró hacia el Norte
estableciendo su finca en el actual distrito de Ángeles.
Mientras tanto la vida transcurría plácida y serena en el
ambiente campesino del San Ramón entonces.
Don Vital Esquivel Rodríguez, ya muy anciano,
contaba que él recordaba cuando a los muertos los colocaban
sobre una simple tabla para irlos a enterrar.
En esa época no había quien hiciera un ataúd
y el mismo don Vital narraba a su hija, la señorita Vitalina,
que estando él de cerca de 10 años vio un hecho horroroso
que no olvidó jamás, pues presenció como uno de los
acompañantes de un cadáver, se bajó hasta el hueco
machacándole la cara con sus botas. También decía que un día
de tantos apareció un hombre extranjero que llevaba algunos
días de fallecido y que había caído entre el bosque tupido
que estaba a los alrededores del actual hospital.
La aldea
La aldea de San Ramón tomó incremento.
Gobernaba entonces al Estado el benemérito don José María
Alfaro, quien ante las reiteradas manifestaciones del
vecindario y como premio al esfuerzo de aquellas gentes que
con picos y palas de palo, estaban construyendo los primeros
caminos y trasladando al mismo tiempo desde la Ribera (hoy
San Antonio de Belén) a lomo de bestias y a veces a sus
propias espaldas a sus hijos y a sus esposas, le dio notorio
apoyo. Estos pobladores trajeron semillas de frutales,
rizomas de cañas y las primeras cepas de piñuela para cercar
las socolas, comidas y abonadas por el hacha y por el fuego.
La vida de aquellos aldeanos transcurría pacífica y serena.
Se levantaban al amanecer y cuando eran las seis de la tarde
ya estaban reunidos en sus ranchos con la jícara de
chocolate y a los frijoles aderezados y molidos en los
cómales de barro, luego el rosario que se rezaba en compañía
y mientras se hacían más densas las sombras que no podían
destruir los candiles de higuerilla ni las mortecinas llamas
del fuego, se retiraban todos a descansar, mientras que en
invierno afuera la lluvia golpeaba haciendo más fangosas las
calles y en verano polvorientas cuando soplaba el viento
llevándose las hojas secas de los predios.
Exploraciones
Desde el año 1828 según narran las crónicas
se hicieron diferentes exploraciones a las fuentes del Río
Grande. Ya fundaba la población y veinte años más tarde,
siendo cura de la ermita el padre Pablo Rojas Medina se
hicieron varias giras buscando nuevos caminos. En ellas se
destacaron: Pío Villalobos y Francisco Martínez quienes al
adentrarse en la selva y habiéndose agotado los alimentos
tuvieron que comerse hasta los perros, sucios y llenos de
barba, llegaron al pueblo al cabo de muchos meses.
En aquella época San Ramón tenía 100
pobladores apenas. Se elevaba ya la ermita donde hoy se
encuentra el Colegio Patriarca San José; ermita hecha de
techo pajizo y de tabiques formados por los troncos que en
el amanecer del San Ramón se cortaban de los árboles en las
cercanías. Un día de tantos diego Gamboa, Sixto Ugalde,
Ascensión Mora y José Paniagua, cortaron dos árboles que
amarrados con bejuco formaron una cruz para señalar el sitio
en el cual se colocaría la capilla que iría a reponer el
rancho pajizo que se había construido malamente hacía varios
años. A saber los lugareños que el presidente Alfaro por
decreto el 19 de enero de 1844 ya había dado el terreno para
la nueva población, hubo fiestas en todas partes. Uno de
ellos reventó una bomba que espantó a los mozotillos y
calandrias refugiadas en los árboles cercanos. Hubo música
en todas partes con guitarras y mandolinas y esa noche, se
efectuó una fiesta en casa de Sunción Ruiz. Se habló
nuevamente de la ermita y los aldeanos comisionaron al señor
Ramón Rodríguez Solórzano para que marchara a San José a
pedir a la Curia el permiso necesario. La solicitud fue
aprobada y para que se hiciera cargo de la dirección y
cuidado de la obra fue nombrado José de la Luz López quien
trajo algunos carpinteros para que le ayudaran. Ellos eran:
Santiago Álvarez, Pilar Sáenz, Manuel Lobo, Manuel luna,
Martiliano Segura y Juan Ramón Fernández. Pero como todos
los trabajadores eran pobres, habiéndose iniciado ya la obra
de construcción se acordó que todos los domingos se
reunieran los habitantes entre quienes se recogía el dinero
necesario para pagar los jornales. La asistencia de los
artesanos le correspondía una semana a cada familia,
generalmente las más pudientes. Construida que fue la
Iglesia se hicieron los preparativos para la bendición
siendo su primer cura el Presbo., Miguel Murillo.
A la fiesta que muy concurrida asistieron
otros sacerdotes, el padre Zaret y el cura de Alajuela don
Ramón González. Las muchachas de la época luciendo sus
mejores galas, cortaban todas las mañanas sendos ramos de
heliotropos y todos los días los llevaban ante el altar de
San Ramón Nonato cuya figura aparecía en un cuadro comprado
en el mercado de Alajuela. Se sentía adentro olor a
lechuguilla y suave aroma de flores silvestres, mientras
afuera cantaban los pájaros y se oía el grito de un vaquero
a la distancia.
Los poco pobladores habitaban en ranchos
pajizos y muchos de ellos formaban el techo con hojas de
palmera que abundaban en la región. Posiblemente por eso se
le puso a Palmares su nominación. Los tabiques de estas
chozas eran hechos con troncos de árboles amarrados con
bejucos y en cada predio no faltaba el consabido pozo con
brocales groseramente hechos encima de los cuales daba
sombra un árbol cubierto de lana y en las mañanas lleno de
pájaros que alegraban y ponían una nota de dulzura entre el
silencio del poblado.
El primer caserío se estableció a las orillas
de la Quebrada Gata. Se vendían entonces lotes de una
caballería que es una medida que tiene 64 manzanas. Estas 64
manzanas valían a 8 pesos de la moneda de la época.
Luego vino un agrimensor para medir la legua
para edificar la población. Esta legua era de 328 kilómetros
y 710 metros aproximadamente.
Como el dulce había que irlo a traer hasta
Alajuela, algunos pobladores trajeron rizomas para hacer los
primeros cultivos. Al principio se machacaba la caña para
sacar el jugo pero posteriormente Lucas Elizondo y Pío
Villalobos pusieron un trapiche en compañía. Las mazas eran
de madera dura recogida a duras penas de los troncos lisos
de los bosques cercanos.
La Ermita
Según datos proporcionados por don Ángel
Villalobos Carvajal, que es un seminarista muy estudioso,
manifiesta que el primer cura de San Ramón fue Manuel de los
Ángeles Saborío en los años 1848-1860. Las partidas de
bautizos de estos años llevan su firma, aunque a veces
aparecen los nombres de los siguientes tenientes de cura:
Julián Blanco, Joaquín Zeledón y José María Murillo. El
señor Villalobos deduce que el primer cura fue Manuel de los
Ángeles Saborío y no José María Murillo como lo consigné en
mi folleto Historia de San Ramón publicado en 1943.
Y para ser más firme su opinión me aduce que
en los libros parroquiales aparece firmando siempre como
cura el señor Saborío. Por consiguiente es posible que los
bautizos los celebraran los coadjutores Blanco Zeledón y por
último Miguel Murillo. La opinión de mi distinguido amigo el
señor Villalobos Carvajal queda confirmada por otro amigo el
Presbo. Don Clodoveo Hidalgo, actual cura de Alajuela quien
estudió una vez conmigo todos los libros antiguos de la
Parroquia de San Ramón. El mismo señor Villalobos me
desmiente al opinar que no fue el padre García quien comenzó
la iglesia sino el padre Ulloa que vino a sustituir al padre
García. La iglesia de la que hablamos de cal y cuanto fue
inaugurada en 1885 por el cura interino Manuel Hidalgo.
