VALLE DE CACHÍ
UJARRÁS
Ujarrás o Ujarrasi (actual Cachí) era el nombre indígena
del valle donde los españoles fundaron un pueblo, dentro
de la cuenca del río Ucús o Reventazón. Ujarrás
significa “lugar de tierra arenosa”, y era habitado
intermitentemente por el cacique Guarco.
Allí mismo –entre los años 1561 y 1569- se edificó la
primera ermita construida en todo Costa Rica.
El rey español Felipe II donó la imagen de Nuestra
Señora de la Candelaria o de la Purísima Concepción, que
luego fue bautizada como del Rescate de Ujarrás por
atribuírsele el poner en fuga a las huestes piratas de
Morgan y Mansfield. Estos habían invadido nuestro
litoral Caribe por Matina y penetraron hasta Turrialba,
en 1666; por razones desconocidas abandonaron poco
después el país.
La ermita estuvo a cargo de franciscanos-una orden muy
activa por aquellos años- quienes realizaron su labor
catequizadora con 300 aborígenes repartidos en dos
pueblos.
La ciudad de Paraíso se fundó luego de pestes e
inundaciones que azotaron Ujarrás en los años 1664 y
1732. Los pobladores ujarraseños hallaron como sitio más
seguro la parte alta del valle, de parecida altitud a
Cartago.
Esta versión del traslado, sin embargo, es cuestionada
en la actualidad tras la aparición de importantes
documentos históricos.
Los documentos permiten inferir que, aunque los
pobladores no estaban de acuerdo ni las estadísticas
avalaban un anómalo índice de mortalidad en la región,
los jefes políticos y las autoridades religiosas
influidas por ellos fueron quienes acordaron su traslado
a Paraíso.
Tras esta decisión radical estaban los intereses
económicos de familias influyentes de Cartago, que
tenían tierras en Ujarrás pero luego las habían
alquilado o perdido a manos de los colonos.
Cuando los ujarreños fueron forzados a mudarse perdieron
sus títulos de posesión, y las familias cartaginesas los
reclamaron como suyos de nuevo.
El punto: las tierras de Ujarrás producían mucha caña de
azúcar y aguardiente, que se comerciaban muy bien en
Cartago (el aguardiente se expendía en los llamados
“estanquillos”, controlados por esas familias). Al
recuperar las tierras, las familias adineradas se hacían
con el control total del negocio. Y contar con buen
dinero era fundamental si se deseaba alcanzar
diputaciones u otros puestos políticos de poder.
El traslado de la imagen de la Virgen del Rescate- y,
por tanto, del pueblo mismo- se hizo en julio de 1832.
Dentro de la iglesia de la actual ciudad de Paraíso se
sigue venerando la imagen de esta Virgen.
Dato interesante: uno de los defensores de los derechos
indígenas ante las cortes españolas de Cádiz, y que
llegó a presidente de esta instancia, fue el ilustre
Florencio del Castillo. El había nacido en Ujarrás.
Gracias a la vocación e inteligencia que le
caracterizaban, sus padres enviaron al joven Florencio a
estudiar con monjes franciscanos en la ciudad de San
José. Posteriormente prosiguió su carrera en la
Universidad de León de Nicaragua, y finalmente se
trasladó a México.
Su reconocido carisma como defensor de los derechos de
los aborígenes resaltó su desempeño en las mismas cortes
de Cádiz españolas, adonde había sido enviado como
representante del Imperio Mexicano de Agustín Iturbide.
Posteriormente, llegó a presidir este importante foro.
Para esos años, sin embargo, la presencia de España
entre sus colonias venía disminuyendo.
Con el propósito de regular la administración de estos
enclaves, el rey Felipe VII promulgó entonces la llamada
Ley de Indias (1812-1813), donde se incluyeron muchas de
las ideas de don Florencio acerca de los derechos de las
etnias del Nuevo Mundo.
