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SAN RAMÓN

CANTÓN Nº 2 DE LA PROVINCIA DE ALAJUELA

POSICIÓN GEOGRÁFICA

Las coordenadas geográficas medias del cantón de San Ramón están dadas por 10°13'13” latitud norte  84°35'20" longitud oeste.

La anchura máxima es de sesenta y un kilómetros, en dirección noroeste y sureste, desde la desembocadura del caño Negro, en la margen sur de la laguna Arenal hasta la confluencia de las quebradas Robles y Zapote.

En importancia y situación geográfica ocupa el segundo lugar de la provincia de Alajuela.  La ciudad de San Ramón es el conglomerado más importante de la provincia después de su cabecera.

BREVE RESEÑA HISTÓRICA

En la época precolombina el territorio que actualmente corresponde al cantón de San Ramón estuvo habitado por indígenas del llamado Reino Huetar de Occidente, el que en los inicios de la conquista fueron dominios del cacique Garavito.

Los primeros colonizadores que llegaron a la región, en 1840, provenían de los presentes cantones de Belén, Alajuela y San José, principalmente; entre los cuales estaban los señores Cecilio Rodríguez, Lucas Elizondo, Pío Villalobos, Vicente Paniagua, Ramón Salas, Ramón Rodríguez, Joaquín Montoya y otros. Tres años después habían establecido un incipiente poblado, en los alrededores de la quebrada Gata, en el lugar que llamaban el valle del Palmar.

En el año de 1843 era maestro de primeras letras en el lugar, don Félix Fernández. En 1857 la municipalidad de San Ramón financió el funcionamiento de cinco escuelas. En 1880 se estableció el colegio Horacio Mann y en el mismo año se inauguró una escuela que fue destruida por el terremoto en 1924. En 1885 existían una escuela Central de Varones y otra escuela Central de Niñas. En 1889 había dos escuelas privadas. El 19 de noviembre de 1939, se inauguró un nuevo centro educativo con el nombre de escuela George Washington, en el gobierno de don León Cortés Castro. En la década de los años 40 fue creada la escuela Complementaria, que impartió lecciones hasta tercer año de segunda enseñanza. El 2 de abril de 1952 se estableció el Instituto de Educación Superior de San Ramón, que funcionó en un principio, en el edificio de la citada escuela, que actualmente se denomina instituto Julio Acosta García. En 1962 se fundó la escuela Normal de San Ramón, la cual en 1973 al crearse la Universidad Nacional, mediante Ley No. 5182 se integró a ella y dos años después al Centro Regional de Occidente, por convenio suscrito en 1974 para fundir los dos centros de enseñanza superior. La Universidad de Costa Rica empezó sus actividades docentes en 1968; en el segundo semestre de 1983 se inauguraron las nuevas instalaciones, durante la administración de don Luis Alberto Monge Álvarez; recinto que se denomina campus Universitario Carlos Monge Alfaro.

En 1844 se construyó la ermita. Durante el episcopado de monseñor don Joaquín Anselmo Llorente y Lafuente primer obispo de Costa Rica, el 2 de diciembre de 1854, se erigió la parroquia dedicada a San Ramón nonato. En 1885 se construyó una nueva iglesia, la cual fue destruida por el terremoto de 1924. El nuevo templo se edificó, con una estructura de hierro, importada de Alemania; el cual fue consagrado en 1954, por monseñor don Juan Vicente Solís Fernández, tercer obispo de la diócesis de Alajuela, de la provincia eclesiástica de Costa Rica. La parroquia es sufragánea de esta diócesis.

Mediante el decreto ejecutivo No. 12 del 1° de agosto de 1854, se erigió en pueblo, la aldea de San Ramón de los Palmares. En la administración de don Juan Rafael Mora Porras, el 21 de agosto de 1856, en Ley No. 2, se le otorgó el título de villa a la población de San Ramón de los Palmares, cabecera del nuevo cantón creado en esa oportunidad. Posteriormente, el 1 de agosto de 1902, en el gobierno de don Ascensión Esquivel Ibarra, se decretó la Ley No. 58, que le confirió a la villa, la categoría de Ciudad.

El 15 de enero de 1877, veintiún años después de creado el cantón, se llevó a cabo la primera sesión del Concejo de San Ramón integrado por los regidores propietarios,

señores Juan Vicente Acosta, presidente; Carmen Solano, vicepresidente; y Lucas Caballero. El jefe político fue don Daniel Castillo.

El primer alumbrado público de San Ramón fue de faroles de canfín colocados en julio de 1879. El alumbrado eléctrico con bombillos se instaló en 1907, en el primer gobierno de don Cleto González Víquez.

La cañería se inauguró en 19l1, en la primera administración de don Ricardo Jiménez Oreamuno.

En 1916 los vecinos de los cantones de San Ramón, Palmares, San Carlos y Alfaro Ruiz, procuraron la creación de la provincia de San Ramón. Fue así como se convocó a los vecinos de las anteriores unidades administrativas a un plebiscito, resultando favorable por 3945 votos contra 942, proyecto que no se concretó, por los acontecimientos ocurridos en enero de 1917, cuando fue derrocado don Alfredo González Flores, y asumieron el poder político los hermanos Tinoco.

El origen del nombre del cantón se remonta al establecimiento de la aldea, en la década de los cuarenta, en el siglo pasado, cuando los señores Ramón Solís y Ramón Rodríguez, con el consentimiento de sus compañeros, la pusieron bajo la protección de San Ramón, nombre que mantuvo cuando se erigió el poblado y que conservó al constituirse en cantón

DIVISIÓN TERRITORIAL ADMINISTRATIVA

Diagrama de Localización.

Creación y procedencia

En Ley  No 2 del 21 de agosto de 1856 San Ramón se erigió en cantón de la provincia de Alajuela, con dos distritos.

San Ramón procede del cantón de Alajuela, establecido este último en Ley No 36 del 7 de diciembre de 1848.

ASPECTOS FÍSICOS

Geología

El cantón de San Ramón está constituido geológicamente por materiales de los períodos Terciario y Cuaternario; siendo las rocas volcánicas del Terciario las que predominan en la región.

Del período Terciario se encuentran rocas de origen volcánico y sedimentario. Las volcánicas de la época Mioceno corresponde al grupo Aguacate y a la formación Monteverde; el grupo Aguacate, está compuesto principalmente por coladas de andesita y basalto, aglomerados, brechas y tobas, el cual constituye mayor superficie de la parte sur del cantón lo mismo que en el cerro Los Perdidos, ladera suroeste de fila Delio Herrera así como en las márgenes del curso medio del río Jamaical y sector norte del mismo, próximo al límite cantonal; la formación Monteverde está constituida por lavas y tobas andesíticas, tobas riadacíticas, cubierta por suelos lateríticos que se localiza en la zona comprendida por las fincas Cairo, Paz y el límite con las provincias de Guanacaste y Puntarenas. Las rocas sedimentarias de la época Plioceno Pleistoceno están representadas por material fluvio lacustre, los cuales se ubican al este y noreste de ciudad  de San Ramón.

Entre los materiales del período Cuaternario, se localizan rocas de origen volcánico y sedimentario; las volcánicas son de las épocas Pleistoceno y Holoceno; a la primera pertenece a lahares sin diferenciar, situados en la parte oriental del distrito Peñas Blancas, lo mismo que en el sector aledaño a los poblados Los Criques, Las Rocas y San Jorge, así como en el de colonia Palmareña y sector sur del mismo, también en el curso superior de los ríos Balsa y Cataratitas, las rocas volcánicas del Holoceno corresponden a materiales volcánicos; tales como lavas, tobas y piroclastos, situados en las cercanías de ciudad de San Ramón, así como en las proximidades del Cerro Chato. Las rocas sedimentarias de la época antes citada, están compuestas por Depósitos Fluviales y Coluviales, localizados entre las márgenes de los ríos Balsa y San Lorenzo, aguas abajo a partir de la confluencia del primero con el río Cataratas.

Geomorfología

El cantón de San Ramón presenta tres unidades geomórficas, denominadas forma de origen volcánico, de sedimentación aluvial y originada por acción intrusiva.

La unidad de origen volcánico se divide en siete subunidades llamadas lomeríos de fuerte pendiente en Sierra Minera de Tilarán cerros y valles del Aguacate, ladera baja del noreste de Sierra Minera de Tilarán, volcán Poás, cerros alrededor de la laguna del Arenal, laguna del Arenal y volcán Arenal.

La subunidad lomeríos de fuerte pendiente en Sierra Minera de Tilarán se localiza en la zona comprendida por los poblados Alto Villegas y Salvador, ladera sur del cerro Pocosol, confluencia de los ríos San Lorenzo y Jamaical y los cerros Perdidos y Centinela; la cual se caracteriza por presentar un relieve fuerte en toda su extensión, lomas con laderas de pendiente cercana a los 30° son frecuentes en toda la subunidad. Los fondos de los valles por lo general son angostos, apenas unos pocos metros más anchos que el cauce, las cimas de las lomas y cerros también suelen ser angostos pero redondeados, las zonas más elevadas, presentan el mismo tipo de relieve, pero sus formas están más redondeadas por la presencia de un mayor espesor de ceniza, que se evidencia en villa Piedades de San Ramón y en los poblados Monteverde y Jabonal. Esta subunidad está constituida por rocas como lavas basálticas y andesíticas, aglomerados, tobas e ignimbritas en una desordenada alternancia. Una cubierta de ceniza de espesor variable se extiende en la mayor parte de ella, sobre todo en las tierras altas, la mayoría de las rocas pertenecen al grupo Aguacate, pero las más redondeadas probablemente pertenezcan a la formación Monteverde; su origen se debe a la actividad volcánica, con alguna pequeña influencia de la actividad intrusiva como pequeños diques, y es muy probable que el inicio de la actividad haya sido fisural y ésta se fue tapando por los propios materiales expelidos lo que ocasionó la formación de aberturas aisladas, dando origen a cráteres centrales.

La subunidad cerros y valles del Aguacate, se ubica en la margen sur del río Barranca desde el sector al norte de villa Volio hasta el poblado Angostura, así como en el sector aledaño a los poblados Llano Brenes y Río Jesús; la cual presenta un relieve, caracterizado por valles de laderas con muy fuerte pendiente y en algunos sitios escarpados, las divisorias suelen ser angostas, en ocasiones el espacio interfluvial es ancho entre dos ríos principales, pero con un relieve demasiado ondulado, debido a la presencia de anchos valles de pequeñas quebradas, el paisaje de muchas colinas de forma cónica sugiere la existencia de viejos conos volcánicos, como el cerro Tinajita, está compuesta principalmente de rocas del tipo de las andesitas y basalto andesita, se encuentran también lavas, piroclastos, aglomerados y corrientes de lodo, brecha e ignimbritas; posteriormente a las rocas volcánicas ocurrió la intrusión de rocas de composición ácido y neutro ácido, asociado a ella se efectuó una mineralización de algunas zonas, dando origen a las vetas auríferas de la región, la acción hidrotermal, coalinizante y silicificante produjo la descomposición y transformación de algunas rocas ya existentes, esta subunidad es de origen volcánica, pero la erosión ha tomado parte en el modelado de algunas de sus formas.