El cuadrante
El cuadrante de San Ramón es uno de los
mejores de Costa Rica y está compuesto de calles anchas y
rectas y de cuadros iguales. Todavía al hacer excavaciones
se encuentran postes de piedra que marcan el sitio exacto de
la mitad de la calles. Los que lograron hacer esta obra de
arte fueron los señores: Florentino Alfaro, hermano del
presidente, el señor Pedro Saborío y Manuel Soto. Es justo
consignar al hablar de la organización de la aldea que los
terceros en donde hoy están la iglesia y el parque eran un
derecho de don Pío Villalobos quien los cedió generosamente
a la Comunidad.
El coraje ramonense
Desde muy antes que se fundara esta población
aleteó sobre ella el quetzal de la libertad. Por estos lados
tuvo sus dominios Garabito que fue el último rey de los
Huetares. Con una de sus princesas la preciosa india
Biriteca opuso resistencia a los españoles jefeados por
Caballón y ni Vázquez de Coronado pudo conseguir que se le
presentara personalmente. Según se dice Garabito peleó
contra los blancos durante 10 años hasta que por fin Luis
González lo capturó y el cacique, quien estaba muy anciano,
se sometió. Biriteca, que era una princesa india muy bella
nació en el Sur de San Ramón, pero fue secuestrada por
europeos y no se supo más de ella.
El pueblo
Aniceto Vargas puso una pulpería que cuidaba
los sábados y los domingos: había que traerlo todo de afuera
de San José y Alajuela, portando la mercadería semanalmente
en sacos y alforjas de mecate.
Por esta época no había carnicerías; para
procurarse la carne del consumo, algún vecino mataba algunas
de sus vaquillas o el de más allá el chancho más gordo que
encontraba. Luego acostumbraba regalar a las pocas familias
del vecindario algo de lo que obtenía: chicharrones, manteca
o algún pedazo de carne.
Fue entonces cuando se estableció la primera
carnicería al público. Se trataba de una matanza que tenían
los señores Francisco Segura y Javier Fernández, en una
propiedad a las 75 varas al Sur del parque, en donde ahora
está la tienda de don Fulvio Rodríguez. En el patio se
destazaba la res suspendida de un alto árbol y en rancho
improvisado, tapado con hojas de plátano, en rústico
mostrador, se vendía el artículo guindando de daguillas a
0.06 colones de nuestra moneda actual. La manteca se vendía
a un real y en estos tiempos 8 reales componían un peso.
La primera amasadora de pan
La primera amasadora de pan lo fue de la
señora Soledad Fernández quien vendía por un cinco dos
hermosos y bien aliñados bollos de pan.
Ramón, Hermenegildo y Juan Ramón Jiménez
fueron los primeros zapateros que hubo en San Ramón.
Más tarde don Rafael Acosta abrió un negocio
bastante surtido; luego Manuel Caballero, de origen
colombiano, puso una pulpería muy buena. En aquellos dorados
tiempos, el parque Alberto M. Brenes era la plaza
principal.
Estaba toda enzacatada, llena de copudos
higuerones. En el centro se destacaba un árbol grande de
Cócora, una de cuyas estacas sirvió para marcar el centro de
la naciente población. Al lado Sur estaban las ventas de
carne y de verduras. Se trataba de mesas con dos palos a
ambos lados y uno que los unía en la parte superior. De aquí
pendía la carne. Para protegerse del sol y a veces de la
lluvia el dueño clavaba cuatro palos y los unía también
formando una especie de dosel cuyo techo lo constituía un
pedazo de manta.
Hubo entonces vendedores de dulce que venían
con sus bestias cargadas de este artículo desde Palmares,
Sarchí y el Bajo de los Corrales y que ponían a la venta a
la sombra de un árbol frondoso desde cuyo ramaje pendían con
cordeles las tamugas para poder ser vistas de los
compradores.
Un domingo, en horas de la mañana, llegó un
indio llamado Cruz Guevara a ofrecer a la manera polaca,
vender toda clase de mercaderías y objetos de adorno de
escaso valor. Allí traía también cuadros de santos, novenas,
rosarios, jabones de olor, abalorios, lápices, hojas de
papel para escribir, etc... Desde luego cobraba carísimo por
todo, pero en horas de la tarde ya estaba sentado en el
zacatal de la plaza contando en un pañuelo de chinilla las
monedas de la venta.
San Ramón estaba totalmente aislado. Simples
picadas eran las que habían que comunicaban malamente con
los principales centros de la población. Desde el bajo del
cementerio hasta el alto de la Cima que se llamaba barrio de
San Anselmo estaba el bosque tupido con una simple vereda y
con un paso muy malo en donde ahora está el puente del Río
Grande (La Giorgia actual).
Por todos lados rodeaban a la Aldea espesos y
tupidos bosques apareciendo el cerro del Tremedal cubierto
totalmente de altos matones de jaral.
Las calles enmontadas y encharcadas en
invierno por donde corría el agua de los caños que los
vecinos hacían para impedir que ella penetrara en sus
fundos. Cercas de piñuela protegidas con troncos de jocote
de los cuales pendían en épocas de cosecha las frutas
jugosas y azucaradas.
En esta época (1847) no había faroles en las
calles de manera que en cuanto anochecía estaba muy oscuro y
apenas alumbrado por los rectángulos de luz que se
escapaban de las casas céntricas del viejo San Ramón.
No había ninguna diversión a no ser las
partidas de “malilla” en alguna pulpería en cuyos
mostradores lustrosos por el uso, aparecía marcado con
cuchilla el infaltable “Tresillo” que se jugaba con granos
de frijol o de maíz, a veces entre el dueño del negocio y el
cliente ocasional.
Se organizaban fiestas de familia muy
sencillas y una vez pérdida, un baile que, para aquellos
tiempos era una novedad.
A las 8 de la noche, el pueblo estaba
silencioso. Dormía todo el mundo en santa paz con Dios y con
los hombres y solo interrumpía el silencio el paso
apresurado de algún vecino trasnochador que había jugado
malilla más de la cuenta o se había quedado conversando más
de lo debido.
Se levanta un pueblo
En 1853 ya había más de 7000 habitantes en
esta zona y un año después el 16 de mayo de 1854, se fundó
la Parroquia, siendo en esta época Presidente de la
República don Juan Rafael Mora. Por consiguiente en San
Ramón había un partido morista bastante grande. Ramonenses,
ante el llamamiento de la Patria, fueron a pelear dirigidos
por el gran sacerdote Presbítero don Pedro Cambronero. La
memoria del Padre Cambronero sigue siendo muy querida para
los ramonenses. Cuando Mora cayó en desgracia y se efectuó
el combate de la Angostura se produjo en esta ciudad un
levantamiento que fue rápidamente sofocado por el Gobierno.
