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VALLE DE CACHÍ

UJARRÁS

Ujarrás o Ujarrasi (actual Cachí) era el nombre indígena del valle donde los españoles fundaron un pueblo, dentro de la cuenca del río Ucús o Reventazón. Ujarrás significa “lugar de tierra arenosa”, y era habitado intermitentemente por el cacique Guarco.

Allí mismo –entre los años 1561 y 1569- se edificó la primera ermita construida en todo Costa Rica.

El rey español Felipe II donó la imagen de Nuestra Señora de la Candelaria o de la Purísima Concepción, que luego fue bautizada como del Rescate de Ujarrás por atribuírsele el poner en fuga a las huestes piratas de Morgan y Mansfield. Estos habían invadido nuestro litoral Caribe por Matina y penetraron hasta Turrialba, en 1666; por razones desconocidas abandonaron poco  después el país.

La ermita estuvo a cargo de franciscanos-una orden muy activa por aquellos años- quienes realizaron su labor catequizadora con 300 aborígenes repartidos en dos pueblos.

La ciudad de Paraíso se fundó luego de pestes e inundaciones que azotaron Ujarrás en los años 1664 y 1732. Los pobladores ujarraseños hallaron como sitio más seguro la parte alta del valle, de parecida altitud a Cartago.

Esta versión del traslado, sin embargo, es cuestionada en la actualidad tras la aparición de importantes documentos históricos.

Los documentos permiten inferir que, aunque los pobladores no estaban de acuerdo ni las estadísticas avalaban un anómalo índice de mortalidad en la región, los jefes políticos y las autoridades religiosas influidas por ellos fueron quienes acordaron su traslado a Paraíso.

Tras esta decisión radical estaban los intereses económicos de familias influyentes de Cartago, que tenían tierras en Ujarrás pero luego las habían alquilado o perdido a manos de los colonos.

Cuando los ujarreños fueron forzados a mudarse perdieron sus títulos de posesión, y las familias cartaginesas los reclamaron como suyos de nuevo.

El punto: las tierras de Ujarrás producían mucha caña de azúcar y aguardiente, que se comerciaban muy bien en Cartago (el aguardiente se expendía en los llamados “estanquillos”, controlados por esas familias). Al recuperar las tierras, las familias adineradas se hacían con el control total del negocio. Y contar con buen dinero era fundamental si se deseaba alcanzar diputaciones u otros puestos políticos de poder.

El traslado de la imagen de la Virgen del Rescate- y, por tanto, del pueblo mismo- se hizo en julio de 1832.

Dentro de la iglesia de la actual ciudad de Paraíso se sigue venerando la imagen de esta Virgen.

Dato interesante: uno de los defensores de los derechos indígenas ante las cortes españolas de Cádiz, y que llegó a presidente de esta instancia, fue el ilustre Florencio del Castillo. El había nacido en Ujarrás.

Gracias a la vocación e inteligencia que le caracterizaban, sus padres enviaron al joven Florencio a estudiar con monjes franciscanos en la ciudad de San José. Posteriormente prosiguió su carrera en la Universidad de León de Nicaragua, y finalmente se trasladó a México.

Su reconocido carisma como defensor de los derechos de los aborígenes resaltó su desempeño en las mismas cortes de Cádiz españolas, adonde había sido enviado como representante del Imperio Mexicano de Agustín Iturbide. Posteriormente, llegó a presidir este importante foro.

Para esos años, sin embargo, la presencia de España entre sus colonias venía disminuyendo.

Con el propósito de regular la administración de estos enclaves, el rey Felipe VII promulgó entonces la llamada Ley de Indias (1812-1813), donde se incluyeron muchas de las ideas de don Florencio acerca de los derechos de las etnias del Nuevo Mundo.

Don Florencio murió en México (1834) y sus restos fueron repatriados después a Cartago. Hoy reposan en un mausoleo del parque de Paraíso y con su nombre fue bautizada la Autopista que comunica Cartago con San José.

DESCRIPCIÓN GENERAL

Paraíso es uno de los cantones, topográficamente, más bellos del país. Desde que se acerca el visitante a la ciudad puede captar la magnificencia del paisaje; tanto en los alrededores de Paraíso, y en la ciudad misma desde la cual se pueden ver hacia el rumbo norte las faldas del Volcán Irazú, y hacia el sureste, la cordillera de Talamanca, como cuando desciende a los valles bien sea de Orosí o de Cachí, ambos en la cuenca del río Reventazón, que recoge las aguas de numerosos afluentes que bajan desde las montañas cercanas. En el primero, como ya se dijo, hay una de las poblaciones más antiguas del país; y su ubicación en medio de un ubérrimo valle, que ha sido elogiado por cronistas extranjeros con los más entusiastas adjetivos, le da la apariencia de encontrarse en un inmenso jardín. Lo mismo podría decirse de Cachí, en donde se encuentra Ujarrás. Aquí el viajero puede admirar una hermosa catarata llamada Velo de Novia y que se ve antes de comenzar el descenso. Tanto en el camino a Orosí como en el de Cachí se encuentran modernos miradores construidos a un costo muy elevado por el Instituto Costarricense de Turismo, y desde los cuales se amplifica la esplendidez de un paisaje que es, efectivamente, extraordinario. En el sector de Cachí se puede admirar la represa del mismo nombre del Instituto Costarricense de Electricidad para mover la planta hidroeléctrica ubicada en el lugar llamado el Congo; y si el viajero se dirige al río Macho, aquí puede ver la planta del mismo nombre, otra de las grandes empresas de electricidad del mencionado instituto.