Don Florencio murió en México (1834) y sus restos fueron
repatriados después a Cartago. Hoy reposan en un
mausoleo del parque de Paraíso y con su nombre fue
bautizada la Autopista que comunica Cartago con San
José.
DESCRIPCIÓN GENERAL
Paraíso es uno de los cantones, topográficamente, más
bellos del país. Desde que se acerca el visitante a la
ciudad puede captar la magnificencia del paisaje; tanto
en los alrededores de Paraíso, y en la ciudad misma
desde la cual se pueden ver hacia el rumbo norte las
faldas del Volcán Irazú, y hacia el sureste, la
cordillera de Talamanca, como cuando desciende a los
valles bien sea de Orosí o de Cachí, ambos en la cuenca
del río Reventazón, que recoge las aguas de numerosos
afluentes que bajan desde las montañas cercanas. En el
primero, como ya se dijo, hay una de las poblaciones más
antiguas del país; y su ubicación en medio de un
ubérrimo valle, que ha sido elogiado por cronistas
extranjeros con los más entusiastas adjetivos, le da la
apariencia de encontrarse en un inmenso jardín. Lo mismo
podría decirse de Cachí, en donde se encuentra Ujarrás.
Aquí el viajero puede admirar una hermosa catarata
llamada Velo de Novia y que se ve antes de comenzar el
descenso. Tanto en el camino a Orosí como en el de Cachí
se encuentran modernos miradores construidos a un costo
muy elevado por el Instituto Costarricense de Turismo, y
desde los cuales se amplifica la esplendidez de un
paisaje que es, efectivamente, extraordinario. En el
sector de Cachí se puede admirar la represa del mismo
nombre del Instituto Costarricense de Electricidad para
mover la planta hidroeléctrica ubicada en el lugar
llamado el Congo; y si el viajero se dirige al río
Macho, aquí puede ver la planta del mismo nombre, otra
de las grandes empresas de electricidad del mencionado
instituto.

La
Casa del Soñador, foto de Roberto Jiménez
SITIOS DE INTERÉS TURÍSTICO
La ciudad de Paraíso resulta interesante y su iglesia,
como se señaló antes, guarda la histórica imagen de
Nuestra Señora del Rescate de Ujarrás; además, el
mausoleo a don Florencio del Castillo. El Valle de Orosí
ocupa un primer lugar en cuanto a sitios de recepción
turística por la belleza incomparable del paisaje y el
interés histórico de la iglesia colonial, del convento y
el museo que en este edificio existe. La parte de Palomo
y Purisil-Tapantí es sumamente grata; aquí existen dos
balnearios; también hay otro balneario de aguas termales
en el centro de Orosí. El otro sector importante es el
de Cachí, con las ruinas de Ujarrás y la gran represa
del Reventazón. En Cachí existe un paradero turístico
llamado Charrara.
RUINAS DE Ujarrás
La municipalidad hacía promesas en nombre del pueblo
como en 1822 cuando, debido a los terremotos del año
anterior, juraron por cinco años seguidos exponer a su
“Divina Majestad... todo el día con la mayor solemnidad
posible” en el mes de mayo los días 7,8 y 9. También
ordenaba y sufragaba los gastos de varias procesiones,
entre ellas el cura Francisco Quijano en 1826 pidió,
para la Semana Santa, poner una choza para la vela del
Santo Sepulcro, encargando a los sectores de La Laguna,
El Pedregal y Talpetate fijaran el lugar donde hacerlo.
Para organizar las actividades religiosas el cura del
lugar acudía a la Municipalidad, así como para todo lo
que se refiere al orden moral y religioso que se debía
guardar en la población. Una de las actividades más
importantes que eran celebradas en Ujarrás fue la del
Corpus Christi, fiesta que contaba con su día y una
octava de celebraciones, es decir, ocho días en los que
se oficiaba misa y se exponía a su Majestad o sea el
Santísimo, especialmente, cuando se rezaba el rosario.