La subunidad ladera Baja del Noreste de Sierra Minera de Tilarán, se localiza en la zona entre la villa San Isidro y finca Ofelia, también aledaño a los poblados San Jorge, Las Rocas y al norte del de San Lorenzo, esta subunidad se encuentra al pie de la Sierra Minera de Tilarán, donde las pendientes de las laderas son de unos 10°, los espacios interfluviales principales son amplios, más de 500 metros pero las quebradas intermedias disminuyen esta medida, las áreas con pendientes menores de 10° y suficientemente amplias, son frecuentes; esta subunidad se compone de un conjunto de lavas andesítica basálticas y con abundantes intercalaciones de lahares, su origen se debe al cúmulo provocado por las largas lavas emanadas del cerro Los Perdidos, que es un volcán viejo.

La subunidad volcán Poás, se encuentra aledaña a ciudad San Ramón y en el sector noreste y suroeste de la misma, así como en la margen del límite este del cantón, desde el poblado San Lorenzo hasta el sector al norte del poblado Alto Villegas; ésta subunidad corresponde al macizo del mismo nombre, que es el más grande del país, el cual presenta laderas con todo tipo de pendiente y en él se encuentran otros conos volcánicos poco conocidos como son los cerros Platanares, Porvenir y Viejo; en esta subunidad se encuentran todo tipo de rocas volcánicas, principalmente de composición andesítica; su forma se debe a la actividad volcánica que ha sostenido por varias centurias, donde la erosión no afecta en determinados lugares, pero su forma actual es exclusivamente el resultado del cúmulo de diferentes coladas lávicas y de piroclastos. Las subunidades cerros alrededor de la laguna del Arenal, laguna del Arenal y volcán Arenal; se sitúan, la primera en fila El Cairo y en las proximidades de la naciente de quebrada Danta, la otra al norte de finca Cairo, y la última al norte del cerro Los Perdidos.

La unidad de sedimentación aluvial, se divide en dos subunidades llamadas abanico aluvial de Santa Clara y llanura aluvial de San Carlos y el Caribe. La subunidad abanico aluvial Santa Clara se localiza en las márgenes del curso medio e inferior del río San Lorenzo, la cual se encuentra confinada por lomeríos de otras unidades, su salida se hace por medio de los ríos San Lorenzo y La Esperanza que cortan una estribación de la Sierra Minera de Tilarán, esta parte de la sierra está formada por corrientes de lodo muy meteorizadas intercaladas con lavas andesíticas y andesítico basáltico, que formaron un obstáculo contribuyendo parcialmente al relleno del abanico, la superficie del abanico está cortada por numerosos cauces de poca profundidad, quedando espacios interfluviales de unos 100 metros de ancho y de muy poca pendiente; esta subunidad se compone de rocas de origen volcánico, lava andesítica que domina en el área, aunque también hay fragmentos de basaltos. La subunidad llanura aluvial de San Carlos y el Caribe, se encuentra aledaña al poblado Trinidad y sector al norte de la misma.

La unidad originada por acción intrusiva corresponde a un pequeño sector del cantón localizado al suroeste del poblado Llano Brenes próximo al límite cantonal.

Altitudes

Las elevaciones en metros sobre el nivel medio del mar, del centro urbano de los distritos del cantón son las siguientes:

Ciudad San Ramón 1.057, Villa Santiago 1.130, Villa San Juan 1.085, Villa Piedades Norte 1.130, Villa Piedades Sur 1.013,  Villa San Rafael 1.080, Villa San Isidro 1.140, Villa Ángeles Sur 1.111

Villa Alfaro 1.120, Villa Volio 1.160, Villa Concepción 1.155, Villa San Antonio 1.033, Villa San Isidro 225.

Hidrografía

El sistema fluvial del cantón de San Ramón corresponde a las vertientes del Caribe y del Pacífico.

A la vertiente del Caribe, que corresponde a la subvertiente Norte, pertenece la cuenca del río San Carlos, la cual es drenada por el río Balsa con sus afluentes Cataratas, Cataratitas y Espino; lo mismo que el río San Lorenzo y sus tributarios San Lorencito, Jamaical, así como por el río Peñas Blancas y sus afluentes Agua Gata, Chachagua y Burro. También irrigan la zona el río Aguas Gatas y el caño Negro que desembocan en la laguna del Arenal. Estos cursos de agua nacen en el cantón, en las laderas de la Sierra Minera de Tilarán; los cuales van de sur a norte y de suroeste a noreste. Los ríos Espino, Balsa, Esperanza, Peñas Blancas, Burro, Aguas Gatas y el Caño Negro son límites cantonales; todos los ríos limitan con San Carlos, y el Caño Negro con Tilarán. Un pequeño sector de la laguna Arenal se encuentra en este cantón.

A la vertiente del Pacífico, pertenecen las cuencas de los ríos Barranca, Grande Tárcoles, Jesús María y Abangares. La primera es drenada por el río Barranca, al que se le unen los ríos La Paz, Piedras, Potrerillos, Sifón, San Pedro y Jesús; lo mismo que por el río Barranquilla con su afluente Jabonal; estos cursos de agua, excepto el río Barranca, nacen en la región, y presentan una dirección de noreste a suroeste y de noroeste a sureste. Los ríos Jabonal y Barranquilla son límites cantonales; el primero con Montes de Oro y Esparza; y el otro con este último cantón, ambos de la provincia de  Puntarenas.

La cuenca del río Grande de Tárcoles es irrigada por dos ríos con rumbos de noreste a suroeste y de suroeste a noreste; los cuales son límite con el cantón de Naranjo.

La cuenca del río Jesús María es drenada por este río y su afluente el río Agua Agria; lo mismo que por el río Machuca y sus tributarios las quebradas Calera y Robles. Estos cursos de agua nacen en la región y presentan un rumbo de norte a sur. Los ríos Jesús María, Agua Agria y la quebrada Calera, son límites cantonales, el primero con Esparza de la provincia de Puntarenas y los otros con San Mateo.

La cuenca del río Abangares es irrigada por el río Seco, el cual nace en la región y cuyas aguas van de noreste a suroeste. Este río es límite con el cantón de Montes de Oro de la provincia de Puntarenas.

REFERENCIA A MAPA BÁSICO DE COSTA RICA

Hojas del mapa básico, 1:50 000 (IGN): Fortuna, Juntas, Miramar, Naranjo, Quesada, Río Grande, San Lorenzo, Tilarán.

Hojas del Mapa 1:10 000 (IGN): Cañuela, Machuca, Montes del Aguacate, Oratorio, Rincón Mora, San Ramón, Volio.

Historias de San Ramón

Los precursores

 A principios del siglo pasado se operó en Costa Rica el desplazamiento de verdaderas comunidades cuya gente emigró de lugares ya conocidos buscando mejores terrenos para lograr fortalecer la economía familiar.

Partiendo de la época de la Colonia, los cartagineses de escasos recursos buscaron el campo habiendo este hecho dando origen a las poblaciones de San José, Heredia y Alajuela entre otras. Los primeros habitantes de san Ramón llegaron de La Ribera (actual San Antonio de Belén) y también de Alajuela. Familias entre las que no estaban conformes en el medio en que vivían abandonaron sus hogares y pasando amarguras se metieron por los trillos apenas abiertos en la selva, para establecerse en sitios que dieron nacimiento a las actuales ciudades de Grecia, Naranjo, Palmares y San Ramón.

El señor Luis Francisco Pérez, vecino de Alajuela firma un escrito para la formación de San Ramón. Él busca un lugar en el Valle el Palmar, que así se conocía, desde tiempos antiguos, el sitio donde hoy están las ciudades de San Ramón  y Palmares. El Padre Pérez denunció una finca de 35 caballerías que fue medida por el señor Enrique Cooper siendo testigos el señor Pedro Mora y el señor J. A. Cavaría. Posteriormente fue encargado el señor Pío Alvarado para levantar el plano de las tierras denunciadas. El 2 de noviembre de 1848 se pagó la suma de 800 pesos, siete reales que fue el valor total de la finca a que nos referimos. El Presbítero Pérez tuvo que abandonar el país porque era enemigo político del Dr. Castro, se trasladó a Estelí, Nicaragua y allí murió. A través de los años, esta enorme finca se dividió en pequeñas parcelas y todavía quedan descendientes que conocen los famosos terrenos del padre Pérez.

Ya por esta época se encontraban en San Ramón varias familias que se dedicaban los corpulentos árboles luchando bravamente con la Naturaleza teniendo como obstáculo importante la lejanía hacia los importantes centros de población de la época.

Nosotros no podemos tener ni siquiera una idea de las dificultades que los fundadores pasaron en estos tiempos. El 19 de enero de 1844 el presidente don José María Alfaro y su Ministro el Dr. José María Castro, emitieron el decreto N 52 para la erección de una población con el nombre de san Ramón en el sitio nombrado los “Palmares”.

A fin de lograr que gentes de otros lugares se vinieran para la naciente población, se cogían algunas matas de frijoles que se llevaban hasta Alajuela  colocándolas sobre una vara al son de música bullanguera se le daba vuelta al parque para hacer la propaganda. Así fue posible que otras familias viajando a través de las enormes selvas de la época llegaran hasta San Ramón poniendo su esfuerzo y su talento para cimentar nuestro prestigio actual. Manuel Cabezas y Pío Villalobos eran ardientes cazadores. Desde Barrio Mercedes (ahora Palmares) venían, trasponiendo las rocas basálticas que en la actualidad forman la crestería de la cima, en demanda del tepezcuintle apetitoso o del venado ligero y de sabrosa carne. Sus expediciones no se remontaban más allá del Río Grande. Más adentro de la montaña infranqueable, la bejucada intrincada, el sombrío de la selva virgen conservando quizá los últimos rumores de la huída de aquel bravo cacique, Garabito, que luego de batirse con los españoles a lanzazos y a pedrada limpia, en lo alto del Aguacate, venía con sus mujeres, cargadas de oro en polvo y canastos repletos de águilas áureas, una de las cuales conservó don Enrique Núñez de una excavación, en el distrito de San Juan.

Pues bien, un día de tantos, Cabezas y Villalobos se encontraron en la altura de las cordilleras que a modo de anillo protector rodean a esta ciudad. En el silencio de la mañanita enjoyada en fiesta, se oía solamente el repicar constante de las quebradas que sonrientes  y frescas iban a aumentar el caudal acuático del Río Machuca.  Desde aquella altura ambos exploradores contemplaron a lo lejos un enorme pastizal. Surgió la ilusión para ambos hombres. Ya tenían el pasto natural  que venían buscando: en adelante sus vacas e hartarían de hierba verde y sustanciosa...Alistaron sus morrales y acordaron ir a conocer esos terrenos. Fue una preparación en regla. Privaba en  ellos la impresión de los pastos entrevistos en las cumbres altivas y cilamposas del Aguacate. La carne gorda de monte, convenientemente salada fue el principal yantar de su almuerzo. A los señores Villalobos y Cabezas se les agregó un compañero más: José, hermano mayor de este último.

Un día, ocho años antes de 1844, abandonaron sus familias y bien provistos siguieron la picada, tantas veces recorrida en la caza del venado, traspusieron el Río Grande  y después de largas horas se internaron en el Valle donde actualmente se asiente la ciudad de San Ramón. Al reconocer el terreno, no vieron pastizal alguno; debido a la feracidad y al descanso milenario de los bosques, el carrizo había crecido tanto que trasponía los más elevados árboles de la montaña. El gran número de cañas, ondeando a merced del viento y vistos desde la altura daban la impresión de una sabana verde del pasto suculento. Sin temor a engaños, creemos que la Historia puede decir que fueron estos tres blancos los primeros que pusieron su planta de exploradores audaces en esta zona. Luego al reconocer que se trataba de simples cañas valientes por la fertilidad del suelo continuaron su marcha y tres días después estaban en las orillas del Barranca, más o menos en el sitio en donde se encontraba la planta eléctrica conocida con el nombré de Hopkins.