La Casa del Soñador, foto de Roberto Jiménez

SITIOS DE INTERÉS TURÍSTICO

La ciudad de Paraíso resulta interesante y su iglesia, como se señaló antes, guarda la histórica imagen de Nuestra Señora del Rescate de Ujarrás; además, el mausoleo a don Florencio del Castillo. El Valle de Orosí ocupa un primer lugar en cuanto a sitios de recepción turística por la belleza incomparable del paisaje y el interés histórico de la iglesia colonial, del convento y el museo que en este edificio existe. La parte de Palomo y Purisil-Tapantí es sumamente grata; aquí existen dos balnearios; también hay otro balneario de aguas termales en el centro de Orosí.  El otro sector importante es el de Cachí, con las ruinas de Ujarrás y la gran represa del Reventazón. En  Cachí existe un paradero turístico llamado Charrara.

RUINAS DE Ujarrás

La municipalidad hacía promesas en nombre del pueblo como en 1822 cuando, debido a los terremotos del año anterior, juraron por cinco años seguidos exponer a su “Divina Majestad... todo el día con la mayor solemnidad posible” en el mes de mayo los días 7,8 y 9. También ordenaba y sufragaba los gastos de varias procesiones, entre ellas el cura Francisco Quijano en 1826 pidió, para la Semana Santa, poner una choza para la vela del Santo Sepulcro, encargando a los sectores de La Laguna, El Pedregal y Talpetate fijaran el lugar donde hacerlo.

Para organizar las actividades religiosas el cura del lugar acudía a la Municipalidad, así como para todo lo que se refiere al orden moral y religioso que se debía guardar en la población. Una de las actividades más importantes que eran celebradas en Ujarrás fue la del Corpus Christi, fiesta que contaba con su día y una octava de celebraciones, es decir, ocho días en los que se oficiaba misa y se exponía a su Majestad o sea el Santísimo, especialmente, cuando se rezaba el rosario. Para el Hábeas Christi la Municipalidad se encargaba de organizar la recolección de las limosnas, elegía quien iba a hacer los cuatro altares que se necesitaban, sufragaba la pólvora de la fiesta, citaba a la comunidad para que limpiara las calles por dónde pasaba la procesión, se preocupaba por la música, la chirimía con sus disfraces, actividad que ayuda a entender por qué Maldonado dice que la religiosidad popular es algo comunitario  y toma las calles, plazas y comunidad como escenario. Delante del Santísimo iba gente disfrazada danzando al son de la chirimía, conjunto musical que se componía de tambores y una especie de flauta, cuyo sonido era muy agudo.

La municipalidad también debía preocuparse por el decoro del culto divino en los diferentes sacramentos, la procesión del Corpus, las cuarenta horas que consistían en una oración continua día y noche, para dar gracias y también muchas veces para pedir por los excesos de las fiestas a algún santo. La autoridad se ocupaba además de velar la decencia con que se llevaba el viático, es decir, el Santísimo a los enfermos, la fiesta de la ascensión del Señor, la misa de Minerva la cual se había instaurado desde el siglo XVI para fortalecer el culto al Santísimo, de ella se derivó la costumbre de exponerlo los terceros domingos durante el día y vale decir que la costumbre se conserva en Paraíso hasta hoy, se ocupaba también de que en estas actividades hubiera música, y por eso, organizaba la recolección de limosnas para este fin y las condiciones que se le pedían al músico contratado. El velar por el culto los llevó a dar normas que trataban de impedir los abusos irrespetuosos ante el mismo. Es por eso que en 1828 declaró que: “... en vista de los desórdenes que se han reparado en este pueblo, que aún estando Nuestro Amo, expuesto en el Sacro Altar, tiene el atentado de correr a caballo, que siendo este abuso terrible perjudicial (sic) al buen orden, cuanto a los sagrados ritos de Nuestra Religión, se corte por medio de que cualquiera que se encontrase comprendido en este particular, se le exija la multa de un peso”.

Debía organizar las obras de infraestructura religiosa, desde reparar la iglesia, hasta construir una torre al lado norte, junto con una capilla para el culto al Santísimo. Todo esto permite apreciar hasta dónde llegaba la responsabilidad de la autoridad civil en el campo religioso y las diferencias actividades que en esta área realizaba la población. Difícilmente las demás actividades pudieron realizarse sin que el elemento religioso tuviera algún papel dentro de ellas.

COFRADÍAS EXISTENTES EN LA VILLA DE Ujarrás

En Ujarrás hubo tres cofradías, que eran una de las formas más comunes de expresión de la religiosidad popular. Esas tres cofradías eran de las de la Inmaculada Concepción, la de Nuestro Amo y la de las Ánimas. Las cofradías se encargaban de sostener el culto en torno a algún santo y tenían toda una organización por medio de mayordomos, diputados y otros cargos; administraban los bienes del santo, los que podían comprender dinero, objetos valiosos como vestidos, coronas, anillos entre otros. Las más poderosas tenían tierras y ganado con los que sufragaban las fiestas del santo. En el caso de las de Ujarrás, se menciona continuamente su pobreza, a tal punto que no les alcanza para pagar, por ejemplo, los gastos del Corpus Christi.