Dionisio Jiménez era muy amigo de Frutos Mora y desde luego
un gran morista. Rafael Obregón Loría en su libro
“Conflictos Militares y Políticos de Costa Rica” narra así
este hecho: “El 25 de diciembre de 1859, el comandante del
lugar, don Rafael Zarret, manifestaba en la nota oficial N 3
que estando el pueblo de San Ramón en una constante alarma,
había arrestado la noche anterior a don Toribio Zamora, don
Martiliano Segura y don Juan Mora, todos comerciantes y
socios de don Frutos Mora, vecino de aquel lugar y primo de
don Juan Rafael Mora. Agregaba que se habían registrado
varias casas siendo la última la del señor Cura en la cual
vive el teniente don Juan María Quesada hermano del Padre y
dos jefes de ella”. Al frente de una tropa llegó a San Ramón
el General Máximo Blanco para sofocar el movimiento que tuvo
fin con rapidez. El 27 de diciembre envió Blanco a San José,
con dos soldados y un cabo, a los señores Ramón Zamora y
Dionisio Rodríguez iniciados en la causa que se levanta en
este pueblo y los cuales estaban fugados y se mandaron a
capturar a las 2 de la tarde de ese día.
Los héroes ramonenses de 1856
En recuerdo de las milicias ramonenses que
fueron a pelear contra los filibusteros, se ha elevado en el
parque un prisma que tiene como remate uno de los cañones de
1856.
Algunos de los heridos son los siguientes: el
teniente Rafael Acosta, los soldados Luis Cambronero,
Joaquín Ledesma, Ascensión Huertas, Remigio Siles, Cipriano
Arce, Evaristo Quesada y Vicente Arias; el sargento
Santiago Cantiliano, y es de suponer que dad la escasez de
habitantes que había entonces aquí un porcentaje muy alto de
coterráneos que fueron a la guerra.
Resurgir
Don Julián Volio llegó a San Ramón
cuando este pueblo estaba en sus comienzos y ya había varias
industrias, pero antes de eso don Juan Rafael Mora erigió en
Pueblo La Aldea de San Ramón (1854) y en 1856 el Padre de la
Patria daba el título de Villa a San Ramón. Don Julián llegó
a San Ramón veinte años después de la guerra, traía en sus
alforjas buena cantidad de dinero que distribuyó en las
industrias, la agricultura y el comercio.
Fue minero, exploró las minas de
Hervideros y allí fracasó. Empresario, fundó una finca en el
distrito que lleva su nombre en donde sembró grandes
plantaciones de café y construyó una gran fábrica de
muebles, dando trabajo a centenares de obreros. Don Julián
fracasó en sus empeños, llegó al pueblo con un capital y se
fue sin un cinco.
Don Julián Volio
Más que material, la obra de Volio es de
espíritu y se afirma al pasar los años en el corazón y en la
mente de los ramonenses. Prendió la lámpara en San Ramón y
en su claro resplandor, que alienta a la memoria de este
Patricio, se han nutrido las generaciones que le sucedieron.
Sus destellos cubrieron de raras fulguraciones los poemas
de los poetas y el sayal apostólico de los maestros de
escuela que continúan su obra redentora entre los espinos y
las inclemencias del camino. Allí brilla esa lámpara como
votiva insignia y a su fuego mil veces sagrado, se ha
aprendido a querer la Patria.
A su regreso de Guatemala, donde fue
nombrado en 1871 Ministro de Hacienda del Gobierno de Miguel
García Granados, se estableció don Julián Volio en San
Ramón. Fue durante 10 años personaje destacado de la
política nacional y dos veces (1862-1868) candidato a la
Presidencia de La República. Nació en Cartago en 1827, hijo
de don José Maria Volio y de doña Juanita Llorente y La
Fuente. Fue Magistrado (1858) y hombre importante del
movimiento revolucionario que derrocó al Presidente Mora;
Secretario de Estado; Presidente de la Cámara de
Representantes, Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro
de Hacienda y Primer Designado durante la primera
Administración del Doctor Castro. Falleció en 1889 dejando
recuerdos perdurables porque era orador notable, político
sagaz, valiente en sus opiniones, adversario terrible, buen
padre de familia, buen amigo y excelente ciudadano.
San Ramón en 1857
Bosque más o menos grandes había en
los alrededores. Tan es así que don Ramón Rodríguez
Solórzano edificó su casa, la antigua casa de don Federico
Salas, 100 metros al Este del Parque actual, con los cedros
que se cortaron en las cercanías de la actual Escuela de La
Sabana. El Cerro del Tremedal era entonces un cono perfecto
y eran tan gruesos y altos los jarales que en sus laderas
crecían, que la gente menesterosa iba a buscar leña allí.
Donde está ahora el potrero de don
Alberto Montes había una tupida selva cuyos árboles estaban
cubiertos por la lana y en cuyas ramas se descolgaban en
racimos las orquídeas.
De la esquina del Parque hacia el
Sur, al lado Este de la calle, había una hilera de naranjos
y la calle que conduce a la actual Escuela Normal era nada
más que un trillo con partes altas a uno y otro lado. Se
mataba una res cada semana y esto se hacía en forma
particular. Era tal la abundancia de maíz que la gente
acostumbraba botar en los patios el que les sobraba del año
anterior, porque no había campo para meter el cereal nuevo.
No había faroles ni ninguna luz en las calles, que aparecían
oscuras en las noches, llenas de fangos en invierno y con
mucho polvo en verano. En 1860, ya había una o dos
pulperías; un trapiche que estaba en las cercanías del
Hospital, de un señor Calvo y ya el Consejo de Propios
estaba pensando en la posibilidad de establecer faroles para
dar mejor alumbrado en las calles, pues este Organismo hacia
el papel de la actual Municipalidad y hasta prestaba plata a
los agricultores que así lo deseaban. San Ramón ya era una
Villa con su Alcaldía y se pensaba en una vía de
comunicación a Esparta. Don Manuel Caballero vendía carne a
razón de 26 onzas y por un real, y más, de una libra de
posta por el mismo precio.
Hacia tres años que el señor Obispo Llorente
y La Fuente había hecho una visita a este Pueblo encontrando
en pésimas condiciones la Iglesia.
Por consiguiente el Padre Saborío regaló a la
Iglesia un terreno que abundaba en muy buena tierra para
construir tejas y ladrillo. Como el poblado a cada momento
se iba haciendo más grande, la gente fue buscando otros
medios de vida en los alrededores formándose así los
distritos.
Otra escuela
Años más tarde se hizo otra, ahora más
grande. Estaba a las 50 varas al Norte de la Plaza
Principal, es decir en donde están ahora los patios del
Mercado. El edificio, para ponerlo al nivel de la calle, se
encontraba montando sobre basas ya que el terreno estaba muy
bajo. Al estar en esta forma; debajo del piso que era alto,
la gente amarraba sus caballos, que traían a sus dueños
desde los campos. La escuela y el terreno que la rodeaba
estaban cercados de piñuela y con un simple portón de tablas
con bisagras de cuero y que se abría al frente. Desde luego
todo el mundo entraba al lugar en que abundaban los matones
de güitite, los árboles de jocote repletos de barba de
viejo. Una chayotera tendía sus zarcillos sobre el ramaje y
el terreno bajo, muy abonado soportaba dos rollizas matas de
ayote cuyos frutos se endurecían al sol.
Había dos maestros y una preceptora
que les daba clases a las niñas enseñándolas a remendar,
mientras les tomaba la Doctrina Cristiana y a través de la
ventana abierta podía ver a los conocidos que por la calle
pasaban a caballo y le daban su saludo afectuoso.
En los recreos los alumnos cogían
para el patio a treparse a los altos árboles a arrancar de
ellos los tacacos que pendían de la bejucada. Debajo de un
guaba el pozo repleto de agua clara.
Por la crianza y la educación de los
muchachos se esmeraban los padres que pagaban a los maestros
con comestibles o con dinero, la instrucción que todos los
días les daban.