Para el Hábeas Christi la Municipalidad se encargaba de
organizar la recolección de las limosnas, elegía quien
iba a hacer los cuatro altares que se necesitaban,
sufragaba la pólvora de la fiesta, citaba a la comunidad
para que limpiara las calles por dónde pasaba la
procesión, se preocupaba por la música, la chirimía con
sus disfraces, actividad que ayuda a entender por qué
Maldonado dice que la religiosidad popular es algo
comunitario y toma las calles, plazas y comunidad como
escenario. Delante del Santísimo iba gente disfrazada
danzando al son de la chirimía, conjunto musical que se
componía de tambores y una especie de flauta, cuyo
sonido era muy agudo.
La municipalidad también debía preocuparse por el decoro
del culto divino en los diferentes sacramentos, la
procesión del Corpus, las cuarenta horas que consistían
en una oración continua día y noche, para dar gracias y
también muchas veces para pedir por los excesos de las
fiestas a algún santo. La autoridad se ocupaba además de
velar la decencia con que se llevaba el viático, es
decir, el Santísimo a los enfermos, la fiesta de la
ascensión del Señor, la misa de Minerva la cual se había
instaurado desde el siglo XVI para fortalecer el culto
al Santísimo, de ella se derivó la costumbre de
exponerlo los terceros domingos durante el día y vale
decir que la costumbre se conserva en Paraíso hasta hoy,
se ocupaba también de que en estas actividades hubiera
música, y por eso, organizaba la recolección de limosnas
para este fin y las condiciones que se le pedían al
músico contratado. El velar por el culto los llevó a dar
normas que trataban de impedir los abusos irrespetuosos
ante el mismo. Es por eso que en 1828 declaró que: “...
en vista de los desórdenes que se han reparado en este
pueblo, que aún estando Nuestro Amo, expuesto en el
Sacro Altar, tiene el atentado de correr a caballo, que
siendo este abuso terrible perjudicial (sic) al buen
orden, cuanto a los sagrados ritos de Nuestra Religión,
se corte por medio de que cualquiera que se encontrase
comprendido en este particular, se le exija la multa de
un peso”.
Debía organizar las obras de infraestructura religiosa,
desde reparar la iglesia, hasta construir una torre al
lado norte, junto con una capilla para el culto al
Santísimo. Todo esto permite apreciar hasta dónde
llegaba la responsabilidad de la autoridad civil en el
campo religioso y las diferencias actividades que en
esta área realizaba la población. Difícilmente las demás
actividades pudieron realizarse sin que el elemento
religioso tuviera algún papel dentro de ellas.
COFRADÍAS EXISTENTES EN LA VILLA DE
Ujarrás
En Ujarrás hubo tres cofradías, que eran una de las
formas más comunes de expresión de la religiosidad
popular. Esas tres cofradías eran de las de la
Inmaculada Concepción, la de Nuestro Amo y la de las
Ánimas. Las cofradías se encargaban de sostener el culto
en torno a algún santo y tenían toda una organización
por medio de mayordomos, diputados y otros cargos;
administraban los bienes del santo, los que podían
comprender dinero, objetos valiosos como vestidos,
coronas, anillos entre otros. Las más poderosas tenían
tierras y ganado con los que sufragaban las fiestas del
santo. En el caso de las de Ujarrás, se menciona
continuamente su pobreza, a tal punto que no les alcanza
para pagar, por ejemplo, los gastos del Corpus Christi.
Estas cofradías recibieron un golpe muy duro por parte
de la Corona a finales de la colonia, cuando mandó
enajenar los bienes pertenecientes a las obras pías. La
cofradía más fuerte de Ujarrás, la de la Virgen, se vio
afectada por esta ley en 1805, cuestión que permite ver
cómo la villa era un lugar de dónde los cartagos
principales sacaban sus ganancias. En ese año se
presentó como rematario el capitán Juan Manuel Alvarado
con sus fiadores, el coronel del batallón Juan Francisco
de Bonilla y Manuel Marchena, regidor y alcalde
provincial, este último era el esposo de Francisca Nava
y padre de Juan de Dios Marchena, todos con propiedades
en el valle.