No fue sino hasta varios años después cuando vecinos de otros lados llegaron fundando la población como se verá más adelante.

Los primeros

Pasando fatigas sin cuento, abriendo con sus machetes, la picada entre la selva primitiva, trayendo a sus mujeres y a sus hijos a pie, llegaron los primeros pobladores que solo trataban de romper el bosque para sembrar en la tierra abonada por los siglos el  maíz y los frijoles necesarios para su alimentación. En el sitio donde hoy se encuentra la ciudad de San Ramón, se edificaron los primeros ranchos, sirviendo muchas veces de asiento los troncos de los árboles recién cortados. El señor Apolinar Rodríguez cuenta que estando él donde ahora se encuentra el parque haciendo una cabaña para que se alojara su familia y mientras estaba en su trabajo, la cerda que traía se comió la olla de maíz cocido que había dejado en las raíces de un cedro.  Contaba también todavía recuerda la quebrada que saliendo del parque continuaba hacia el Sur, pasando la avenida Julián Volio para ir a caer a las cien varas de la escuela y en quebrada Gata. En la esquina Este del Parque, donde en 1965, esta el Banco Nacional de San Ramón, la familia de don Ramón Rodríguez cortó la maraña y allí se edificó una cabaña rústica sirviendo, repetimos, como asientos los árboles recién cortados. Como no había cementerio, en esos primeros tiempos se acostumbraba colocar los cadáveres entres dos tablas que groseramente eran adelgazadas con cuchillos y luego el muerto era metido entre ambas láminas y amarrado para llevarlo hasta Atenas, en donde sí había cementerio, a enterrar. Así lo oyó de sus abuelos la señora de el señor Gerardo Artavia que es descendiente de fundadores de ese pueblo. La ciudad actual estaba rodeada de densos bosques y dada esta circunstancia el caudal acuático del Estero y de Quebrada Gata eran mayores que ahora. Se adormecía el silencio entre el amanecer de la nueva población que poco a poco se iba delineando. No había caminos, apenas un simple trillo hasta Alajuela, pero poco a poco la senda se fue ensanchando robando campo al bosque. Cuando uno revisa estos hechos de nuestros antecesores se da cuenta del enorme esfuerzo realizado por ellos para la ciudad que al cabo de cien años es motivo de orgullo para todos. Gobernaba a Costa Rica por estos tiempos el Presidente José María Castro a quien se debió fundamentalmente  la organización de este cantón.

Los ramonenses han olvidado ese hecho y en la memoria de la Historia ha quedado en segundo término la figura patricia del Dr. José María Castro Madriz, uno de los más ilustres Gobernantes de América cuya memoria es tan querida para todos.

Los primitivos habitantes de San Ramón llegaron de la provincia de Heredia, aunque vinieron también en grandes cantidades de Alajuela. Esta amalgama de heredianos y alajuelenses nos da la actual fisonomía. El ramonéense es católico como el Erídano y liberal como el alajuelense.

El barrio de San Ramón

Desde el año 1842 empezaron a llegar los primeros colonos y que dos años después ya     se    conocía    con  el   nombre   de    Barrio   San   Ramón.    Los     primeros

pobladores plantaron un árbol de Cocora para marcar uno de los extremos del recién fundado caserío. La Historia ha recogido los nombres de los que firmaron el escrito para la fundación de este cantón.

Según el historiador, Rafael Lino Paniagua, los firmantes del escrito para la fundación de este pueblo fueron los siguientes: Manuel Mora, Cecilio Rodríguez, Pío Villalobos, José María Mora, Manuel José Rodríguez, José María Vega, Gregorio Cabezas, Manuel Luna, Jesús Brenes, Joaquín Montoya, Darío Reyes, Ramón Rodríguez, José María Vásquez, Lorenzo González, José María Rodríguez, Manuel Rodríguez, Antonio Molina, Felipe Mora, Liberato Arguello, Juan Berrocal, Juan de Jesús Rodríguez, José María Brenes, José Cayetano Villalobos, Juan Rodríguez, Fabián Alvarado, Lucas Lisandro, José María Alvarado, Camiliano Rojas, José Antonio Álvarez, Sunción Ruiz, Concepción Rodríguez, Trinidad Chávez, José Maria Vargas, Manuel López, Vicente Paniagua, Aniceto Vargas, Juan Paniagua, Santiago Paniagua, Florencio Elizondo, Prudencio Méndez, Pío Villalobos.

La primera escuela

Se fundó la primera escuela dirigida por el señor Félix Fernández, el primer maestro ramonense; estaba situada en una modesta casa 300 metros al Este del Parque actual. Los niños iban a traer el agua necesaria a una fuente que por entonces corría en un bajillo hacia el Norte. Mientras tanto la vida de los primitivos pobladores transcurría en un ambiente de paz sencilla. Se acostaban temprano para levantarse antes de que saliera el sol. Les daban al vecino y al forastero lo que tenían, con mano pródiga y lista. Se rezaba en las noches con fraternidad el Rosario y después el chocolate nutritivo y sabroso. Los cubaces crecían libremente donde hoy se encuentra la Santa Iglesia que era un cerro laderoso mientras la manzana al Sur, donde hoy está la tienda La Reina era un predio rústico, rodeado de cercas de piñuela y pantanoso en su centro. A lo lejos se oía la campanita de la Iglesia de San José llamando a misa los domingos y días de guardar, en las cercanías de la Cárcel aparecía la escuelita, de tejas de barro y paredes endebles y el maestro Félix Fernández, descalzo y con palmeta dictando. Más allá, la montaña se extendía subiendo por los cerros de San Isidro  cubiertos de gigantescos árboles por entre los cuales vagaban los monos y crecían las orquídeas. El cerro del Tremedal aparecía puntiagudo, en forma de cono perfecto y cubierto totalmente de jarales, algunos de los cuales se cortaban como alimentadores del fuego.

De vez en cuando, como seres de otro planeta, venían los tilicheros vendiendo baratijas de cristal, hilos de diversos colores, y estampitas de santos.

Por aquella época la mayoría de las casas lo eran de tejas de barro, las más lujosas, pero los ranchos estaban en mayoría.

Las calles fangosas, marcadas por las huellas de las pocas carretas o las pezuñas de las vacas. Dos o tres pulperías, alumbradas con canfín unas y con candelas las más que se mantenían abiertas hasta las 5 de la tarde a lo sumo.  No había periódicos ni radios. Cuando llovía, todas las personas se iban a sus casas y allí se contaban cuentos de duendes y botijas, mientras en las brasas de la cocina se doraban las tortillas y chirreaba el queso en los cómales de barro.   

La señora Joaquina Rodríguez Solórzano, viuda de Gamboa, se estableció en San Ramón. Sumamente pobre, para ganarse la vida, fundó una escuela particular que estaba exactamente a los 275 metros al Este de la plaza principal, hoy parque Alberto M. Brenes. Se trataba de una casa de teja de barro, y de tabiques simples con dos ventanas y una puerta. Doña Joaquina tenía la cocina pegada al aula en la cual impartía sus lecciones. La preceptora, para ayudarse un poco más, vendía tortillas en el vecindario. Era entonces los años 1859, y algunos de los alumnos de esta época eran: Ceferino Rodríguez, Aquiles Acosta, Cleofás Salas y Ricardo Flores. Los padres de familia pagana a doña Joaquina, no en dinero sino en especies. Los mismos alumnos le llevaban diariamente maíz, frijoles y si mataban un cerdo en la casa, un poco de tocino para la manteca. Los alumnos escribían sobre toscas mesillas de gruesa madera, sentados en bancos sin espaldar. Se enseñaba la lectura en forma silábica y se daban lecciones de catecismo, de moral y de matemáticas. Un rústico portón daba entrada a la escuelita a través de un sendero resbaladizo a cuyos lados crecían helechos, begonias y chinas de Japón.

Entonces circulaba la onza que valía 17 pesos: y el escudo que era la octava parte. Se trataba de una linda monedita de oro, pero había otra de plata que valía un peso y tenía 8 reales. El medio real era el ADARME. No tenía entonces San Ramón más de 237 casa, la mayoría muy modesta, compuesta de sala y cocina, amén del dormitorio que casi siempre era la misma sala.

Los primeros finqueros

El barrio de San Ramón tenía un caserío que se extendía por la calle del cementerio hasta las alturas de la Cima. Este barrio, cuyo nombre ha desaparecido, se denominaba. Barrio de SAN ANSELMO. Fuera de San Ramón, los primeros finqueros se establecieron hacia el Sur dando nacimiento a un nuevo distrito: el actual SANTIAGO. Por esta época llegó a San Ramón, con otros extranjeros, un francés llamado Victor Dujardin, vino con él también un señor de apellido Von Vulgo. El francés compró una finca en el actual distrito de San Rafael, se trataba de un hombre pudiente que acostumbraba podar los cafetos para que creciera el arbusto y echara frutas grandes como guayabas. Todo esto ante la burla de los nativos que sí conocían la forma apropiada para el cultivo de la rubiácea. El señor Dujardín recogía su primitivo catalejo y por entre la selva trepaba hasta las alturas del monte del Aguacate a mirar si habían llegado los barcos de vela de su propiedad que desde el Pacífico tenían que darle vuelta por el Cabo de Hornos para dirigirse a Puntarenas. Muerto el francés fue enterrado en el humilde camposanto del pueblo y no teniendo su viuda manera de conseguir el mármol para su tumba, mandó a traer, a duras penas, una plancha de mollejón que al cabo de los tiempos fue arrancada a pedazos por los vecinos para afilar sus herramientas. En el cementerio actual en la Avenida de Palmares aún están restos de esta tumba. El alemán se afincó en las laderas de la cordillera dando origen a un nuevo caserío que es el de Berlín, puesto así por Von Vulgo. Un auténtico ramonense trepó más arriba haciendo su finca en el sitio conocido como Llano de Brenes.

Don Vital Esquivel se adentró hacia el Norte estableciendo su finca en el actual distrito de Ángeles. Mientras tanto la vida transcurría plácida y serena en el ambiente campesino del San Ramón entonces.

Don Vital Esquivel Rodríguez, ya muy anciano, contaba que él recordaba cuando a los muertos los colocaban sobre una simple tabla para irlos a enterrar.

En esa época no había quien hiciera un ataúd y el mismo don Vital narraba a su hija, la señorita Vitalina, que estando él de cerca de 10 años vio un hecho horroroso que no olvidó jamás, pues presenció como uno de los acompañantes de un cadáver, se bajó hasta el hueco machacándole la cara con sus botas. También decía que un día de tantos apareció un hombre extranjero que llevaba algunos días de fallecido y que había caído entre el bosque tupido que estaba a los alrededores del actual hospital.