Estas cofradías recibieron un golpe muy duro por parte de la Corona a finales de la colonia, cuando mandó enajenar los bienes pertenecientes a las obras pías. La cofradía más fuerte de Ujarrás, la de la Virgen, se vio afectada por esta ley en 1805, cuestión que permite ver cómo la villa era un lugar de dónde los cartagos principales sacaban sus ganancias. En ese año se presentó como rematario el capitán Juan Manuel Alvarado con sus fiadores, el coronel del batallón Juan Francisco de Bonilla y Manuel Marchena, regidor y alcalde provincial, este último era el esposo de Francisca Nava y padre de Juan de Dios Marchena, todos con propiedades en el valle.

Los bienes de la cofradía de la Virgen, rematados en 1805, ascendían a dos mil doscientos ochenta y dos pesos y estaban situados en Bagaces, Guanacaste. El rematario los tomaba y se obligaba a pagar por año al mayordomo de la cofradía el monto de ciento catorce pesos medio real. Todo lo que el rematario ganara de más en el uso de los bienes pasaba a ser ganancia personal. La cofradía ya no podía usufructuar estos bienes a favor de la Virgen. Esta acción la afectó doblemente, porque dos años después los bienes son valorados casi a la mitad: mil cuatrocientos ochenta pesos dos reales y medio. Se nota como los bienes fueron valorados en un menor monto cada uno e indicando su desvalorización. Es decir, los bienes en manos de los rematarios, contrario a lo que pasa con los mayordomos de cofradía, se deterioraban.

IMPORTANCIA DE LA RELIGIÓN EN LA VIDA DEL PUEBLO DE Ujarrás.

Se pasa ahora a examinar el papel que jugaba la religión en la concepción de la vida de la población. La religiosidad popular tiene elementos mágicos, psicológicos, emotivos y suprarracionales que influyen en su vida cotidiana, en la visión del cosmos y por lo mismo de su entorno inmediato.

“Por la presente conjetura que tristemente nos aflige por la Divina Justicia, que irritada, nos recuerda su ira reformarnos de costumbres e invocar su protección por a manera de padre amoroso, ha dado muestras de castigarnos con terremotos, en esta atención ha deliberado esta Municipalidad, se pida una rogación para que por medio de la protectora Reina de los Ángeles, seamos guardados y precavidos. Para el efecto, se le insinúa al ciudadano cura Francisco Quijano, diga una misa a la señora nuestra Madre María Santísima del Rescate para conseguir todo bien que deseamos”.

Esta decisión de la Municipalidad de Ujarrás, dada el 3 de abril de 1826, es una buena muestra de cuál era el papel que jugaba la religión en la visión de la vida y su entorno. Por un lado, sentían inseguridad y limitación ante las desgracias naturales, por otro, las entendían como manifestación de la ira divina, la cual respetaban como justa. La manifestación de la ira divina era provocada por los pecados de la población y la forma de calmarla era ofrecer sacrificios eucarísticos y reformar las costumbres. La intermediaria, la Virgen Maria, bajo dos títulos que nos indican que la devoción a la Virgen de los Ángeles no estaba reñida con su patrona, la del Rescate, como sucedió años después del traslado. En el apartado siguiente se analizará más detalladamente el papel de la Virgen apenas insinuado aquí.

En la religiosidad popular se conjugaron visiones cristianas con visiones de la religión natural y de la indígena. Sobrevivieron las que los conquistadores querían eliminar bajo las formas de la nueva religión. El mundo siguió teniendo un sentido mágico ante el cual el hombre se sentía indefenso y necesitaba los medios religiosos para defenderse.

Esta táctica se utilizó para pedir que cesara de llover cuando era mucha el agua o pedirla cuando había sequía. Lo mismo se practicaba para terremotos, pestes y plagas. Se encomendaban a otros santos además de la Virgen. En 1829, el mediador encargado fue San Miguel Arcángel. Posiblemente a esto se deba a que en los últimos años de Ujarrás, los barrios dejaran sus nombres antiguos y por lo menos tres de ellos pasaron a tener los nombres de los Arcángeles, nombres que en algunas ocasiones también se aplicaron a los nuevos sectores en Paraíso después del traslado.

El sacerdote tenía una gran responsabilidad en el asunto, no solo por lo que la iglesia le encomendaba realizar, sino también por lo que las autoridades y la población le pedían, como sucedió en 1829 cuando la Municipalidad, ante el problema de las enfermedades, indicó que “se comunicara al padre cura a efecto de que como ministro del Altísimo se digne agotar los medios para aplacarla”.

En varias ocasiones se observa que la Municipalidad, antes de acudir a la medicina para enfrentar las enfermedades, recurrió al medio religioso para aplacarlas.