Por esa época circulaba la onza que
valía 17 pesos y el escudo que era la octava parte. Se
trataba de una linda monedita de oro. Había otra de plata
que valía un peso y tenía 8 reales. Al medio real se llamaba
Adarme.
La Iglesia
Por allá de los años de 1870 se
iniciaron los trabajos de la Iglesia la cual, según actas
municipales, sería inaugurada y bendecida en abril de 1870.
La iniciación del Templo la llevó a cabo el Padre sucesor
del Padre García. Este último era un hombre de gran talento
y espíritu crítico que al escribir su panfleto: “El
Testamento de Judas”, provocó las iras de los dirigentes de
la época, viéndose obligado a abandonar su Curato.
Recordamos que cuando chiquillos oíamos a los viejitos de la
época recitar páginas enteras de la obra picaresca a que nos
referimos.
Los héroes de 1856
Ya dijimos, en páginas anteriores,
que San Ramón prestó su contingente en la gesta de 1856 y
sangre de humildes labriegos de esta zona humedeció las
calles de Rivas de Nicaragua. Por consiguiente siempre hubo
por aquí un gran cariño por don Juan Rafael Mora,
robustecido por la permanencia de don Frutos Mora que fue
Alcalde de San Ramón. Cuando don Juanito cayó en desgracia y
cuando ocurrieron los sucesos de la Angostura en Puntarenas,
el Gobierno de Montealegre, que no le tenía ninguna
confianza a este pueblo, dio órdenes terminantes para que se
persiguiera, encarcelara o si era necesario se fusilara a
los Patriotas ramonenses. Se nos olvidaba decir que don
Frutos, tan amigo de San Ramón y en diciembre de 1859 fueron
amarrados y enviados a Alajuela los señores: Ramón Zamora y
Dionisio Rodríguez y el Comandante Zarret tomó presos a
Toribio Zamora, Martiliano Segura y Juan Mora que eran
socios en su comercio con don Frutos. Un señor de nombre
Ignacio Arancibia y que residió en San Ramón varios años fue
fusilado cuando cayó Mora en Puntarenas. El recuerdo de
Arancibia permanece en un lugar de Esparza aunque por acá no
se le ha dado el honor que merece a este héroe nacional.
San Ramón 1865
A los 20 años de fundada esta
población ya alcanzaba notable desarrollo. Por estos tiempos
ya estaban edificando algunas casas lujosas para la época,
casi todas ellas ya demolidas por el progreso. Se construía
la Iglesia en el lugar en que está actualmente y se había
nombrado cura de la parroquia al Presbítero don Joaquín
García Carrillo, sobrino del ex Presidente don Braulio
Carrillo.
El Presbítero García Carrillo era un
hombre culto, sumamente activo, franco y muy valiente.
Para elevar los grandes bloques de
que se componían las torres de la iglesia, se hacían una
especie de mecates de cuero y que se iban trenzando en la
calle que hoy lleva el nombre de Julián Volio.
Para elevar los grandes bloques de
que se componían las torres de la iglesia, se hacían una
especie de mecates del cuero y que se iban trenzando en la
calle que hoy lleva el nombre de Julián Volio.
Ya las escuelas habían alcanzado un
notable desarrollo, había Jefatura Política servida por don
Hilario Ruiz. Por esta época ya residía en San Ramón el gran
Julián Volio que había sido candidato a la Presidencia.
La noche de San Bruno
La noche del 6 de octubre de 1889
fue trágica para el pueblo de San Ramón. Rodriguistas y
Esquivelistas estaban en pugna y de esta lucha fratricida no
podía salir nada bueno. Desde tempranas horas de ese día se
notaba movimiento inusitado en las calles y carreras van
para aquí y para allá de los partidarios de ambos
candidatos. Cuando llegó la noche, las noticias eran
desalentadoras y se temía de un momento a otro un encuentro
armado.
En 1885 el gran Presidente Soto
cometió un error. Darle apoyo a la candidatura de Esquivel
en contra de otro candidato el señor Rodríguez que estaba
electo por mayoría de votos el señor Rodríguez. Por
consiguiente, los partidarios de Esquivel planearon llevar a
cabo una intentona revolucionaria y en la tarde del 7 de
noviembre de 1889 una parte de ka policía de San José salió
amotinada por las calles.
El Lic. Bernardo Soto, uno de los
hombres más eminentes de Costa Rica y un patriota insigne
que la Historia ya ha juzgado colocándolo en el sitial de
honor que le corresponde, actuó con legalidad entregando el
poder al partido triunfante.
Desde meses atrás en San Ramón se
habían seguido con interés estos acontecimientos y aquí
había decididos partidarios de los dos candidatos: Esquivel
y Rodríguez.
La noche del 6 de octubre de 1889
encontró a este pueblo dividido en dos bandos opuestos que
luchaban para triunfar. La cosa empezó a las 7 de la noche
cuando una muchedumbre enardecida pasó frente al parque
gritando mueras y hasta disparando revólveres al aire. Don
Ignacio Merino que era Jefe Político, se encontraba jugando
malilla en un billar que estaba donde hoy está la agencia
Siemens...Reinaba la oscuridad en la calle y lloviznaba un
poco. El señor Merino, al llamar la atención en su condición
de primera autoridad fue duramente zarandeado por las turbas
y varios hombres se le fueron encima y le arrancaron
violentamente la barba. Se movilizó la poca policía que
había entonces y luego se sucedieron en el perímetro de la
población diferentes actos bochornosos. Se disparaba en las
esquinas y a matar y se sucedían los pleitos a granel.
Ya para entonces avanzaba la noche y
en lugar de calmarse los ánimos éstos más bien se
encolerizaban. Fue como a las 11 de la noche que se supo un
hecho que acabó derramando el enojo. Es el asesinato del
ciudadano ramonense don Rufino Mora Rodríguez. La
muchedumbre enardecida comenzó a lanzar piedras contra la
casa de don Juan Vicente Acosta que a la sazón residía en la
propiedad donde hoy está el negocio de don Aquileo Orlich.
Era tal la furia de los partidarios y amigos del señor Mora
Rodríguez que, lamentablemente la familia Acosta García se
vio obligada a abandonar la ciudad para no volver jamás a
ella.
Mientras tanto el Gobierno envió
apresuradamente tropas para poner orden en la población que
ya estaba levantada en armas. A orillas del cementerio se
situaron las unidades del ejército mientras se trataba de
pactar con los insurgentes que estaban dispuestos a todo,
encontrándose por otra parte muy bien armados y
atrincherados en sitios especiales de San Ramón.
El combate era inminente cuando el
Presbítero don José Piñeiro y Gil de origen catalán
intervino. Era el Padre Piñeiro muy querido de los
ramonenses y había al mismo tiempo participado en las luchas
políticas de la época. Por consiguiente su palabra cristiana
logró apaciguar los ánimos y más o menos las tropas del
Gobierno entraron a San Ramón por ahí de las 10 de la
mañana.
Mientras tanto el cadáver de don
Rufino fue llevado entre la consternación de todos para
darle cristiana sepultura en el cementerio.
Han pasado 79 años de los
acontecimientos brevemente narrados y de entonces a acá ha
corrido bastante agua bajo el puente.
Historia Hospitalaria
Antes de 1876 no había en San Ramón
médico del pueblo, apenas simples curanderos. Por
consiguiente este año fue nombrado como tal el Dr. José
Ramón Boza, pero estuvo poco tiempo.