La aldea

La aldea de San Ramón tomó incremento. Gobernaba entonces al Estado el benemérito don José María Alfaro, quien ante las reiteradas manifestaciones del vecindario y como premio al esfuerzo de aquellas gentes que con picos y palas de palo, estaban construyendo los primeros caminos y trasladando al mismo tiempo desde la Ribera (hoy San Antonio de Belén) a lomo de bestias y a veces a sus propias espaldas a sus hijos y a sus esposas, le dio notorio apoyo. Estos pobladores trajeron semillas de frutales, rizomas de cañas y las primeras cepas de piñuela para cercar las socolas, comidas y abonadas por el hacha y por el fuego. La vida de aquellos aldeanos transcurría pacífica y serena. Se levantaban al amanecer y cuando eran las seis de la tarde ya estaban reunidos en sus ranchos con la jícara de chocolate y a los frijoles aderezados y molidos en los cómales de barro, luego el rosario que se rezaba en compañía y mientras se hacían más densas las sombras que no podían destruir los candiles de higuerilla ni las mortecinas llamas del fuego, se retiraban todos a descansar, mientras que en invierno afuera la lluvia golpeaba haciendo más fangosas las calles y en verano polvorientas cuando soplaba el viento llevándose las hojas secas de los predios.

Exploraciones

Desde el año 1828 según narran las crónicas se hicieron diferentes exploraciones a las fuentes del Río Grande. Ya fundaba la población y veinte años más tarde, siendo cura de la ermita el padre Pablo Rojas  Medina se hicieron varias giras buscando nuevos caminos. En ellas se destacaron: Pío Villalobos y Francisco Martínez quienes al adentrarse en la selva y habiéndose agotado los alimentos tuvieron  que comerse hasta los perros, sucios y llenos de barba, llegaron al pueblo al cabo de muchos meses.

En aquella época San Ramón tenía 100 pobladores apenas. Se elevaba ya la ermita donde hoy se encuentra el Colegio Patriarca San José; ermita hecha de techo pajizo y de tabiques formados  por los troncos que en el amanecer del San Ramón se cortaban de los árboles en las cercanías. Un día de tantos diego Gamboa, Sixto Ugalde, Ascensión Mora y José Paniagua, cortaron dos árboles que amarrados con bejuco formaron una cruz para señalar el sitio en el cual se colocaría la capilla que iría a reponer el rancho pajizo que se había construido malamente hacía varios años. A saber los lugareños que el presidente Alfaro por decreto el 19 de enero de 1844 ya había dado el terreno para la nueva población, hubo fiestas en todas partes. Uno de ellos reventó una bomba que espantó a los mozotillos y calandrias refugiadas en los árboles cercanos. Hubo música en todas partes con guitarras y mandolinas y esa noche, se efectuó una fiesta en casa de Sunción Ruiz. Se habló nuevamente de la ermita y los aldeanos comisionaron al señor Ramón Rodríguez Solórzano para que marchara a San José a pedir a la Curia el permiso necesario. La solicitud fue aprobada y para que se hiciera cargo de la dirección y cuidado de la obra fue nombrado José de la Luz López quien trajo algunos carpinteros para que le ayudaran. Ellos eran: Santiago Álvarez, Pilar Sáenz, Manuel Lobo, Manuel luna, Martiliano Segura y Juan Ramón Fernández. Pero como todos los trabajadores eran pobres, habiéndose iniciado ya la obra de construcción se acordó que todos los domingos se reunieran los habitantes entre quienes se recogía el dinero necesario para pagar los jornales. La asistencia de los artesanos le correspondía una semana a cada familia, generalmente las más pudientes. Construida que fue la Iglesia se hicieron los preparativos para la bendición siendo su primer cura el Presbo., Miguel Murillo.

A la fiesta que muy concurrida asistieron otros sacerdotes, el padre Zaret y el cura de Alajuela don Ramón González. Las muchachas de la época luciendo sus mejores galas, cortaban todas las mañanas sendos ramos de heliotropos y todos los días los llevaban ante el altar de San Ramón Nonato cuya figura aparecía en un cuadro comprado en el mercado de Alajuela. Se sentía adentro olor a lechuguilla y suave aroma de flores silvestres, mientras afuera cantaban los pájaros y se oía el grito de un vaquero a la distancia.

Los poco pobladores habitaban en ranchos pajizos y muchos de ellos formaban el techo con hojas de palmera que abundaban en la región. Posiblemente por eso se le puso a Palmares su nominación. Los tabiques de estas chozas eran hechos con troncos de árboles amarrados con bejucos y en cada predio no faltaba el consabido pozo con brocales groseramente hechos encima de los cuales daba sombra un árbol cubierto de lana y en las mañanas lleno de pájaros que alegraban y ponían una nota de dulzura entre el silencio del poblado.

El primer caserío se estableció a las orillas de la Quebrada Gata. Se vendían entonces lotes de una caballería que es una medida que tiene 64 manzanas. Estas 64 manzanas valían a 8 pesos de la moneda de la época.

Luego vino un agrimensor para medir la legua para edificar la población. Esta legua era de 328 kilómetros y 710 metros aproximadamente.

Como el dulce había que irlo a traer hasta Alajuela, algunos pobladores trajeron rizomas para hacer los primeros cultivos. Al principio se machacaba la caña para sacar el jugo  pero posteriormente Lucas Elizondo y Pío Villalobos pusieron un trapiche en compañía. Las mazas eran de madera dura recogida a duras penas de los troncos lisos de los bosques cercanos.

La Ermita

Según datos proporcionados por don Ángel Villalobos Carvajal, que es un seminarista muy estudioso, manifiesta que el primer cura de San Ramón fue Manuel de los Ángeles Saborío en los años 1848-1860. Las partidas de bautizos de estos años llevan su firma, aunque a veces aparecen los nombres de los siguientes tenientes de cura: Julián Blanco, Joaquín Zeledón y José María Murillo. El señor Villalobos deduce que el primer cura fue Manuel de los Ángeles Saborío y no José María Murillo como lo consigné en mi folleto Historia de San Ramón publicado en 1943.

Y para ser más firme su opinión me aduce que en los libros parroquiales aparece firmando siempre como cura el señor Saborío. Por consiguiente es posible que los bautizos los celebraran los coadjutores Blanco Zeledón y por último Miguel Murillo. La opinión de mi distinguido amigo el señor Villalobos Carvajal queda confirmada por otro amigo el Presbo. Don Clodoveo Hidalgo, actual cura de Alajuela quien estudió una vez conmigo todos los libros antiguos de la Parroquia de San Ramón. El mismo señor Villalobos me desmiente al opinar que no fue el padre García quien comenzó la iglesia sino el padre Ulloa que vino a sustituir al padre García. La iglesia de la que hablamos de cal y cuanto fue inaugurada en 1885 por el cura interino Manuel Hidalgo.

El cuadrante

El cuadrante de San Ramón es uno de los mejores de Costa Rica y está compuesto de calles anchas y rectas y de cuadros iguales. Todavía al hacer excavaciones se encuentran postes de piedra que marcan el sitio exacto de la mitad de la calles. Los que lograron hacer esta obra de arte fueron los señores: Florentino Alfaro, hermano del presidente, el señor Pedro Saborío y Manuel Soto. Es justo consignar al hablar de la organización de la aldea que los terceros en donde hoy están la iglesia y el parque eran un derecho de don Pío Villalobos quien los cedió generosamente a la Comunidad.

El coraje ramonense

Desde muy antes que se fundara esta población aleteó sobre ella el quetzal de la libertad. Por estos lados tuvo sus dominios Garabito que fue el último rey de los Huetares. Con una de sus princesas la preciosa india Biriteca opuso resistencia a los españoles jefeados por Caballón y ni Vázquez de Coronado pudo conseguir que se le presentara personalmente. Según se dice Garabito peleó contra los blancos durante 10 años hasta que por fin Luis González lo capturó y el cacique, quien estaba muy anciano, se sometió. Biriteca, que era una princesa india muy bella nació en el Sur de San Ramón, pero fue secuestrada por europeos  y no se supo más de ella.

El pueblo

Aniceto Vargas puso una pulpería que cuidaba los sábados y los domingos: había que traerlo todo de afuera de San José y Alajuela, portando la mercadería semanalmente en sacos y alforjas de mecate.

Por esta época no había carnicerías; para procurarse la carne del consumo, algún vecino mataba algunas de sus vaquillas o el de más allá el chancho más gordo que encontraba. Luego acostumbraba regalar a las pocas familias del vecindario algo de lo que obtenía: chicharrones, manteca o algún pedazo de carne.

Fue entonces cuando se estableció la primera carnicería al público. Se trataba de una matanza que tenían los señores Francisco Segura y Javier Fernández, en una propiedad a las 75 varas al Sur del parque, en donde ahora está la tienda de don Fulvio Rodríguez. En el patio se destazaba la res suspendida de un alto árbol y en rancho improvisado, tapado con hojas de plátano, en rústico mostrador, se vendía el artículo guindando de daguillas a 0.06 colones de nuestra moneda actual. La manteca se vendía a un real y en estos tiempos 8 reales componían  un peso.

La primera amasadora de pan

La primera amasadora de pan lo fue de la señora Soledad Fernández quien vendía por un cinco dos hermosos y bien aliñados bollos de pan.

Ramón, Hermenegildo y Juan Ramón Jiménez  fueron los primeros zapateros que hubo en  San Ramón.

Más tarde don Rafael Acosta abrió un negocio bastante surtido; luego Manuel Caballero, de origen colombiano, puso una pulpería muy buena. En aquellos dorados tiempos, el parque Alberto M. Brenes era la plaza principal.  

Estaba toda enzacatada, llena de copudos higuerones. En el centro se destacaba un árbol grande de Cócora, una de cuyas estacas sirvió para marcar el centro de la naciente población. Al lado Sur estaban las ventas de carne y de verduras. Se trataba de mesas con dos palos a ambos lados y uno que los unía en la parte superior. De aquí pendía la carne. Para protegerse del sol y a veces de la lluvia el dueño clavaba cuatro palos y los unía también formando una especie de dosel cuyo techo lo constituía un pedazo de manta.

Hubo entonces vendedores de dulce que venían con sus bestias cargadas de este artículo desde Palmares, Sarchí y el Bajo de los Corrales y que ponían a la venta a la sombra de un árbol frondoso desde cuyo ramaje pendían con cordeles las tamugas para poder ser vistas de los compradores.

Un domingo, en horas de la mañana, llegó un indio llamado Cruz Guevara a ofrecer a la manera polaca, vender toda clase de mercaderías y objetos de adorno de escaso valor. Allí traía también cuadros de santos, novenas, rosarios, jabones de olor, abalorios, lápices, hojas de papel para escribir, etc... Desde luego cobraba carísimo por todo, pero en horas de la tarde ya estaba sentado en el zacatal de la plaza contando en un pañuelo de chinilla las monedas de la venta.

San Ramón estaba totalmente aislado. Simples picadas eran las que habían que comunicaban malamente con los principales centros de la población. Desde el bajo del cementerio hasta el alto de la Cima que se llamaba barrio de San Anselmo estaba el bosque tupido con una simple vereda y con un paso muy malo en donde ahora está el puente del Río Grande (La Giorgia actual).

Por todos lados rodeaban a la Aldea espesos y tupidos bosques apareciendo el cerro del Tremedal cubierto totalmente de altos matones de jaral.

Las calles enmontadas y encharcadas en invierno por donde corría el agua de los caños que los vecinos hacían para impedir que ella penetrara en sus fundos. Cercas de piñuela protegidas con troncos de jocote de los cuales pendían en épocas de cosecha las frutas jugosas y azucaradas.