El culto a los muertos también estuvo presente en Ujarrás. Aunque fue posterior al traslado, vale mencionar un dato que quedó por escrito en 1842, cuando el párroco de Paraíso escribió al Jefe Político informándole sobre los efectos de la peste de calenturas que afectaba a la comunidad. Sobre los muertos expresó que había aconsejado a los vecinos enterrar a sus cadáveres lo más pronto posible, a las tres o cuatro horas y no velarlos. Solo los que murieran de las cuatro en adelante no, los cuales debían ser enterrados de mañanita por no haber tiempo para abrir la sepultura. Se quejaba que a pesar de estas condiciones, las cuales tenían por nada, seguían velando a los muertos por la noche y no querían hacerles caso a los alcaldes, “pues son muy caprichosos y duros de cerviz”. Este era un aspecto muy fuerte en los pueblos y difícilmente iban a dejar de velar a sus muertos a pesar de las advertencias sanitarias.

La religión cumplía un papel moralizante bastante útil a las autoridades civiles. Muchos problemas en las comunidades se trataban a través del sacerdote y más aún en aquellos pueblos en los que no existía Municipalidad. En Orosí, para 1839, ante la ausencia de sacerdote que atendiera a los feligreses, se dijo que por eso se estaban relajando sus costumbres y su laboriosidad, por lo tanto, necesitaban un cura que con su ejemplo y predicación los instruyera sacándolos del abandono en que se encontraban.

La vida de Ujarrás y posiblemente la de todos los pueblos de la época, se comprende mejor analizando su sentimiento religioso. Mediaban estas concepciones en la visión de la vida, del mundo y de la sociedad, y ejercían un gran poder para dirigirla. Era un mecanismo que ayudaba a mantener el orden y por lo mismo algo muy importante tanto para la Municipalidad como para el sacerdote. Esta misma situación permitía, que al lado de las finalidades estrictamente religiosas de la iglesia, esta también fuera usada para otros fines en el campo político y económico. Esta realidad se manifestaba más fuertemente en los momentos de dificultad como los ya mencionados o en el caso que se investiga, el traslado.

PAPEL DE LA VIRGEN DE LA LIMPIA  CONCEPCIÓN EN LA VIDA DE LOS HABITANTES DE UJARRAS

En gran parte de los pueblos de América Latina donde la religión de la mayoría es la católica, al lado del lugar que ocupa Cristo en sus vidas, se encuentra la devoción a la Virgen María y la de su Santo Patrono. En el caso de Ujarrás se unieron las dos devociones y el lugar que ocupaba su Patrona se fortaleció, más aún en los momentos de dificultades como la que relata la siguiente cita:

“que sin embargo que esta corporación ha implorado la protección de la mejor mediadora entre Dios y los hombres, María Santísima, es de creerse nuestra debilidad y escasas fuerzas no lo han conseguido, permitiéndolo así el Omnipotente, pues sigue esta epidemia aún con más acomodada fuerza. Por lo cual avivando la fe, insiste de nuevo a la alta providencia, suplicando por medio de la Sacra Virgen María, la propiciación en el particular. Para lo cual se acordó pedir una rogación general a María Santísima nuestra patrona, cuya misa se efectuará el día que designe nuestro cura párroco...”.

Así se expresaba la Municipalidad de Ujarrás en 1829, con ocasión de las enfermedades que estaban afectando a la población. Manifestaban el lugar que ocupaba en sus vidas la Virgen María, “su patrona”. ¿De dónde venía el papel tan importante que jugaba en sus vidas esta imagen?

La religión además de brindar seguridad, ayudaba a crear una identidad comunitaria, que en el fondo era otra forma de seguridad. Los pueblos tienen su santo patrono y en torno a él se desarrolla una serie de actividades que cumplen con la función anteriormente mencionada. También lo define frente a los otros pueblos. Bien dice Maldonado que la religiosidad popular toma muchas veces las características de competencia, invitaciones e intercambios, tanto al interior de la comunidad como hacia fuera. Ya esto es una respuesta al por qué la Virgen de la Inmaculada Concepción era tan importante para Ujarrás, sin olvidar la importancia del culto a la Virgen en la iglesia Católica.

Hay otra respuesta a la pregunta que tiene que ver con aspectos más particulares de esta imagen. No se debe olvidar que la religiosidad popular, según lo expresa el autor anteriormente citado, no puede reducirse únicamente a experiencias mágicas, psicológicas y vivenciales, sino que también tiene elementos históricos y sociales, además de los propios de la doctrina cristiana. Por eso, es necesario observar qué elementos en la historia de Ujarrás colaboraron para que el papel de su patrona tuviera tanta fuerza.

La imagen de la Virgen de la Inmaculada posiblemente sea de origen español debido a sus rasgos; es como se usa decir, “chapetona”. Su rostro y sus manos fueron finamente esculpidos. Su cuerpo de madera no tuvo la misma suerte. Posiblemente los religiosos solamente traían la cara y las manos por razones de comodidad por el poco espacio en los barcos que venían de España. Al llegar a América, ellos mismos fabricaban el cuerpo, ya fuera de vestir, es decir, una serie de palos que luego eran cubiertos con vestidos, o un cuerpo esculpido en madera, este es el caso de la imagen de Ujarrás.