Los señores don Rudesindo Lobo y don
Valeriano Miranda ejercieron por este tiempo el oficio de
médicos y hasta practicaron autopsias, como lo demuestra un
acta municipal de febrero de 1891. En 1886 se organizó el
primer hospital y para llevar a cabo esta obra humanitaria
se nombró una comisión formada por los señores Manuel
Hidalgo, el Presbítero Pedro Sandoval, Pedro de Urrutia,
José Carvajal, Miguel Zamora y Mercedes Quesada. Por
consiguiente esta fue prácticamente la Primera Junta de
Caridad que hubo aquí. Se continuaron gestiones para
conseguir un médico y pasaron años sin lograrlo. Dos
personas, Ramón Araya y Ascensión Moncada se encargaron de
la preparación de recetas a 75 centavos cada una. En el
año1896 se nombró oficialmente la primera Junta de Caridad
que estuvo integrada por don Francisco Orlich Ziz, don
Miguel Zamora y don Rodolfo Gamboa y se pensó en construir
el hospital e un lote donado por don Chico Orlich y en donde
está ahora la Escuela Normal.
Don Jeremías Salas se interesó mucho
por la creación del hospital que no había. En 1898 formaban
parte de la Junta de Caridad, Ramón Salas, Alfredo
Rodríguez, Concepción Valenciano, Manuel Campos y Alfonso
Mora.
Se trabajaba en un local que hacía
oficio de hospital y que quedaba al frente del Colegio
Patriarca San José, donde ahora están las casas del INVU.
Las camas y muebles fueron prestadas por los vecinos y este
centro de caridad estuvo atendido por las enfermeras doña
Hermelinda Mora de Morera y la señorita Rita Campos. Al
terminar el siglo fue trasladado a una casa más grande que
estaba situada donde ahora está el cine Jet. Por cierto que
el señor don Maurilio Lobo, conocido cariñosamente por
“Manco Lobo”, contaba que allí le cortaron un brazo en el
año 1904, operación que estuvo a cargo del doctor José
Cabezas y su ayudante Gregorio Miranda. Mientras tanto ya se
construía un hospital en debida forma en los terrenos
donados por don Chico Orlich. Se inauguró en 1906.
Al comenzar el siglo no solo ya
teníamos hospital sino que hasta policía de higiene que lo
era don Serafino Rodríguez; hacia el oficio de obstetricia
Hermelinda Mora a quien se le pagaban 15 pesos mensuales. El
hospital San Vicente de Paúl sufrió mucho deterioro cuando
el terremoto del año 26. Siendo Presidente el ilustre
ramonense don Julio Acosta se destinaron 20 céntimos de
colon por cada litro de alcohol, aguardiente y demás licores
que se vendían en San Ramón a través de la agencia de la
Fábrica Nacional de Licores. Se construyó un nuevo hospital
que llevó el nombre de Nicolás Orlich y, años después, ante
la demanda del pueblo ramonense por tener uno moderno, la
Junta de Protección Social en el año 1950 empezó a trabajar.
Esta agrupación se encontraba integrada por Rodrigo
Valverde, Trino Echevarria, Ernesto Caballero, Ramón
Herrera, Juan Rafael Zúñiga, Jorge Mora y Teodoro Barrantes.
Emprendieron gestiones para comprar un nuevo terreno para el
hospital de San Ramón.
Estos y don Teodoro Barrantes
entablaron gestiones para dotar a San Ramón de un centro con
todas las facilidades para dar asistencia eficiente y
completa. La Junta a que nos referimos terminó sus funciones
sin lograr remataren la forma en que se esperaba sus anhelos
que eran los del pueblo de San Ramón. Afortunadamente las
Juntas de protección que siguieron trabajaron en forma dura
y sostenida y para nosotros es satisfactorio consignar al
grupo de caballeros que pudieron dar remate a una obra que
es de positivo beneficio.
Entre este grupo figuran Rodrigo
Valverde, Juan Rafael Zúñiga, Teodoro Barrantes, José
Alpízar, Arnulfo Carmona, Alain García, Dagoberto Salas,
José Valenciano, Mario Salazar, Rafael Caballero, Jorge
Mora, Ernesto Caballero y Ramón Herrera.
El hospital Dr. Carlos Luis Valverde
Vega fue inaugurado el 1 de marzo de 1955: la niña Maria
Elena Valverde hizo el descubrimiento del busto del Dr.
Valverde, que en mármol blanco fue colocado en el vestíbulo
del edificio. El costo de las construcciones, incluyendo
Capilla y Comunidad, casa para el médico director, casa para
enfermeras, casa de máquinas y terreno fue de 1.313,352
colones y el equipo costó 236,691 colones.
Cuenta la Institución con todos los
medios modernos para atender a los enfermos. Y tiene
servicio de Rayos X, Laboratorio, Cirugía, sistemas de
llamadas de enfermeras, teléfono automático con su propia
central y planta eléctrica.
Entre los médicos que han servido a
San Ramón hasta la fecha están los siguientes: Mariano
Zenneti, J. Ramón Boza, Valentí Ortiz, R. F. Hine, J. Moisés
Castro, J. Corvetti, Sergio Carballo, Benigno Tamayo Otazo,
José Cabezas, Sergio Fallas, José Tomás Masbou, etc.
Población
San Ramón tenía en 1889 9125
habitantes distribuidos así:
Centro 1952, San Juan 1235, Santiago 682,
Piedades Norte 1143, Piedades Sur 423, San Rafael 1123, San
Isidro 298, Concepción 537, Santiago Norte 482, El Silencio
647, Isla Bonita 427.
La Ermita del Tremedal
La Iglesia del Tremedal ha estado
íntimamente asociada a los recuerdos más felices de todos
los ramonenses. Siendo mayordomo de esta capilla Santana
Orozco, trató de adornarla lo mejor posible sembrando a sus
orillas las palmeras y haciendo hasta un jardín. Cuando el
señor Orozco murió se abandonó el culto a la Milagrosa
Virgen del Tremedal, hasta la llegada de don José Carvajal
quien contó con la colaboración de las recordadas damas doña
Teresa Rodríguez de Alvarado y de su hermana Juanita. De los
recuerdos de chiquillos se conserva todavía la presencia de
una mujer quien siempre estaba en las naves del Templo
arreglando los escaños, limpiando la Sacristía, poniendo sus
flores sobre el altar. Cuando un día de tantos se trajo una
campana para esta Ermita, de común acuerdo los ramonenses
quisieron bautizarla con el nombre de “La Juanita”. Un dolor
agobió de pena a doña Teresa cuando apareció una mañana
quemada la imagen de la Virgen a consecuencia de una candela
que algún devoto había puesto mal, cayéndose y provocando
un incendio. Se arregló la imagen. Al morir la señorita
Rodríguez, asumió su cargo de cuidandera de la Ermita doña
Trina Alfaro de Montanaro mientras el señor Manuel Retana
colaboraba con ella haciendo realidad la construcción de la
Casa para el sacerdote.
En 1902 se terminó la construcción de
la segunda Ermita y en esta obra trabajaron con empeño en su
condición de albañiles los señores Zacarías Salazar, Ramón
Miranda y Ramón Cavaría. Cuando se estaba edificando la
Parroquia, la Ermita del Tremedal fue el refugio apropiado
para guardar el Santísimo Sacramente.
La iglesia antigua que por segunda
vez se había construido, estaba en tal estado que los
vecinos se reunieron para construir una nueva Capilla, digna
de la gloria de Dios. Los trabajos se iniciaron el 8 de
enero de 1962.