En esta época (1847) no había faroles en las calles de manera que en cuanto anochecía estaba muy oscuro y apenas alumbrado por los rectángulos de luz que se escapaban  de las casas céntricas del viejo San Ramón.

No había ninguna diversión a no ser las partidas de “malilla” en alguna pulpería en cuyos mostradores lustrosos por el uso, aparecía marcado con cuchilla el infaltable “Tresillo” que se jugaba con granos de frijol o de maíz, a veces entre el dueño del negocio y el cliente ocasional.

Se organizaban fiestas de familia muy sencillas y una vez pérdida, un baile que, para aquellos tiempos era una novedad.

A las 8 de la noche, el pueblo estaba silencioso. Dormía todo el mundo en santa paz con Dios y con los hombres y solo interrumpía el silencio el paso apresurado de algún vecino trasnochador que había jugado malilla más de la cuenta o se había quedado conversando más de lo debido.

Se levanta un pueblo

En 1853 ya había más de 7000 habitantes en esta zona y un año después el 16 de mayo de 1854, se fundó la Parroquia, siendo en esta época Presidente de la República don Juan Rafael Mora. Por consiguiente en San Ramón había un partido morista bastante grande. Ramonenses, ante el llamamiento de la Patria, fueron a pelear dirigidos por el gran sacerdote Presbítero don Pedro Cambronero. La memoria del Padre Cambronero sigue siendo muy querida para los ramonenses. Cuando Mora cayó en desgracia y se efectuó el combate de la Angostura se produjo en esta ciudad un levantamiento que fue rápidamente sofocado por el Gobierno. Dionisio Jiménez era muy amigo de Frutos Mora y desde luego un gran morista. Rafael Obregón Loría en su libro “Conflictos Militares y Políticos de Costa Rica” narra así este hecho: “El 25 de diciembre de 1859, el comandante del lugar, don Rafael Zarret, manifestaba en la nota oficial N 3 que estando el pueblo de San Ramón en una constante alarma, había arrestado la noche anterior a don Toribio Zamora, don Martiliano Segura y don Juan Mora, todos comerciantes y socios de don Frutos Mora, vecino de aquel lugar y primo de don Juan Rafael Mora. Agregaba que se habían registrado varias casas siendo la última la del señor Cura en la cual vive el teniente don Juan María Quesada hermano del Padre y dos jefes de ella”. Al frente de una tropa llegó a San Ramón el General Máximo Blanco para sofocar el movimiento que tuvo fin con rapidez. El 27 de diciembre envió Blanco a San José, con dos soldados y un cabo, a los señores Ramón Zamora y Dionisio Rodríguez iniciados en la causa que se levanta en este pueblo y los cuales estaban fugados y se mandaron a capturar a las 2 de la tarde de ese día.

Los héroes ramonenses de 1856

En recuerdo de las milicias ramonenses que fueron a pelear contra los filibusteros, se ha elevado en el parque un prisma que tiene como remate uno de los cañones de 1856.

Algunos de los heridos son los siguientes: el teniente Rafael Acosta, los soldados Luis Cambronero, Joaquín Ledesma, Ascensión Huertas, Remigio Siles, Cipriano Arce, Evaristo Quesada y Vicente Arias;  el sargento Santiago Cantiliano, y es de suponer que dad la escasez de habitantes que había entonces aquí un porcentaje muy alto de coterráneos que fueron a la guerra.

Resurgir

         Don Julián Volio llegó a San Ramón cuando este pueblo estaba en sus comienzos y ya había varias industrias, pero antes de eso don Juan Rafael Mora erigió en Pueblo La Aldea de San Ramón (1854) y en 1856 el Padre de la Patria daba el título de Villa a San Ramón. Don Julián llegó a San Ramón veinte años después de la guerra, traía en sus alforjas buena cantidad de dinero que distribuyó en las industrias, la agricultura y el comercio.

        Fue minero, exploró las minas de Hervideros y allí fracasó. Empresario, fundó una finca en el distrito que lleva su nombre en donde  sembró grandes plantaciones de café y construyó una gran fábrica de muebles, dando trabajo a centenares de obreros.  Don Julián fracasó en sus empeños, llegó al pueblo con un capital y se fue sin un cinco.

Don Julián Volio

Más que material, la obra de Volio es de espíritu y se afirma al pasar los años en el corazón y en la mente de los ramonenses. Prendió la lámpara en San Ramón y en su claro resplandor, que alienta a la memoria de este Patricio, se han nutrido las generaciones que le sucedieron. Sus destellos cubrieron de raras fulguraciones  los poemas de los poetas y el sayal apostólico de los maestros de escuela que continúan su obra redentora entre los espinos y las inclemencias del camino. Allí brilla esa lámpara como votiva insignia y a su fuego mil veces sagrado, se ha aprendido a querer la Patria.

        A su regreso de Guatemala, donde fue nombrado en 1871 Ministro de Hacienda del Gobierno de Miguel García Granados, se estableció don Julián Volio en San Ramón. Fue durante 10 años personaje destacado de la política nacional y dos veces (1862-1868) candidato a la Presidencia de La República. Nació en Cartago en 1827, hijo de don José Maria Volio y de doña Juanita Llorente y La Fuente. Fue Magistrado (1858) y hombre importante del movimiento revolucionario que derrocó al Presidente Mora; Secretario de Estado; Presidente de la Cámara de Representantes, Ministro de Relaciones Exteriores, Ministro de Hacienda y Primer Designado durante la primera Administración del Doctor Castro. Falleció en 1889 dejando recuerdos perdurables porque era orador notable, político sagaz, valiente en sus opiniones, adversario terrible, buen padre de familia, buen amigo y excelente ciudadano.

San Ramón en 1857

         Bosque más o menos grandes había en los alrededores. Tan es así que don Ramón Rodríguez Solórzano edificó su casa, la antigua casa de don Federico Salas, 100 metros al Este del Parque actual, con los cedros que se cortaron en las cercanías de la actual Escuela de La Sabana. El Cerro del Tremedal era entonces un cono perfecto y eran tan gruesos  y altos los jarales que en sus laderas crecían, que la gente menesterosa iba a buscar leña allí.

        Donde está ahora el potrero de don Alberto Montes había una tupida selva cuyos árboles estaban cubiertos por la lana y en cuyas ramas se descolgaban en racimos las orquídeas.

        De la esquina del Parque hacia el Sur, al lado Este de la calle, había una hilera de naranjos y la calle que conduce a la actual Escuela Normal era nada más que un trillo con partes altas a uno y otro lado. Se mataba una res cada semana y esto se hacía en forma particular. Era tal la abundancia de maíz que la gente acostumbraba botar en los patios el que les sobraba del año anterior, porque no había campo para meter el cereal nuevo. No había faroles ni ninguna luz en las calles, que aparecían oscuras en las noches, llenas de fangos en invierno y con mucho polvo en verano. En 1860, ya había una o dos pulperías; un trapiche que estaba en las cercanías del Hospital, de un señor Calvo y ya el Consejo de Propios estaba pensando en la posibilidad de establecer faroles para dar mejor alumbrado en las calles, pues este Organismo hacia el papel de la actual Municipalidad y hasta prestaba plata a los agricultores que así lo deseaban. San Ramón ya era una Villa con su Alcaldía y se pensaba en una vía de comunicación a Esparta. Don Manuel Caballero vendía carne a razón de 26 onzas y por un real, y más, de una libra de posta por el mismo precio.

Hacia tres años que el señor Obispo Llorente y La Fuente había hecho una visita a este Pueblo encontrando en pésimas condiciones la Iglesia.

Por consiguiente el Padre Saborío regaló a la Iglesia un terreno que abundaba en muy buena tierra para construir tejas y ladrillo. Como el poblado a cada momento se iba haciendo más grande, la gente fue buscando otros medios de vida en los alrededores formándose así los distritos.

Otra escuela

            Años más tarde se hizo otra, ahora más grande. Estaba a las 50 varas al Norte de la Plaza Principal, es decir en donde están ahora los patios del Mercado. El edificio, para ponerlo al nivel de la calle, se encontraba montando sobre basas ya que el terreno estaba muy bajo. Al estar en esta forma; debajo del piso que era alto, la gente amarraba sus caballos, que traían a sus dueños desde los campos. La escuela y el terreno que la rodeaba estaban cercados de piñuela y con un simple portón de tablas con bisagras de cuero y que se abría al frente. Desde  luego todo el mundo entraba al lugar en que abundaban los matones de güitite, los árboles de jocote repletos de barba de viejo. Una chayotera tendía sus zarcillos sobre el ramaje y el terreno bajo, muy abonado soportaba dos rollizas matas de ayote cuyos frutos se endurecían al sol.

        Había dos maestros y una preceptora que les daba clases a las niñas enseñándolas a remendar, mientras les tomaba la Doctrina Cristiana y a través de la ventana abierta  podía ver a los conocidos que por la calle pasaban a caballo y le daban su saludo afectuoso.

        En los recreos los alumnos cogían para el patio a treparse a los altos árboles a arrancar de ellos los tacacos que pendían de la bejucada. Debajo de un guaba el pozo repleto de agua clara.

         Por la crianza y la educación de los muchachos se esmeraban los padres que pagaban a los maestros con comestibles o con dinero, la instrucción que todos los días les daban.

        Por esa época circulaba la onza que valía 17 pesos y el escudo que era la octava parte. Se trataba de una linda monedita de oro. Había otra de plata que valía un peso y tenía 8 reales. Al medio real se llamaba Adarme.

La Iglesia

         Por allá de los años de 1870 se iniciaron los trabajos de la Iglesia la cual, según actas municipales, sería inaugurada y bendecida en abril de 1870. La iniciación del Templo la llevó a cabo el Padre sucesor del Padre García. Este último era un hombre de gran talento y espíritu crítico que al escribir su panfleto: “El Testamento de Judas”, provocó las iras de los dirigentes de la época, viéndose obligado a abandonar su Curato. Recordamos que cuando chiquillos oíamos a los viejitos de la época recitar páginas enteras de la obra picaresca a que nos referimos.

Los héroes de 1856

         Ya dijimos, en páginas anteriores, que San Ramón prestó su contingente en la gesta de 1856 y sangre de humildes labriegos de esta zona humedeció las calles de Rivas de Nicaragua. Por consiguiente siempre hubo por aquí un gran cariño por don Juan Rafael Mora, robustecido por la permanencia de don Frutos Mora que fue Alcalde de San Ramón. Cuando don Juanito cayó en desgracia y cuando ocurrieron los sucesos de la Angostura en Puntarenas, el Gobierno de Montealegre, que no le tenía ninguna confianza a este pueblo, dio órdenes terminantes para que se persiguiera, encarcelara o si era necesario se fusilara a los Patriotas ramonenses. Se nos olvidaba decir que don Frutos, tan amigo de San Ramón y en diciembre de 1859 fueron amarrados y enviados a Alajuela los señores: Ramón Zamora y Dionisio Rodríguez y el Comandante Zarret tomó presos a Toribio Zamora, Martiliano Segura y Juan Mora que eran socios en su comercio con don Frutos. Un señor de nombre Ignacio Arancibia y que residió en San Ramón varios años fue fusilado cuando cayó Mora en Puntarenas. El recuerdo de Arancibia permanece en un lugar de Esparza aunque por acá no se le ha dado el honor que merece a este héroe nacional.