Pronto se creó en torno a ella una leyenda para explicar su llegada a este lugar. Esta leyenda es una manifestación del papel preponderante que jugó la Virgen en sus vidas y cómo en torno a ella se fue creando no solo una identidad, sino también un amor a su tierra frente a los otros pueblos. Las leyendas son géneros literarios que utilizan las poblaciones para  transmitir un hecho a su manera. Hasta hace poco esta palabra o la palabra mito eran sinónimos de algo opuesto a la realidad. Las nuevas investigaciones expresan que, superado el absolutismo de las ciencias exactas y del racionalismo del siglo XVIII, hoy se está rescatando el papel de los mitos y leyendas como formas empleadas por el ser humano para transmitir una verdad.

Esta leyenda reforzaba sus raíces en las tierras del valle pues la Virgen, encontrada en una caja por un indígena en las playas del Atlántico, la carga sobre sus hombros con la intención de llevarla a Cartago; cuando llegó a Ujarrás y, después de descansar, al querer continuar el viaje, no se dejó levantar por más que lo intentó. Llamados los franciscanos del lugar, abrieron la caja y encontraron dentro la imagen. Se dedujo que su deseo era quedarse con ellos y que le construyeran una iglesia en el valle, cuestión que tienen en común varias imágenes de América como la Virgen de Suyapa y Nuestra Señora del Viejo en Nicaragua. Detrás de esta leyenda se encuentra una manifestación de su identidad, no sólo por la identificación con la Virgen sino también con su tierra.

Uno de los hechos que fortaleció el papel de la Patrona en la población, fue la huida de los piratas Morgan y Marsfield y sus hombres en 1666, los cuales entraron por Matina hasta Turrialba con la intención de apoderarse de la provincia de Costa Rica. Por la fama que tenían los piratas en la época eran muy temidos, pues cuando llegaban a un lugar mataban a muchas personas, a otras se las llevaban, quemaban la población y destruían cosechas. El año anterior habían invadido Granada en Nicaragua. En Costa Rica su presencia fue toda una alarma y sus habitantes se prepararon para enfrentarlos a pesar de su pobreza en armamentos. Sin saber cómo ni por qué los piratas se retiraron el 16 de abril, hecho que poco a poco se fue entendiendo como una intervención milagrosa de la Virgen de Ujarrás, haciéndola muy popular entre la población ya no sólo del valle, sino también del resto de la Provincia.

Esta realidad fue tomando cada vez más fuerza hasta el punto que en 1690, ante los efectos devastadores de una peste de viruela, los cartagos le hicieron la promesa conocida como la “misa jurada”, la cual consistía en que como los había liberado de los piratas, se comprometían a ir en romería todos los años el primer domingo de mayo a visitarla a su iglesia de Ujarrás y celebrarle una misa, cuyos gastos correrían a cargo de las autoridades cartaginesas. Según el documento, fue el pueblo el que empezó a hacer la romería y en esa fecha las autoridades la asumieron, actividad que se realizó hasta 1852, año en que fue suspendida por el obispo Llorente y La Fuente, a solicitud de la Municipalidad de Cartago debido a los desórdenes que ocurrían.

La romería fue una ocasión para que la religiosidad se expresara y se vigorizara el papel de la Virgen en la comunidad. En ella el pueblo tomaba las calles y la plaza como escenarios para manifestar sus sentimientos, creando las situaciones que Maldonado menciona como lugar de competencias y espectáculos, que fomentan las relaciones no solo religiosas sino también sociales, esta vez entre dos pueblos. Era una ocasión para la fiesta creando lazos fuertes entre las personas y conciencia de pueblo. Así la visita de los cartagos provocaba actividad en la comunidad ujarraceña. En 1821 la Municipalidad mandó publicar lo siguiente:

“que estando próximo el día dos de mayo, se oficia al Alcalde Constitucional recordando la obligación de celebrar misa solemne de armas, que se publique por bando que en dicho día deben vestir de riguroso todo vecino de esta villa sin distinción alguna”.

El elemento histórico estuvo presente en esta manifestación religiosa popular con lo de los piratas, pero sufría transformaciones de acuerdo con el peligro que se estuviera viviendo, de manera que en 1852 los piratas de 1666 fueron cambiados por los ataques que hacían los Zambos Mosquitos de la costa atlántica de Nicaragua.

Si la romería era importante para fortalecer el papel de la virgen en la comunidad, lo era aún más su fiesta el día dos de febrero, día de la Candelaria. Esta fiesta era la más fuerte y ocupaba el lugar primordial que en toda comunidad tiene la fiesta patronal, esta festividad dependía totalmente de los ujarraseños, diferente a lo que sucedía con la misa jurada que estaba a cargo de los cartagos.

Aunque Eladio Prado, en su libro sobre esta imagen, insiste en que la fiesta principal era la que motivó el hecho de los piratas, esto no fue así. Los documentos dejan entrever que la más importante y totalmente ujarraceña era el día de la Candelaria. Posiblemente, como se realizó hasta hace poco, se organizaba la fiesta con dos novenas, la primera conocida como la menor y empezaba nueve días antes; la segunda se conocía con el nombre de novena mayor y eran los nueve días después del dos de febrero. En esta ocasión, además de las actividades solemnes como la misa y la procesión, se elegían por dos años, ya fuera a la víspera o el propio día, los nuevos miembros de la cofradía de la patrona.