Se terminó de construir la iglesia de
San José y el Padre Saborío había mandado a comprar a Europa
dos campanas. Para recoger las limosnas y los donativos se
había encargado al señor Hilario Madrigal. En ese momento
solo existían 11 pulperías. En esta fecha se estaba haciendo
el plano para construir la Parroquia frente al Parque y se
estaban estudiando las posibilidades para edificar un
edificio donde se alojarían las oficinas públicas. En la
Plaza Principal, actual Parque de San Ramón, se daba
instrucción militar todos los domingos pues en esa época
Costa Rica estaban bastante militarizada. No había luces en
las calles y la oscuridad era constante y permanente. Apenas
10,000 habitantes tenían el cantón.
La primera biblioteca pública en San
Ramón llegó a contar este centro cultural 13,000 libros.
En 1880, el señor Paulino Acosta
tenía un negocio que era un almacén, importando sus
mercaderías de Europa. Cada año este señor iba a Paris o
Londres y adquiría telas finas, artículos de cuero,
perfumería y alhajas.
El General Tomás Guardia hizo una
visita a San Ramón, se le festejó en la biblioteca y
entonces el Presidente obsequió una buena cantidad de libros
prometiendo toda ayuda a esa ciudad.
Cosas del pasado
En 1879, el señor José María Caicedo
era el Inspector de Escuelas de Alajuela. Desde luego tenía
jurisdicción técnica y administrativa sobre los planteles de
enseñanza de la provincia. En un documento fechado el 14 de
junio de 1879, el señor Caicedo formula un cuadro de los
útiles que necesitaban en las escuelas públicas de San Ramón
que en aquellos tiempos eran: la Escuela Central de Niñas y
la de Varones. La nómina establece que la escuela de niñas
necesita: un reloj, dos pizarras y la de varones: un reloj.
Para las escuelas de Santiago, San Rafael, San Juan, La
Prensa, San Isidro, Piedades Sur que eran las únicas que
había se pide: pizarras, mesas y bancas.
El señor Faustino Castro se dirige al
Jefe Político de la Villa, Paulino Acosta y quien hacía los
nombramientos a través de la Municipalidad, de los maestros
solicitándole que les permitiera fundar en el barrio de San
Isidro una escuela privada. El señor Castro ofrece enseñar
las asignaturas que siguen: lectura, escritura, religión
cristiana, moral, aritmética, etc.
El 23 de febrero de 1881 se le
transcribe a la Municipalidad de San Ramón un oficio del
señor Ministro de Instrucción Pública del cual está el
siguiente párrafo: “Terminantemente es la ley que exige a
los que deseen ser maestros, un examen prueba, sin el cual
los esfuerzos de Gobierno por hacer efectiva la educación
del pueblo, quedarían expuestas a ser ilusorias, por no
tener en la escuela personas que hubiesen dado garantías de
desempeñar el cargo de preceptores...”
En tal virtud cada Municipalidad está
en perfecto derecho de exigir a los maestros de su
jurisdicción el examen requerido como de remover aquellos
que rehúsen rendirlo.
Del propio modo, el ilustre Municipio
de San Ramón que tan gustoso ha aceptado la medida propuesta
por el señor Inspector para levantar la enseñanza popular de
ese departamento, es digno de alabanza por la prueba que de
este modo ha dado de comprender perfectamente cuanta debe
ser la trascendencia de la educación del pueblo en el
porvenir de Costa Rica.
En aquellos momentos había una
escuela que quedaba a los 50 metros del parque. Era un
edificio montado sobre bases de guachipelín, hecho de
madera, pintado de rojo. Luego en la manzana que ocupa
actualmente el mercado el terreno bajaba en rampa hasta las
cercanías del Estero.
Más tarde funcionó un Liceo de Niñas,
primero en la casa del señor Lucas Caballero y después en un
edificio viejo que fue demolido para construir el actual
cine Jet, cien metros al norte del parque. Donde está el
parque era el mercado.
En esa época no habían muchas
escuelas, en el centro dos, una en Santiago que atendía don
Jenaro Cardona y Valverde; la de San Pedro de don José
Manuel Téllez; la escuela de Calle Lobo en Alfaro era
dirigida por don Valeriano Miranda.
En sus principios la Municipalidad de
San Ramón se llamaba Junta de Propios y había denominaciones
especiales para cada actividad. Las Municipalidades tenían a
su cargo el arreglo de caminos, prestar dinero a los
agricultores y encargarse de los asuntos de la educación.
Por consiguiente a los maestros ellos
los nombraban y los pagaban también del Fondo de Propios.
En 1881 el señor José Manuel Téllez
hizo solicitud para que se le nombrara como Director de
algunas de las escuelas vacantes. El señor Téllez quedó como
preceptor de la escuela de Santiago de San Ramón. En
aquellos tiempos, Santiago formaba un solo distrito con
Alfaro y era conocido por Santiago Norte y Santiago Sur.
Una solicitud hecha por el señor
Jenaro Cardona y Valverde para que se le nombrara como
ayudante en el plantel Educacional a que nos referimos, fue
denegada por no tener la edad requerida por ley.
Por este tiempo fue nombrado
Valeriano Miranda, maestro en la escuela de Santiago, en el
barrio actual.
El 11 de mayo de 1881 la
Municipalidad hizo el nombramiento de la señorita Rufina
González como maestra de la escuela de Santiago.
La población se mantenía en plena
oscuridad desde las seis de la tarde hasta las seis de la
mañana en que empezaba a alumbrar el sol.
En 1905 se empezaron a acarrear por
el antiguo camino de San Pedro los materiales para la planta
eléctrica de los señores Hopkins y Orlich. Este camino es el
mismo que conduce hacia el Oeste. Esta vía de de 20 metros
de ancho toma por los cerros para bajar por las orillas de
la finca de don David Rodríguez.
El café de San Ramón
Existió un café cuyo descubrimiento se sitúa
en los años 1871, conocido en algunas partes con los nombres
de Enano, Jardinero y San Lorenzo.
El señor Julián Volio encontró en uno
de sus viajes en la región norteña el cafeto enano que
crecía en las florestas del río San Lorenzo. Estaban por
entonces, colmadas de frutos las plantas y de maduración
conforme a la experiencia del café, debía ocurrir en los
meses de noviembre y diciembre. Cuando en diciembre llegaron
los emisarios del señor Volio con las cerezas, se
encontraron que la maduración estaba muy lejana todavía.
Café
Hasta marzo del año 1872 se pudo recoger las
simientes que difundió el cultivo de este cafeto, en fincas
y jardines para adorno. La planta es bonita y tiene el verde
eléctrico del musgo de nuestras montañas. Los primeros
almácigos del café San Ramón los obtuvo Volio de una finca
de los señores Rodríguez en el distrito de ángeles de San
ramón.
Historia de la educación ramonéense
Desde los ya lejanos tiempos en que
don Félix Fernández y la señora Joaquina Rodríguez viuda de
Gamboa fundaron sus primitivos escuelitas, hasta la época
actual, San Ramón ha tenido avances en la educación. En 1965
San Ramón tenía una escuela llamada Escuela Normal, un
Instituto de Segunda Enseñanza, un colegio con base en
bachillerato y regentado por un grupo de religiosas
españolas, tres escuelas en el centro y una escuela
Laboratorio, fuera de que este distrito dispone de planteles
educacionales la mayoría de los cuales cubren hasta el sexto
grado.
El colegio Horacio Mann se abrió en
1880 y posteriormente es establecieron dos escuelas más de
enseñanza primaria.
En 1887, las escuelas de San Ramón
eran las siguientes: San Juan, Las Piedades, San Isidro,
Santiago, San Rafael, Central de Varones, Central de Niñas.