San Ramón 1865

          A los 20 años de fundada esta población ya alcanzaba notable desarrollo. Por estos tiempos ya estaban edificando algunas casas lujosas para la época, casi todas ellas ya demolidas por el progreso. Se construía la Iglesia en el lugar en que está actualmente  y se había nombrado cura  de la parroquia al Presbítero don Joaquín García Carrillo, sobrino del ex Presidente don Braulio Carrillo.

        El Presbítero García Carrillo era un hombre culto, sumamente activo, franco y muy valiente.

        Para elevar los grandes bloques de que se componían las torres de la iglesia, se hacían una especie de mecates de cuero y que se iban trenzando en la calle que hoy lleva el nombre de Julián Volio.

        Para elevar los grandes bloques de que se componían las torres de la iglesia, se hacían una especie de mecates del cuero y que se iban trenzando en la calle que hoy lleva el nombre de Julián Volio.

        Ya las escuelas habían alcanzado un notable desarrollo, había Jefatura Política servida por don Hilario Ruiz. Por esta época ya residía en San Ramón el gran Julián Volio que había sido candidato a la Presidencia.

La noche de San Bruno

         La noche del 6 de octubre de 1889 fue trágica para el pueblo de San Ramón. Rodriguistas y Esquivelistas estaban en pugna y de esta lucha fratricida no podía salir nada bueno. Desde tempranas horas de ese día se notaba movimiento inusitado en las calles y carreras van para aquí y para allá de los partidarios de ambos candidatos. Cuando llegó la noche, las noticias eran desalentadoras y se temía de un momento a otro un encuentro armado.

        En 1885 el gran Presidente Soto cometió un error.  Darle apoyo a la candidatura de Esquivel en contra de otro candidato el señor Rodríguez que estaba electo por mayoría de votos el señor Rodríguez. Por consiguiente, los partidarios de Esquivel planearon llevar a cabo una intentona revolucionaria y en la tarde del 7 de noviembre de 1889 una parte de ka policía de San José salió amotinada por las calles.

        El Lic. Bernardo Soto, uno de los hombres más eminentes de Costa Rica y un patriota insigne que la Historia ya ha juzgado colocándolo en el sitial de honor que le corresponde, actuó con legalidad entregando el poder al partido triunfante.

        Desde meses atrás en San Ramón se habían seguido con interés estos acontecimientos y aquí había decididos partidarios de los dos candidatos: Esquivel y Rodríguez.

        La noche del 6 de octubre de 1889 encontró a este pueblo dividido en dos bandos opuestos que luchaban para triunfar. La cosa empezó a las 7 de la noche cuando una muchedumbre enardecida pasó frente  al parque gritando mueras y hasta disparando revólveres al aire. Don Ignacio Merino que era Jefe Político, se encontraba jugando malilla en un billar que estaba donde hoy está la agencia Siemens...Reinaba la oscuridad en la calle y lloviznaba un poco. El señor Merino, al llamar la atención en su condición de primera autoridad fue duramente zarandeado por las turbas y varios hombres se le fueron encima y le arrancaron violentamente la barba. Se movilizó la poca policía que había entonces y luego se sucedieron en el perímetro de la población diferentes actos bochornosos. Se disparaba en las esquinas y a matar y se sucedían los pleitos a granel.

        Ya para entonces avanzaba la noche y en lugar de calmarse los ánimos éstos más bien se encolerizaban. Fue como  a las 11 de la noche que se supo un hecho que acabó derramando el enojo. Es el asesinato del ciudadano ramonense don Rufino Mora Rodríguez. La muchedumbre enardecida  comenzó a lanzar piedras  contra la casa de don Juan Vicente Acosta que a la sazón residía en la propiedad donde hoy está el negocio de don Aquileo Orlich. Era tal la furia de los partidarios y amigos del señor Mora Rodríguez que, lamentablemente la familia Acosta García se vio obligada a abandonar la ciudad para no volver jamás a ella.

        Mientras tanto el Gobierno envió apresuradamente tropas para poner orden en la población que ya estaba levantada en armas. A orillas del cementerio se situaron las unidades del ejército mientras se trataba de pactar con los insurgentes que estaban dispuestos a todo, encontrándose por otra parte muy bien armados y atrincherados en sitios especiales de San Ramón.

        El combate era inminente cuando el Presbítero don José Piñeiro y Gil de origen catalán intervino. Era el Padre Piñeiro muy querido de los ramonenses y había al mismo tiempo participado en las luchas políticas de la época. Por consiguiente su palabra cristiana logró apaciguar los ánimos y más o menos las tropas del Gobierno entraron a San Ramón por ahí de las 10 de la mañana.

        Mientras tanto el cadáver de don Rufino fue llevado entre la consternación de todos para darle cristiana sepultura en el cementerio.

        Han pasado 79 años de los acontecimientos brevemente narrados y de entonces a acá ha corrido bastante agua bajo el puente.

Historia Hospitalaria

         Antes de 1876 no había en San Ramón médico del pueblo, apenas simples curanderos. Por consiguiente este año fue nombrado como tal el Dr. José Ramón Boza, pero estuvo poco tiempo.

        Los señores don Rudesindo Lobo y don Valeriano Miranda ejercieron por este tiempo el oficio de médicos y hasta practicaron autopsias, como lo demuestra un acta municipal de febrero de 1891. En 1886 se organizó el primer hospital y para llevar a cabo esta obra humanitaria se nombró una comisión formada por los señores Manuel Hidalgo, el Presbítero Pedro Sandoval, Pedro de Urrutia, José Carvajal, Miguel Zamora y Mercedes Quesada. Por consiguiente esta fue prácticamente la Primera Junta de Caridad que hubo aquí. Se continuaron gestiones para conseguir un médico y pasaron años sin lograrlo. Dos personas, Ramón Araya y Ascensión Moncada se encargaron de la preparación de recetas a 75 centavos cada una. En el año1896 se nombró oficialmente la primera Junta de Caridad que estuvo integrada  por don Francisco Orlich Ziz, don Miguel Zamora y don Rodolfo Gamboa y se pensó en construir el hospital e un lote donado por don Chico Orlich y en donde está ahora la Escuela Normal.

        Don Jeremías Salas se interesó mucho por la creación del hospital que no había. En 1898 formaban parte de la Junta de Caridad, Ramón Salas, Alfredo Rodríguez, Concepción Valenciano, Manuel Campos y Alfonso Mora.

        Se trabajaba en un local que hacía oficio de hospital y que quedaba al frente del Colegio Patriarca San José, donde ahora están las casas del INVU. Las camas y muebles fueron prestadas por los vecinos y este centro de caridad estuvo atendido por las enfermeras doña Hermelinda Mora de Morera y la señorita Rita Campos. Al terminar el siglo fue trasladado a una casa más grande que estaba situada donde ahora está el cine Jet. Por cierto que el señor don Maurilio Lobo, conocido cariñosamente por “Manco Lobo”, contaba que allí le cortaron un brazo en el año 1904, operación que estuvo a cargo del doctor José Cabezas y su ayudante Gregorio Miranda. Mientras tanto ya se construía un hospital en debida forma en los terrenos donados por don Chico Orlich. Se inauguró en 1906.

        Al comenzar el siglo no solo ya teníamos hospital sino que hasta policía de higiene que lo era don Serafino Rodríguez; hacia el oficio de obstetricia Hermelinda Mora a quien se le pagaban 15 pesos mensuales. El hospital San Vicente de Paúl sufrió mucho deterioro cuando el terremoto del año 26. Siendo Presidente el ilustre ramonense don Julio Acosta se destinaron 20 céntimos de colon por cada litro de alcohol, aguardiente y demás licores que se vendían en San Ramón a través de la agencia de la Fábrica Nacional de Licores. Se construyó un nuevo hospital que llevó el nombre de Nicolás Orlich y, años después, ante la demanda del pueblo ramonense por tener uno moderno, la Junta de Protección Social en el año 1950 empezó a trabajar. Esta agrupación se encontraba integrada por Rodrigo Valverde, Trino Echevarria, Ernesto Caballero, Ramón Herrera, Juan Rafael Zúñiga, Jorge Mora y Teodoro Barrantes. Emprendieron gestiones para comprar un nuevo terreno para el hospital de San Ramón.

        Estos y don Teodoro Barrantes entablaron gestiones para dotar a San Ramón de un centro con todas las facilidades para dar asistencia eficiente y completa. La Junta a que nos referimos terminó sus funciones sin lograr remataren la forma en que se esperaba sus anhelos que eran los del pueblo de San Ramón. Afortunadamente las Juntas de protección que siguieron trabajaron en forma dura y sostenida y para nosotros es satisfactorio consignar al grupo de caballeros que pudieron dar remate a una obra que es de positivo beneficio.

        Entre este grupo figuran Rodrigo Valverde, Juan Rafael Zúñiga, Teodoro Barrantes, José Alpízar, Arnulfo Carmona, Alain García, Dagoberto Salas, José Valenciano, Mario Salazar, Rafael Caballero, Jorge Mora, Ernesto Caballero y Ramón Herrera.

        El hospital Dr. Carlos Luis Valverde Vega fue inaugurado el 1 de marzo de 1955: la niña Maria Elena Valverde hizo el descubrimiento del busto del Dr. Valverde, que en mármol blanco fue colocado en el vestíbulo del edificio. El costo de las construcciones, incluyendo Capilla y Comunidad, casa para el médico director, casa para enfermeras, casa de máquinas y terreno fue de 1.313,352 colones y el equipo costó 236,691 colones.

        Cuenta la Institución con todos los medios modernos para atender a los enfermos. Y tiene servicio de Rayos X, Laboratorio, Cirugía, sistemas de llamadas de enfermeras, teléfono automático con su propia central y planta eléctrica.

        Entre los médicos que han servido a San Ramón hasta la fecha están los siguientes: Mariano Zenneti, J. Ramón Boza, Valentí Ortiz, R. F. Hine, J. Moisés Castro, J. Corvetti, Sergio Carballo, Benigno Tamayo Otazo, José Cabezas, Sergio Fallas, José Tomás Masbou, etc.

Población

         San Ramón tenía en 1889 9125 habitantes distribuidos así:

Centro 1952, San Juan 1235, Santiago 682, Piedades Norte 1143, Piedades Sur 423, San Rafael 1123, San Isidro 298, Concepción 537, Santiago Norte 482, El Silencio 647, Isla Bonita 427.

La Ermita del Tremedal

         La Iglesia del Tremedal ha estado íntimamente asociada a los recuerdos más felices de todos los ramonenses. Siendo mayordomo de esta capilla Santana Orozco, trató de adornarla lo mejor posible sembrando a sus orillas las palmeras y haciendo hasta un jardín. Cuando el señor Orozco murió se abandonó el culto a la Milagrosa Virgen del Tremedal, hasta la llegada de don José Carvajal quien contó con la colaboración de las recordadas damas doña Teresa Rodríguez de Alvarado y de su hermana Juanita. De los recuerdos de chiquillos se conserva todavía la presencia de una mujer quien siempre estaba en las naves del Templo arreglando los escaños, limpiando la Sacristía, poniendo sus flores sobre el altar. Cuando un día de tantos se trajo una campana para esta Ermita, de común acuerdo los ramonenses quisieron bautizarla con el nombre de “La Juanita”. Un dolor agobió de pena a doña Teresa cuando apareció una mañana quemada la imagen de la Virgen a consecuencia de una candela que algún devoto había puesto mal, cayéndose  y provocando un incendio.  Se arregló la imagen. Al morir la señorita Rodríguez, asumió su cargo de cuidandera de la Ermita doña Trina Alfaro de Montanaro mientras el señor Manuel Retana colaboraba con ella haciendo realidad la construcción de la Casa para el sacerdote.