El papel de la Virgen se fortaleció ya que no tuvo sólo una fiesta como sucedía con los santos patronos de otros pueblos, sino tres fiestas. Además de la Candelaria y la misa jurada, también se celebraba el 8 de diciembre debido a que se le conocía bajo la advocación de la Inmaculada Concepción. Este día era muy importante, pero no desplazó la fuerza que tenía el dos de febrero.

Si la religiosidad popular se fortalece precisamente en las fiestas de los santos, la Virgen de Paraíso ocupó un lugar preponderante por todas las razones expuestas, que tenían la oportunidad de manifestarse tres veces al año. El lugar que ocupaba la patrona en las vidas de ujarraseños y paraiseños era vital. Tal vez por esta razón, fue una de las comunidades consultadas por el Vaticano en 1851 para escuchar su opinión sobre la conveniencia  o no de declarar el dogma de la Inmaculada Concepción.

La patrona de Ujarrás recibe actualmente el nombre de Virgen del Rescate. Con este nombre ya son tres los que tiene. A pesar de lo dicho por Eladio Prado, este nombre no fue tan popular en la colonia y principios de la independencia, como si lo fueron Candelaria e Inmaculada Concepción. ¿De dónde viene el nombre del Rescate y quién se lo puso?

La población de Cartago y Ujarrás le atribuyeron a ella el que los piratas abandonaran la Provincia sin lograr su cometido, sintiéndose así rescatados de sus manos. La popularización de este nombre se debe a José Hidalgo, último fraile franciscano que estuvo en Ujarrás desde 1771 hasta 1821. Este lapso de tiempo, interrumpido sólo por pequeños periodos en que otros frailes administraron la parroquia, fue bastante largo como para lograr marcar a la población. Este fraile cada vez que  mencionaba a la Virgen lo hacía con este título. Los otros curas anteriores a él cuando tenían que firmar, por ejemplo, los recibos de dinero por misas y fiestas que respaldaban las cuentas de la cofradía, utilizaban sólo los nombres de Inmaculada y Candelaria, de acuerdo con la ocasión en la que se encontraran. Hidalgo hizo todo lo contrario, eliminó estos nombres, y en las dos fiestas mencionadas siempre la llamó como la virgen del Rescate.

La fuerza de esta influencia se puede observar en el siguiente hecho. Al año siguiente de la partida de este fraile ocurrió un terremoto que dejó a la iglesia muy mal, hasta el punto que se pensó construir otra. Al final decidieron restaurarla con el dinero de la Cofradía. La parte más dañada fue la fachada, de manera que quedó “en estado de inutilidad por haberse roto (sic) toda ella”. Aprovechando su mal estado se pensó que, como el templo era pequeño y si acaso cabía en el sólo la mitad de la población, agrandarlo. Al final no se agrandó, según parece, y se restauró la fachada en dónde se escribió: “Viva Nuestra Señora del Rescate de Ujarrás”, frase que prueba lo fuerte que resultó la influencia del padre Hidalgo en este sentido.

Esta acción del padre Hidalgo muestra otra característica de la religiosidad popular que Maldonado no señala. La religiosidad popular puede recibir influencias de los dirigentes y marcarla en su contenido y sus expresiones, matizando el que sea totalmente de origen popular. Respecto al nombre, el fraile Hidalgo logró su objetivo en parte ya que la población utilizó los dos nombres de manera indistinta y por poco tiempo, debido a que después del traslado se recuperó el nombre de Candelaria plenamente. Otro personaje que intervino en la historia de Paraíso tuvo más suerte que el padre Hidalgo. Eladio Prado, en la tercera década de este siglo, logró convencer al pueblo de llamarla Virgen de la Inmaculada Concepción del Rescate de Ujarrás, cuando su nombre regular era el de Candelaria.

Otro hecho histórico que influyó en la religiosidad popular y aclara más el papel que jugaba la Virgen en Ujarrás, se dio en 1786 cuando sus habitantes pusieron pleito contra los franciscanos de Cartago por haberlos desposeído del rostro y manos de su Patrona, exponiéndola en el convento de la ciudad con otro cuerpo. Esto motivó la movilización de la población y una oportunidad más para fortalecer su identificación con la Virgen.

En la vida cotidiana de la población, la Virgen estuvo presente como alguien que les da seguridad. Las familias colocaban a los hijos bajo su protección poniéndoles el nombre de Candelaria o de Concepción y como se expuso, se recurría a ella como mediadora para pedir que cesaran las calamidades como las enfermedades de 1829, para pedir el agua en momentos de sequía, o que dejara de llover cuando eran muchas. En estas situaciones era cuando su papel dentro de la comunidad se evidenciaba con más fuerza. Fue por eso que la Municipalidad en 1826 manifestó que: “...siendo patente la ruina que amenaza por razón de la mucha influencia de agua que en estas épocas se están experimentando, inquiriendo no ser otra causa que la divina justicia irritada, no puede menos esta Corporación que acordar se pida una rogación celebrando una misa  a María Santísima para que por su medio seamos recibidos y protegidos no solamente de los arriba dicho, sino es también de la peste que igualmente nos está amenazando, adhiriéndose su Divina y Alta protección a todas nuestras necesidades, así espirituales como temporales”.