Se le pagaba a don Eduardo Sell por
alquiler de casa para el Liceo de Niñas 15 pesos y a don
Ramón Zamora por el alquiler para la otra escuela 23 pesos
al mes. Había otra escuela a los metros al norte del Parque
pero como ya se estaba desplomando se construyó otra, hecha
de cal y canto en la esquina Noroeste del Palacio, frente a
la Plaza Principal. Este edificio fue totalmente destruido
cuando el terremoto del año 24. En esos tiempos era Director
de la Escuela de Varones, el señor David Hine y tenía un
solo ayudante que lo era bachiller el señor José Castro
Bustamante. Luego hubo una escuela para párvulos que estaba
frente al Colegio Patriarca San José y en el terreno que la
Junta compró a don Macario Valverde. También la recordada
maestra doña Carolina Rodríguez de Mirambell REGALÓ A LAS
ESCUELAS UNA VALIOSA PROPIEDAD, CASI MEDIA MANZANA, FRENTE A
LA Plaza Rafael Rodríguez actual. Por razones que se
ignoran, hace algunos años, una Junta de Educación regaló
ambas propiedades al INVU hecho que ha sido comentado con
desagrado por lo que significa para las generaciones
venideras.
En el lote donado por la señora
Carolina se construyó una escuela que era casi un galerón y
allí trabajaban, con grandes incomodidades los maestros y
los Directores que lo eran don Federico Salas y don Nautilio
Acosta.
En el lote ocupado por la Escuela de
Párvulos, se fundó en el año 1927 una Escuela Complementaria
que al cabo de los años entregaba a sus alumnos aprobados un
Certificado que les permitiera trabajar en las escuelas
primarias hasta el cuarto grado. Profesores de esta escuela
lo fueron entre otros, don Nautilio Acosta, don Federico
Salas, don Walter Cambronero, doña Franca de Cambronero,
doña Gildita de Miranda, doña Beatriz de Caballero, don Juan
Fernández, don Belarmino Soto y don Rafael Sánchez.
La Escuela Complementaria funcionó
hasta el año 1930.
Años más tarde se fundó una nueva
complementaria que dirigía don Abel Rodríguez Lobo.
Profesores de ella lo fueron los señores: Bolívar Salas,
Marcelino Villegas, Obdulia Zamora, Merceditas de Acosta,
Trino Echavarría, Marco Tulio Castro, Gilda de Arias y
Miguel Ángel Hidalgo.
Desaparecida esta segunda escuela
secundaria, dio origen al nuevo (actual) Instituto de
Educación con base en bachillerato hasta que los esfuerzos
de los ramonenses hicieron posible la creación de la Escuela
Normal. La Escuela Jorge Washington se terminó de construir
el 17 de noviembre de 1939 y costó ø441.289.95
Se inauguró la Escuela de La Sabana
que alojó a más de 250 alumnos, la Escuela Jorge Washington
tenía 1500, la Escuela Maternal 123, el Instituto 800, la
Escuela Normal 600 y el Colegio Patriarca San José tenía
hasta 550.
Al cerrar se debe consignar un
recuerdo a los nobles maestros ramonenses: Federico Salas,
Nautilio Acosta, Félix Ángel, Josefina Mora y Juanita Lobo.
Camino de la Penitencia
Se trataba por entonces de
construir el camino de San Ramón a San Mateo y como la
gente estaba renuente a dar su contribución, el Padre
García cuando confesaba les ponía a los cristianos como
penitencia 3 días de trabajo en el arreglo de la vía. Por
eso es que este camino tiene el nombre de “Camino de la
Penitencia”, nombre que ha persistido en el recuerdo de la
gente de antaño.
Instrucción Militar
A las 8 de la mañana de todos los
domingos en la Plaza principal de esta Villa de San Ramón,
se daba instrucción militar. Formaba parte del grupo: Rafael
Acosta, Jesús Saborío, Juan Vicente Acosta, Ignacio Merino,
Juan José Mora, Paulino Acosta, Jesús Estrada, Juan María
Quesada, Ramón Rodríguez, Pioquinto Quesada, Ramón Araya,
José Zamora, Mercedes Quesada, Jesús Monge, Alfonso Mora,
Manuel Bustamante, Pedro Madrigal, José Estrada, Rudesindo
Lobo, Vicente Campos, Ceferino Rodríguez, Ramón Salas,
Valeriano Miranda, Vicente Cruz, Dionisio Naranjo y otros.
Los ejercicios generalmente
terminaban pasadas las 10 de la mañana y algunas veces eran
amenizados por la banda municipal que dirigía Alejandro
Cardona.
La fe del pueblo de San Ramón
La primera misa que se celebró fue
bajo un árbol. Este hecho marcó el espíritu religioso tan
inalterable de los ramonenses. Cubierto su techo de
palmilera y sus paredes resguardadas con troncos gruesos,
con piso de tierra, se hizo la ermita en un lote en cual
actualmente se encuentra el Colegio Patriarca San José. Al
ser elevado San ramón al rango de Parroquia se empezó a
construir una Iglesia cuyos planos fueron elaborados en
1875.
Diez años después terminó esta
construcción y en este mismo año 1885 se adquirió en C 300
un reloj que don Julián Volio tenía en el distrito que lleva
su apellido.
El 4 de marzo de 1924 un violento
terremoto agitó los más importantes lugares, no solo en este
cantón sino en el resto de la provincia.
Esta madrugada está marcada como una
nota de sobresalto en la imaginación de todos. De resultas
del tremendo temblor los mejores edificios se vinieron abajo
y otros sumamente desplomados constituían un peligro
constante.
Como resultado de este sismo, la
iglesia, el hospital San Vicente de Paúl, la escuela y la
cárcel estaban en el suelo o gravemente dañados. La iglesia,
que era un precioso edificio de tipo colonial aparecía
resquebrajada mientras sus torres de mampostería se
inclinaban peligrosamente hacia el Sur. El Palacio
Municipal, edificio de dos pisos, amenazaba a ruina. Los
ramonenses: ancianos, mujeres, mozalbetes y niños se miraban
angustiados y sin comprender el valor del desastre pensando
“hay que hacerlo todo de nuevo”. Se nombró inmediatamente
una Junta Edificadora para quitar los Escombros de la
Iglesia y construir una nueva. Sobre las ruinas se empezó a
trabajar. La historia consigna los nombres de los primeros
de la Junta Edificadora que fueron: Cura Párroco Juan V.
Solís, Francisco Orlich Zamora, Juan Macario Valverde,
Rodolfo Gamboa, Nicolás Orlich Zamora, Juan Alfaro Vargas,
Alfredo Salazar Caballero. Los planos de la nueva Iglesia
los hizo el ingeniero José Francisco Salazar. Se pensó
entonces en que la nueva estructura de la nueva Parroquia
tenía que ser de hierro y entonces se mandó a Nicolás Orlich
a contratar la armazón del edificio a la Casa Kruppa de
Alemania. La Casa Orlich garantizó la compra por un total de
C 85.000.oo .ya para entonces los comerciantes daban parte
de sus ganancias los agricultores un porcentaje sobre sus
ganancias; los ganaderos el mejor buey; las mujeres sus
joyas y los niños lo que podían sus alcancías. De las partes
más lejanas llegaban las carretas para transportar
materiales. En largas caravanas venían las carretas trayendo
poco a poco la estructura del nuevo templo.
El circo
En la Plaza Principal había una
venta de tamales que era atendida por doña Juliana Quesada y
doña Micaela Durpan.
Sus negocios los tenían en chinamos.
En otros lados de la plaza era la venta de verduras y al
lado Sur estaban las carnicerías. Había corpulentos árboles
de higuerón y un zacatal.