        En 1902 se terminó la construcción de la segunda Ermita y en esta obra trabajaron con empeño en su condición de albañiles  los señores Zacarías Salazar, Ramón Miranda y Ramón Cavaría. Cuando se estaba edificando la Parroquia, la Ermita del Tremedal fue el refugio apropiado para guardar el Santísimo Sacramente.

        La iglesia antigua que por segunda vez se había construido, estaba en tal estado que los vecinos se reunieron para construir una nueva Capilla, digna de la gloria de Dios. Los trabajos se iniciaron el 8 de enero de 1962.

        Se terminó de construir la iglesia de San José y el Padre Saborío había mandado a comprar a Europa dos campanas. Para recoger las limosnas y los donativos se había encargado al señor Hilario Madrigal. En ese momento solo existían 11 pulperías. En esta fecha se estaba haciendo el plano para construir la Parroquia frente al Parque y se estaban estudiando las posibilidades para edificar un edificio donde se alojarían las oficinas públicas. En la Plaza Principal, actual Parque de San Ramón, se daba instrucción militar todos los domingos pues en esa época Costa Rica estaban bastante militarizada. No  había luces en las calles y la oscuridad era constante y permanente. Apenas 10,000 habitantes tenían el cantón.

        La primera biblioteca pública en San Ramón llegó a contar este centro cultural 13,000 libros.

        En 1880, el señor Paulino  Acosta tenía un negocio que era un almacén, importando sus mercaderías de Europa. Cada año este señor iba a Paris o Londres y adquiría telas finas, artículos de cuero, perfumería y alhajas.

        El General Tomás Guardia hizo una visita a San Ramón, se le festejó en la biblioteca y entonces el Presidente obsequió una buena cantidad de libros prometiendo toda ayuda a esa ciudad.

Cosas del pasado

         En 1879, el señor José María Caicedo era el Inspector de Escuelas de Alajuela. Desde luego tenía jurisdicción técnica y administrativa sobre los planteles de enseñanza de la provincia. En un documento fechado el 14 de junio de 1879, el señor Caicedo formula un cuadro de los útiles que necesitaban en las escuelas públicas de San Ramón que en aquellos tiempos eran: la Escuela Central de Niñas y la de Varones. La nómina establece que la escuela de niñas necesita: un reloj, dos pizarras y la de varones: un reloj. Para las escuelas de Santiago, San Rafael, San Juan, La Prensa, San Isidro, Piedades Sur que eran las únicas que había se pide: pizarras, mesas y bancas.

        El señor Faustino Castro se dirige al Jefe Político de la Villa, Paulino Acosta y quien hacía los nombramientos a través de la Municipalidad, de los maestros solicitándole que les permitiera fundar en el barrio de San Isidro una escuela privada. El señor Castro ofrece enseñar las asignaturas que siguen: lectura, escritura, religión cristiana, moral, aritmética, etc.

        El 23 de febrero de 1881 se le transcribe a la Municipalidad de San Ramón un oficio del señor Ministro de Instrucción Pública del cual está el siguiente párrafo: “Terminantemente es la ley que exige a los que deseen ser maestros, un examen prueba, sin el cual los esfuerzos de Gobierno por hacer efectiva la educación del pueblo, quedarían expuestas a ser ilusorias, por no tener en la escuela personas que hubiesen dado garantías de desempeñar el cargo de preceptores...”

        En tal virtud cada Municipalidad está en perfecto derecho de exigir a los maestros de su jurisdicción el examen requerido como de remover aquellos que rehúsen rendirlo.

        Del propio modo, el ilustre Municipio de San Ramón que tan gustoso ha aceptado la medida propuesta por el señor Inspector para levantar la enseñanza popular de ese departamento, es digno de alabanza por la prueba que de este modo ha dado de comprender perfectamente cuanta debe ser la trascendencia de la educación del pueblo en el porvenir de Costa Rica.

        En aquellos momentos había una escuela que quedaba a los 50 metros del parque. Era un edificio montado sobre bases de guachipelín, hecho de madera, pintado de rojo. Luego en la manzana que ocupa actualmente el mercado el terreno bajaba en rampa hasta las cercanías del Estero.

        Más tarde funcionó un Liceo de Niñas, primero en la casa del señor Lucas Caballero y después en un edificio viejo que fue demolido para construir el actual cine Jet, cien metros al norte del parque. Donde está el parque era el mercado.

        En esa época no habían muchas escuelas, en el centro dos, una en Santiago que atendía don Jenaro Cardona y Valverde; la de San Pedro de don José Manuel Téllez; la escuela de Calle Lobo en Alfaro era dirigida por don Valeriano Miranda.

        En sus principios la Municipalidad de San Ramón se llamaba Junta de Propios y había denominaciones especiales para cada actividad. Las Municipalidades tenían a su cargo el arreglo de caminos, prestar dinero a los agricultores y encargarse de los asuntos de la educación.

        Por consiguiente a los maestros ellos los nombraban y los pagaban también del Fondo de Propios.

        En 1881 el señor José Manuel Téllez hizo solicitud para que se le nombrara como Director de algunas de las escuelas vacantes. El señor Téllez quedó como preceptor de la escuela de Santiago de San Ramón. En aquellos tiempos, Santiago formaba un solo distrito con Alfaro y era conocido por Santiago Norte y Santiago Sur.

         Una solicitud hecha por el señor Jenaro Cardona y Valverde para que se le nombrara como ayudante en el plantel Educacional a que nos referimos, fue denegada por no tener la edad requerida por ley.

        Por este tiempo fue nombrado Valeriano Miranda, maestro en la escuela de Santiago, en el barrio actual.

        El 11 de mayo de 1881 la Municipalidad hizo el nombramiento de la señorita Rufina González como maestra de la escuela de Santiago.

        La población se mantenía en plena oscuridad desde las seis de la tarde hasta las seis de la mañana en que empezaba a alumbrar el sol.

        En 1905 se empezaron a acarrear por el antiguo camino de San Pedro los materiales para la planta eléctrica de los señores Hopkins y Orlich. Este camino es el mismo que conduce hacia el Oeste. Esta vía de de 20 metros de ancho toma por los cerros para bajar por las orillas de la finca de don David Rodríguez.

El café de San Ramón

Existió un café cuyo descubrimiento se sitúa en los años 1871, conocido en algunas partes con los nombres de Enano, Jardinero y San Lorenzo.

        El señor Julián Volio encontró en uno de sus viajes en la región norteña el cafeto enano que crecía en las florestas del río San Lorenzo. Estaban por entonces,  colmadas de frutos las plantas y de maduración conforme a la experiencia del café, debía ocurrir en los meses de noviembre y diciembre. Cuando en diciembre llegaron los emisarios del señor Volio con las cerezas, se encontraron que la maduración estaba muy lejana todavía.

Café

Hasta marzo del año 1872 se pudo recoger las simientes que difundió el cultivo de este cafeto, en fincas y jardines para adorno. La planta es bonita y tiene el verde eléctrico del musgo de nuestras montañas. Los primeros almácigos del café San Ramón los obtuvo Volio de una finca de los señores Rodríguez en el distrito de ángeles de San ramón.

Historia de la educación ramonéense

         Desde los ya lejanos tiempos en que don Félix Fernández y la señora Joaquina Rodríguez viuda de Gamboa fundaron sus primitivos escuelitas, hasta la época actual, San Ramón ha tenido avances en la educación. En 1965 San Ramón tenía una escuela llamada Escuela Normal, un Instituto de Segunda Enseñanza, un colegio con base en bachillerato y regentado por un grupo de religiosas españolas, tres escuelas en el centro y una escuela Laboratorio, fuera de que este distrito dispone de planteles educacionales la mayoría de los cuales cubren hasta el sexto grado.

        El colegio Horacio Mann se abrió en 1880 y posteriormente es establecieron dos escuelas más de enseñanza primaria.

        En 1887, las escuelas de San Ramón eran las siguientes: San Juan, Las Piedades, San Isidro, Santiago, San Rafael, Central de Varones, Central de Niñas.

        Se le pagaba a don Eduardo Sell por alquiler de casa para el Liceo de Niñas 15 pesos y a don Ramón Zamora por el alquiler para la otra escuela 23 pesos al mes. Había otra escuela a los metros al norte del Parque pero como ya se estaba desplomando se construyó otra, hecha de cal y canto en la esquina Noroeste del Palacio, frente a la Plaza Principal. Este edificio fue totalmente destruido cuando el terremoto del año 24. En esos tiempos era Director de la Escuela de Varones, el señor David Hine y tenía un solo ayudante que  lo era bachiller el señor José Castro Bustamante. Luego hubo una escuela para párvulos que estaba frente al Colegio Patriarca San José y en el terreno que la Junta compró a don Macario Valverde. También la recordada maestra doña Carolina Rodríguez de Mirambell REGALÓ A LAS ESCUELAS UNA VALIOSA PROPIEDAD, CASI MEDIA MANZANA, FRENTE A LA Plaza Rafael Rodríguez actual. Por razones que se ignoran, hace algunos años, una Junta de Educación regaló ambas propiedades al INVU hecho que ha sido comentado con desagrado por lo que significa para las generaciones venideras.

        En el lote donado por la señora Carolina se construyó una escuela que era casi un galerón y allí trabajaban, con grandes incomodidades los maestros y los Directores que lo eran don Federico Salas y don Nautilio Acosta.

        En el lote ocupado por la Escuela de Párvulos, se fundó en el año 1927 una Escuela Complementaria que al cabo de los años entregaba a sus alumnos aprobados un Certificado que les permitiera trabajar en las escuelas primarias hasta el cuarto grado. Profesores de esta escuela lo fueron entre otros, don Nautilio Acosta, don Federico Salas, don Walter Cambronero, doña Franca de Cambronero, doña Gildita de Miranda, doña Beatriz de Caballero, don Juan Fernández, don Belarmino Soto y don Rafael Sánchez.

        La Escuela Complementaria funcionó hasta el año 1930.

        Años más tarde se fundó una nueva complementaria que dirigía don Abel Rodríguez Lobo. Profesores de ella lo fueron los señores: Bolívar Salas, Marcelino Villegas, Obdulia Zamora, Merceditas de Acosta, Trino Echavarría, Marco Tulio Castro, Gilda de Arias y Miguel Ángel Hidalgo.

        Desaparecida esta segunda escuela secundaria, dio origen al nuevo (actual) Instituto de Educación con base en bachillerato hasta que los esfuerzos de los ramonenses hicieron posible la creación de la Escuela Normal. La Escuela Jorge Washington se terminó de construir el 17 de noviembre de 1939 y costó ø441.289.95

        Se inauguró la Escuela de La Sabana que alojó a más de 250 alumnos, la Escuela Jorge Washington tenía 1500, la Escuela Maternal 123, el Instituto 800, la Escuela Normal 600 y el Colegio Patriarca San José tenía hasta 550.     

        Al cerrar se debe consignar un recuerdo a los nobles maestros ramonenses: Federico Salas, Nautilio Acosta, Félix Ángel, Josefina Mora y Juanita Lobo.