DISCURSO RELIGIOSO DEL CURA FRENTE AL TRASLADO

El cura de Ujarrás en el año del traslado era el exfranciscano Simeón Marín, oriundo de Cartago. No es objeto de esta investigación el tratar las razones que produjeron que la Orden Franciscana dejara de funcionar en el Estado, pero las autoridades civiles dijeron que no se quería depender de un poder externo y en este caso lo constituían los superiores de la orden de la Provincia franciscana de San Jorge de Nicaragua a quienes tenían que obedecer los franciscanos de Costa Rica. Otra razón fue la disminución de los miembros de la orden y la nueva situación por la cual el Estado a través del Vicario General empezó a tener una fuerte ingerencia en el nombramiento de los curas. En 1830 Simeón Marín era el padre guardián del convento y entregó el edificio al Jefe Político como representante del Gobierno. A partir de este momento pasaron a ser diocesanos.

Tal vez esto explica la actitud un poco rebelde de varios exfranciscanos a la hora de aceptar los nombramientos. En el capítulo anterior se expuso la posición de este cura frente al traslado y su deseo de no ir a Ujarrás, en parte por razones económicas. Aquí solamente se profundiza en la situación de la virgen como medio para influenciar a la población a favor del cambio de lugar.

Simeón Marín, comprendiendo el significado que tenía la Virgen para la población, escribió antes del 16 de junio de 1832 al jefe político sometiendo a su parecer la idea de llevarse la imagen a Paraíso “para estimular a que se quitaran de aquel lugar”. No se debe olvidar aquí la influencia de los curas en los pueblos y cómo el parecer de Simeón Marín fue tomado en cuenta para decidir sobre el traslado, en especial el informe donde exageró el número de muertos frente al total de nacidos. Ante la insinuación del cura, el Jefe Político le contestó negativamente “porque esta providencia sería afligir más al afligido”. El exfraile conocía bien el poder de movilización que tenía la Patrona del pueblo.

EL DISCURSO RELIGIOSO DEL GOBIERNO

La postura del gobierno en este sentido se hizo ver en dos ocasiones. La primera, antes del traslado y la segunda en el momento de emitir el Decreto.

Las autoridades tenían conciencia de la fuerza disuasiva que poseía la Virgen, y unos y otros trataron de utilizarla a su favor. La primera ocasión fue a finales de junio de 1832 cuando el Vicario General propuso la Jefe Político llevar la imagen a Cartago, para destinar el galerón que servía como ermita en Paraíso a las funciones de hospicio para los gravemente enfermos. El gobierno le contestó que tal acción: “causaría aflicción, pena y aún desesperación a los infelices vecinos en el Paraíso, porque en medio de la confusión en que los tiene la peste maligna que los devora y en circunstancias de que trasladados a su nuevo vecindario, fatigados de cansancio a que los ha llevado el inmenso trabajo para su traslación, les sería muy sensible, duro e irracional no tener en su seno el simulacro de la Virgen Sagrada a quien tributan culto y homenaje”.

El gobierno se mostró muy considerado con la población, pero podría responder más a intereses políticos que va a utilizar muy pronto, además procuraba evitar cualquier desorden en momentos, que por una parte, en la política general del Estado no eran convenientes. Por otra, porque el mismo Ujarrás ya había reclamado fuertemente cuando a finales del siglo XVIII esto se había practicado por los franciscanos del convento de Cartago, logrando que devolvieran la imagen de la Virgen a su pueblo. Debía considerar también la gran oposición que había entre la población de mudar de lugar. Tocar a la imagen habría dado base para luchar contra el traslado.

La segunda ocasión en que el gobierno utilizó el motivo religioso para lograr sus fines respecto a movilizar a Ujarrás, se dio cuando el Vice Jefe del Estado en el ejercicio del poder, Rafael Gallegos Alvarado, dirigió a la población una proclama para convencerlos de la necesidad del traslado debido a que conocía la oposición que profesaban a ese hecho. En sus palabras hizo referencia a la Virgen de la siguiente manera:

“amigos: el ejecutivo llama vuestra atención por vuestra felicidad, y persuadido por ella obraréis con presteza y sumisión. También cree que en la nueva ermita irá a tributar en el próximo mayo sus homenajes y los del pueblo a la Virgen Purísima Madre de Dios y de los hombres, vuestra Patrona, ofreciendo a sus aras celestes las más humildes preces por vuestro bien y el de vuestros hijos”.

El texto citado deja entrever cuál era la preocupación del Ejecutivo. Utilizó una forma muy diplomática para coaccionar a la población con dos medios, el de la autoridad a través de las armas y el religioso. Muestra esto cómo la religiosidad popular puede ser utilizada por los poderosos para sus propósitos, aspecto que Maldonado no toma en cuenta.

LA VIRGEN Y EL MOMENTO DEL TRASLADO

La imagen de la Virgen de Ujarrás marcó el ritmo de la ejecución del traslado. Ningún otro aspecto tuvo la misma importancia. Aunque el Decreto del traslado pedía que para ejecutarlo había que construir la iglesia y los edificios públicos, sólo se edificó el templo. Hasta que este estuvo listo, se realizó el traslado. Tan importante era la construcción del templo que cuando el Agente del Gobierno, Apolonio de Lara, propuso variar esta disposición de construir antes los edificios públicos para no atrasar el objetivo que se perseguía, no incluía en la lista de los edificios el de la iglesia. Claramente expresó que se terminaría primero la ermita, cuestión que indica una vez más la fuerza que tenía el aspecto religioso y la importancia de la Virgen de la Inmaculada Concepción.