Corrió la nueva de que llegaba un
circo y cuando se armó la carpa, se vio en letras grandes:
Circo Toñilavande. Esta compañía llevaba tigres, leones,
perros amaestrados y se movía en grandes carretones. Este
circo estuvo haciendo la delicia de la chiquillería durante
varias semanas.
Más tarde llegaron otros pero desde
luego ellos no tuvieron el éxito del primer circo que llegó
a San Ramón.
Expedición a San Carlos
En los primeros tiempos del San Ramón antiguo
se trató por todos los medios de encontrar comunicaciones a
través de los diferentes lugares no explorados de Alajuela.
Los señores Pío Alvarado Arrieta y
Procopio Gamboa hicieron la primera picada hacia Esparta.
En 1856 un grupo de ramonenses se ofrecieron a buscar, a
través de las selvas de San Carlos, una senda que condujera
al río San Juan a fin de estudiar el terreno para que las
fuerzas costarricenses cortaran la Vía del Tránsito por
donde Walker recibía suministros de los Estados Unidos para
las fuerzas filibusteras.
Este grupo estaba dirigido por el
Coronel Alvarado, hombre sumamente nervioso y que no
conociendo la ruta equivocó el camino yendo a dar con el
grupo de expedicionarios a un lugarejo habitado por los
indios guatusos que eran valientes y audaces y quienes
recibieron a los costarricenses a flechazos. Hubo heridos.
Luego de un camino difícil siguieron adelante arribando a
esta Villa cuyos habitantes se aprestaron a curar sus
heridas y a poner el lenitivo de su simpatía sobre estos
ignorados héroes de la gloriosa Campaña Nacional.
LLEGADA DE EXTRANJEROS
Es indudable que San Ramón recibió un
considerable impulso con la llegada de distinguidas familias
josefinas y de algunos extranjeros. Entre los que llegaron
figuran apellidos tan conocidos como: HINE, CARDONA,
GUTIERRES, RAMÍREZ, GONZÁLEZ, VILLAFRANCA Y BOLANDI.
Colegio Horacio Mann
Por los años 1880 se fundó el
Colegio Horacio Mann que empezó a funcionar en una casa
ubicada 100 metros al Sur de la Iglesia Parroquial. El señor
José Castro Bustamante fue el Director de este colegio con
algunos ayudantes como: Miguel Bolandi y el presbítero Roque
Rodrigo.
La primera Biblioteca
El 4 de julio de 1879 se fundó la
primera biblioteca pública en San Ramón. Un año después
tenía 1300 volúmenes, aumentándolos cada año con pedidos que
se hacían en Europa por un costo total de 546 pesos. Llegó
a ser una de las mejores del país en aquellos tiempos.
Al terminar el siglo
Siendo munícipes los señores: Paulino Acosta,
Carmen Solano y Bernabé Monge, se hizo un recuento de las
propiedades municipales las cuales quedaron así: Media
manzana de terreno hacia el Norte de la Plaza Principal con
un palacio de mampostería, una manzana de terreno en el
punto llamado “Cerro del Tremendal”, medio solar de tierra
donde se halla el rastro.
Había una gallera, autorizada por el
municipio y de propiedad del señor Manuel Guerrero.
Al oeste de palacio aparecían los
cimientos del cuartel sobre los cuales se edificó el rastro,
luego se hizo un nuevo rastro o galera a las orillas de
Quebrada Gata en el camino del cementerio.
Al terminar el siglo todavía
funcionaba el mercado donde hoy está el parque.
En esta época había en el cantón
15000 habitantes.
El resurgir
A los 50 años de fundación el pueblo
San Ramón había alcanzado notable desarrollo. Ya casi estaba
terminada la construcción de la parroquia: había un bello
palacio municipal, filarmonía, hospital, escuela con
edificio propio, cárcel pública y se estaba pensando en dos
cosas: en construir un quiosco para los conciertos y en la
ermita del Tremedal.
En 1902 se le concedió a San Ramón el
título de Ciudad, se terminó la construcción de la ermita
del Tremedal y se empezó a construir el mercado.
Empezaba el siglo con buenas
perspectivas: había una sociedad distinguida, excelentes
maestros y ya se perfilaba que San Ramón iba a dar a Costa
Rica tres Presidentes y dos Beneméritos de la Patria: Julio
Acosta y el Dr. Carlos Luis Valverde Vega.
Entraba San Ramón en una nueva era,
lleno de confianza para el porvenir. En 1900 la Escuela
Central tenía 16 maestros: la de San Juan 3, la de Santiago
Sur 1, la de Piedades Sur, la de San Isidro, la de Ángeles
Sur y la de San Rafael 1. El primer maestro que fungió como
tal en este último distrito fue don Alfonso Mora Rodríguez,
sobrino de don Ramón Rodríguez Solórzano.
El sueldo promedio de un maestro era
en esa época de 45 000 colones mensuales. En 1907 había un
sargento en San Ramón y dos policías y en los campos 10 que
ganaban un sueldo promedio de 30000 colones mensuales.
La Santísima Trinidad de la Parroquia
Don Alfonso Mora Rodríguez, de feliz
recordación pues fue maestro, Jefe Político y hombre de
grandes inquietudes, fue hijo de don Manuel Mora. Este
señor, muy devoto de la Santísima Trinidad, consiguió el
esfuerzo monetario de la distinguida dama doña Rosalía
Rodríguez, quien por intermedio del Dr. Mariano Figueres,
pidió a España la imagen de la Santísima Trinidad que está
en el Altar Mayor de nuestra Iglesia Parroquial. Esta
escultura costó en aquel tiempo la suma de 8000 colones.
La primera cañería
En 1905 se inauguró la primera
cañería y en 1909, el empresario norteamericano Federico
Hopkins, asociado con Nicolás Orlich instalaron la primera
planta eléctrica. Por una rara coincidencia, San Ramón y
Chicago fueron dos ciudades que tuvieron servicio eléctrico
el mismo día, el 4 de julio de 1909. Antes de eso no había
más que faroles en las calles y todo el mundo estaba
pendiente de la noticia dada por los señores Federico y
Nicolás, de que ellos, a partir del mes de julio iluminarían
a la población. Cuando eso ocurrió toda la gente se lanzó a
las calles en las cuales la Filarmonía ponía con su música
una nota de fiesta mientras se hacían bailes públicos y
atronaban las bombetas.
El por qué del nombre de San Ramón
Para los historiadores ramonenses,
ha sido motivo de interés averiguar por qué se puso el
nombre de San Ramón a este cantón. Hay dos versiones:
Una, que dos fundadores, Ramón
Rodríguez y Ramón Salas llevaban este nombre y la otra, tal
vez más aceptable, es que a toda esta zona durante la época
de la Colonia se le conocía con el nombre de Valle del
Palmar. Este lugar estaba lleno de palmas y de palmitos que
son plantas arbóreas cuyo cogollo se come en ensaladas. El
historiador Rafael Lino Paniagua asegura el nombre del Valle
del Palmar a la región comprendida desde Naranjo hasta el
Oeste. Posiblemente, los primeros pobladores relacionaron la
palma con San Ramón Nonato, por el hecho de que este Santo
lleva en la mano derecha una palma. La palma por
consiguiente llegó a ser una divisa para nuestros
antecesores
La chicha ramonense
Hace muchos años llegó a San Ramón un
colombiano, cuando éste se fue dejó una receta de una chicha
que él fabricaba. Esta fórmula fue pasando de generación en
generación conocido con el nombre de chinchibí.
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