Camino de la Penitencia

         Se trataba por entonces de construir  el camino de San Ramón a San Mateo y como la gente estaba renuente  a dar su contribución, el Padre García cuando confesaba les ponía a los cristianos como penitencia 3 días de trabajo en el arreglo de la vía. Por eso es que este camino tiene el nombre de “Camino de la Penitencia”, nombre que ha persistido en el recuerdo de la gente de antaño.

Instrucción Militar

         A las 8 de la mañana de todos los domingos en la Plaza principal de esta Villa de San Ramón, se daba instrucción militar. Formaba parte del grupo: Rafael Acosta, Jesús Saborío, Juan Vicente Acosta, Ignacio Merino, Juan José Mora, Paulino Acosta, Jesús Estrada, Juan María Quesada, Ramón Rodríguez, Pioquinto Quesada, Ramón Araya, José Zamora, Mercedes Quesada, Jesús Monge, Alfonso Mora, Manuel Bustamante, Pedro Madrigal, José Estrada, Rudesindo Lobo, Vicente Campos, Ceferino Rodríguez, Ramón Salas, Valeriano Miranda, Vicente Cruz, Dionisio Naranjo y otros.

        Los ejercicios generalmente terminaban pasadas las 10 de la mañana y algunas veces eran amenizados por la banda municipal que dirigía Alejandro Cardona.

La fe del pueblo de San Ramón

        La primera misa que se celebró fue bajo un árbol. Este hecho marcó el espíritu religioso tan inalterable de los ramonenses. Cubierto su techo de palmilera y sus paredes resguardadas con troncos gruesos, con piso de tierra, se hizo la ermita en un lote en cual actualmente se encuentra el Colegio Patriarca San José. Al ser elevado San ramón al rango de Parroquia se empezó a construir una Iglesia cuyos planos fueron elaborados en 1875.

        Diez años después terminó esta construcción y en este mismo año 1885 se adquirió en C 300 un reloj que don Julián Volio tenía en el distrito que lleva su apellido.

        El 4 de marzo de 1924 un violento terremoto agitó los más importantes lugares, no solo en este cantón sino en el resto de la provincia.

        Esta madrugada está marcada como una nota de sobresalto en la imaginación de todos. De resultas del tremendo temblor los mejores edificios se vinieron abajo y otros sumamente desplomados constituían un peligro constante.

        Como resultado de este sismo, la iglesia, el hospital San Vicente de Paúl, la escuela y la cárcel estaban en el suelo o gravemente dañados. La iglesia, que era un precioso edificio de tipo colonial aparecía resquebrajada mientras sus torres de mampostería se inclinaban peligrosamente hacia el Sur. El Palacio Municipal, edificio de dos pisos, amenazaba a ruina. Los ramonenses: ancianos, mujeres, mozalbetes y niños se miraban angustiados y sin comprender el valor del desastre pensando “hay que hacerlo todo de nuevo”. Se nombró inmediatamente una Junta Edificadora para quitar los Escombros de la Iglesia y construir una nueva. Sobre las ruinas se empezó a trabajar. La historia consigna los nombres de los primeros de la Junta Edificadora que fueron: Cura Párroco Juan V. Solís, Francisco Orlich Zamora, Juan Macario Valverde, Rodolfo Gamboa, Nicolás Orlich Zamora, Juan Alfaro Vargas, Alfredo Salazar Caballero. Los planos de la nueva Iglesia los hizo el ingeniero José Francisco Salazar. Se pensó entonces en que la nueva estructura de la nueva Parroquia tenía que ser de hierro y entonces se mandó a Nicolás Orlich a contratar la armazón del edificio a la Casa Kruppa de Alemania. La Casa Orlich garantizó la compra por un total de C 85.000.oo .ya para entonces los comerciantes daban parte de sus ganancias los agricultores un porcentaje sobre sus ganancias; los ganaderos el mejor buey; las mujeres sus joyas y los niños lo que podían sus alcancías. De las partes más lejanas llegaban las carretas para transportar materiales. En largas caravanas venían las carretas trayendo poco a poco la estructura del nuevo templo.

El circo

         En la Plaza Principal había una venta de tamales que era atendida por doña Juliana Quesada y doña Micaela Durpan.

        Sus negocios los tenían en chinamos. En otros lados de la plaza era la venta de verduras y al lado Sur estaban las carnicerías. Había corpulentos árboles de higuerón y un zacatal.

        Corrió la nueva de que llegaba un circo y cuando se armó la carpa, se vio en letras grandes: Circo Toñilavande. Esta compañía llevaba tigres, leones, perros amaestrados y se movía en grandes carretones. Este circo estuvo haciendo la delicia de la chiquillería durante varias semanas.

        Más tarde llegaron otros pero desde luego ellos no tuvieron el éxito del primer circo que llegó a San Ramón.

Expedición a San Carlos

En los primeros tiempos del San Ramón antiguo se trató por todos los medios de encontrar comunicaciones a través de los diferentes lugares no explorados de Alajuela.

        Los señores Pío Alvarado Arrieta y Procopio Gamboa hicieron la primera picada hacia Esparta. En  1856 un grupo de ramonenses se ofrecieron a buscar, a través de las selvas de San Carlos, una senda que condujera al río San Juan a fin de estudiar el terreno para que las fuerzas  costarricenses cortaran la Vía del Tránsito por donde Walker recibía suministros de los Estados Unidos para las fuerzas filibusteras.

        Este grupo estaba dirigido por el Coronel Alvarado, hombre sumamente nervioso y que no conociendo la ruta equivocó el camino yendo a dar con el grupo de expedicionarios a un lugarejo habitado por los indios guatusos que eran valientes y audaces y quienes recibieron a los costarricenses a flechazos. Hubo heridos. Luego de un camino difícil siguieron adelante arribando a esta Villa cuyos habitantes se aprestaron a curar sus heridas y a poner el lenitivo de su simpatía sobre estos ignorados héroes de la gloriosa Campaña Nacional.

LLEGADA DE EXTRANJEROS

Es indudable que San Ramón recibió un considerable impulso con la llegada de distinguidas familias josefinas y de algunos extranjeros. Entre los que llegaron figuran apellidos tan conocidos como: HINE, CARDONA, GUTIERRES, RAMÍREZ, GONZÁLEZ, VILLAFRANCA Y BOLANDI.

Colegio Horacio Mann

         Por los años 1880 se fundó el Colegio Horacio Mann que empezó a funcionar en una casa ubicada 100 metros al Sur de la Iglesia Parroquial. El señor José  Castro Bustamante fue el Director de este colegio con algunos ayudantes como: Miguel Bolandi y el presbítero Roque Rodrigo.

La primera Biblioteca  

         El 4 de julio de 1879 se fundó la primera biblioteca pública en San Ramón. Un año después tenía 1300 volúmenes, aumentándolos cada año con pedidos que se hacían en Europa por  un costo total de 546 pesos. Llegó a ser una de las mejores del país en aquellos tiempos.

Al terminar el siglo

         Siendo munícipes los señores: Paulino Acosta, Carmen Solano y Bernabé Monge, se hizo un recuento de las propiedades municipales las cuales quedaron así: Media manzana de terreno hacia el Norte de la Plaza Principal con un palacio de mampostería, una manzana de terreno en el punto llamado “Cerro del Tremendal”, medio solar de tierra donde se halla el rastro.

        Había una gallera, autorizada por el municipio y de propiedad del señor Manuel Guerrero.

        Al oeste de palacio aparecían los cimientos del cuartel sobre los cuales se edificó el rastro, luego se hizo un nuevo rastro o galera a las orillas de Quebrada Gata en el camino del cementerio.

        Al terminar el siglo todavía funcionaba el mercado donde hoy está el parque.

        En esta época había en el cantón 15000 habitantes.

El resurgir

         A los 50 años de fundación el pueblo San Ramón había alcanzado notable desarrollo. Ya casi estaba terminada la construcción de la parroquia: había un bello palacio municipal, filarmonía, hospital, escuela con edificio propio, cárcel pública y se estaba pensando en dos cosas: en construir un quiosco para los conciertos y en la ermita del Tremedal.

        En 1902 se le concedió a San Ramón el título de Ciudad, se terminó la construcción de la ermita del Tremedal y se empezó a construir el mercado.

        Empezaba el siglo con buenas perspectivas: había una sociedad distinguida, excelentes maestros y ya se perfilaba que San Ramón iba a dar a Costa Rica tres Presidentes y dos Beneméritos de la Patria: Julio Acosta y el Dr. Carlos Luis Valverde Vega.

        Entraba San Ramón en una nueva era, lleno de confianza para el porvenir. En 1900 la Escuela Central tenía 16 maestros: la de San Juan 3, la de Santiago Sur 1, la de Piedades Sur, la de San Isidro, la de Ángeles Sur y la de San Rafael 1. El primer maestro que fungió como tal en este último distrito fue don Alfonso Mora Rodríguez, sobrino de don Ramón Rodríguez Solórzano.

        El sueldo promedio de un maestro era en esa época de 45 000 colones mensuales. En 1907 había un sargento en San Ramón y dos policías y en los campos 10 que ganaban un sueldo promedio de 30000 colones mensuales.

La Santísima Trinidad de la Parroquia

         Don Alfonso Mora Rodríguez, de feliz recordación pues fue maestro, Jefe Político y hombre de grandes inquietudes, fue hijo de don Manuel Mora. Este señor, muy devoto de la Santísima Trinidad, consiguió el esfuerzo monetario de la distinguida dama doña Rosalía Rodríguez, quien por intermedio del Dr. Mariano Figueres, pidió a España la imagen de la Santísima Trinidad que está en el Altar Mayor de nuestra Iglesia Parroquial. Esta escultura costó en aquel tiempo la suma de 8000 colones.

La primera cañería

         En 1905 se inauguró la primera cañería y en 1909, el empresario norteamericano Federico Hopkins, asociado con Nicolás Orlich instalaron la primera planta eléctrica. Por una rara coincidencia, San Ramón y Chicago fueron dos ciudades que tuvieron servicio eléctrico el mismo día, el 4 de julio de 1909. Antes de eso no había más que faroles en las calles y todo el mundo estaba pendiente de la noticia dada por los señores Federico y Nicolás, de que ellos, a partir del mes de julio iluminarían a la población. Cuando eso ocurrió toda la gente se lanzó a las calles en las cuales la Filarmonía ponía con su música una nota de fiesta mientras se hacían bailes públicos y atronaban las bombetas.

El por qué del nombre de San Ramón

         Para los historiadores ramonenses, ha sido motivo de interés averiguar por qué se puso el nombre de San Ramón a este cantón. Hay dos versiones:

        Una, que dos fundadores, Ramón Rodríguez y Ramón Salas llevaban este nombre y la otra, tal vez más aceptable, es que a toda esta zona durante la época de la Colonia se le conocía con el nombre de Valle del Palmar. Este lugar estaba lleno de palmas y de palmitos que son plantas arbóreas cuyo cogollo se come en ensaladas. El historiador Rafael Lino Paniagua asegura el nombre del Valle del Palmar a la región comprendida desde Naranjo hasta el Oeste. Posiblemente, los primeros pobladores relacionaron la palma con San Ramón Nonato, por el hecho de que este Santo lleva en la mano derecha una palma. La palma por consiguiente llegó a ser una divisa para nuestros antecesores        

La chicha ramonense

Hace muchos años llegó a San Ramón un colombiano, cuando éste se fue dejó una receta de una chicha que él fabricaba. Esta fórmula fue pasando de generación en generación conocido con el nombre de chinchibí.

 

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