Apolonio Lara pensó construir la iglesia con los materiales de la antigua, los de una capillita que construyeron al norte del templo y los de la casa cural. Las dimensiones del edificio eran cincuenta varas de cañón y tres varas de ancho. Sobre sus características en los siguientes años al traslado se dieron las siguientes: “la ermita sin embargo de que no está embarrada sino respaldada mitad de tabla y mitad de caña, es enteramente capaz y según su construcción puede durar largos años”. Parece que esta profecía no se cumplió, porque en 1834 se dijo que “aunque se ha hecho una ermita provisional, esta no durará un año a causa de hallarse sostenida por horcones de mala madera”. Esta visión la confirmó el Jefe Político cuando en 1835 expresó que la iglesia “no es sino un galerón, está cubierto por los costados de algunas tablas y palos, edificada sobre horcones ya podridos, a que se agrega que en el invierno se introduce el agua en ella por hallarse en declive, sin que halla valido el medio de hacer zanjas para contenerlas”.

Terminada la ermita se planeó la inmediata salida de la población, pero todo en torno a la Patrona, de manera que se prepararon para que fuera lo más solemne posible. Por eso, se le pidió al mayordomo de la Cofradía de la Virgen: “seis pesos para solemnizar la llevada de la imagen a su santuario del Paraíso”. Una de las acciones que se hicieron al respecto y que más llaman la atención fue la orden dada por la Municipalidad “a los pedáneos para que concurran con disfraces en el día de su ida”. Era usual desde la época colonial que las ceremonias religiosas fueran solemnizadas con máscaras, hecho que se unió muy bien a la costumbre indígena prehispánica de usar máscaras en las diferentes celebraciones y que es común a otras culturas en varios continentes. Desde España hasta México y Guatemala hay pruebas del uso de máscaras, por ejemplo, en el Corpus Christi. En Costa Rica también se hizo y el caso de Ujarrás es un testimonio. La actividad consistía en que los disfrazados fueran bailando delante de la imagen acompañados por la música de una chirimía, conjunto musical que estaba compuesto de unos tambores y de uno o varios tipos de flautas que producían sonidos muy agudos.

Así fue como entró la Virgen de la Inmaculada Concepción a la nueva tierra del Paraíso el día 13 de julio de 1832. La Municipalidad se refirió al asunto de la siguiente manera:

“habiendo llegado solemnemente nuestra imagen titular María Santísima del Rescate de Ujarrás a su Santuario de la Villa del Paraíso en la fecha de hoy trece, promovido sin merecerlo esta Municipalidad y sus habitantes, se ha solemnizado la llegada de esta divina Señora a extensas de la ciudad de Cartago, concurriendo los ciudadanos el Cura, el Comandante y la Municipalidad y de ahí debajo de quien merecernos y tuvimos el cierro (sic) espléndido para nuestra Madre Purísima tendrán el premio y la remuneración como poderosa”.

Momento solemne para la comunidad y a la vez dramático. Expresa muy bien sus sentimientos religiosos y la influencia que tuvo sobre ellos la imagen de la Virgen. Ella marcó el momento del traslado y la vida de la comunidad, tan cierto es que la salida de la Virgen del valle se presentó casi como una desgracia. Otra vez, la Municipalidad, tres días después, manifestó este sentir cuando dijo que “nuestro antiguo Ujarrás, habiendo quedado en miserable estado, como en efecto, por la salida de nuestra poderosa Madre María Santísima del Rescate, se continúe como hasta aquí sacando enfermos...”. La cita es bastante dramática, pero da una idea justa de lo que representaba su patrona.

Fue la salida de la Virgen del valle la que marcó la realidad del traslado. Así lo sintieron todos los involucrados en este proceso. El momento no consistió tanto en dar anotaciones sobre la cantidad de la gente que llegó, los esfuerzos que hicieron para venirse, las dificultades en cuanto al traslado de sus bienes y otras peripecias. Lo importante fue dejar testimonio de que el traslado se ejecutó porque la Patrona había llegado a su nuevo santuario en la Villa del Paraíso y la comunidad la siguió.

Finalmente, es importante hacer notar un hecho posterior al traslado que amplía la idea de lo que significó para el pueblo ser arrancado de su antigua Ujarrás, como empezaron a llamarla. Aunque Eladio Prado se empeñó en sostener que la romería de este siglo rememoraba la acción de los piratas en 1666 y por eso, había que realizarla el propio día 16 de abril, se equivocó. En primer lugar, la que se empezó a hacer por este motivo se suspendió en 1852 como ya se expuso. En segundo lugar, no supo interpretar el hecho histórico que dio origen a la romería en el siglo XX. Equivocó también los actores de la misma, ya que la antigua romería la hacían los cartagos y vecinos de otros pueblos, no los ujarraseños, quienes eran visitados.
 

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