Los bienes de la cofradía de la Virgen, rematados en
1805, ascendían a dos mil doscientos ochenta y dos pesos
y estaban situados en Bagaces, Guanacaste. El rematario
los tomaba y se obligaba a pagar por año al mayordomo de
la cofradía el monto de ciento catorce pesos medio real.
Todo lo que el rematario ganara de más en el uso de los
bienes pasaba a ser ganancia personal. La cofradía ya no
podía usufructuar estos bienes a favor de la Virgen.
Esta acción la afectó doblemente, porque dos años
después los bienes son valorados casi a la mitad: mil
cuatrocientos ochenta pesos dos reales y medio. Se nota
como los bienes fueron valorados en un menor monto cada
uno e indicando su desvalorización. Es decir, los bienes
en manos de los rematarios, contrario a lo que pasa con
los mayordomos de cofradía, se deterioraban.
IMPORTANCIA DE LA RELIGIÓN EN LA VIDA DEL PUEBLO DE Ujarrás.
Se pasa ahora a examinar el papel que jugaba la religión
en la concepción de la vida de la población. La
religiosidad popular tiene elementos mágicos,
psicológicos, emotivos y suprarracionales que influyen
en su vida cotidiana, en la visión del cosmos y por lo
mismo de su entorno inmediato.
“Por la presente conjetura que tristemente nos aflige
por la Divina Justicia, que irritada, nos recuerda su
ira reformarnos de costumbres e invocar su protección
por a manera de padre amoroso, ha dado muestras de
castigarnos con terremotos, en esta atención ha
deliberado esta Municipalidad, se pida una rogación para
que por medio de la protectora Reina de los Ángeles,
seamos guardados y precavidos. Para el efecto, se le
insinúa al ciudadano cura Francisco Quijano, diga una
misa a la señora nuestra Madre María Santísima del
Rescate para conseguir todo bien que deseamos”.
Esta decisión de la Municipalidad de Ujarrás, dada el 3
de abril de 1826, es una buena muestra de cuál era el
papel que jugaba la religión en la visión de la vida y
su entorno. Por un lado, sentían inseguridad y
limitación ante las desgracias naturales, por otro, las
entendían como manifestación de la ira divina, la cual
respetaban como justa. La manifestación de la ira divina
era provocada por los pecados de la población y la forma
de calmarla era ofrecer sacrificios eucarísticos y
reformar las costumbres. La intermediaria, la Virgen
Maria, bajo dos títulos que nos indican que la devoción
a la Virgen de los Ángeles no estaba reñida con su
patrona, la del Rescate, como sucedió años después del
traslado. En el apartado siguiente se analizará más
detalladamente el papel de la Virgen apenas insinuado
aquí.
En la religiosidad popular se conjugaron visiones
cristianas con visiones de la religión natural y de la
indígena. Sobrevivieron las que los conquistadores
querían eliminar bajo las formas de la nueva religión.
El mundo siguió teniendo un sentido mágico ante el cual
el hombre se sentía indefenso y necesitaba los medios
religiosos para defenderse.
Esta táctica se utilizó para pedir que cesara de llover
cuando era mucha el agua o pedirla cuando había sequía.
Lo mismo se practicaba para terremotos, pestes y plagas.
Se encomendaban a otros santos además de la Virgen. En
1829, el mediador encargado fue San Miguel Arcángel.
Posiblemente a esto se deba a que en los últimos años de
Ujarrás, los barrios dejaran sus nombres antiguos y por
lo menos tres de ellos pasaron a tener los nombres de
los Arcángeles, nombres que en algunas ocasiones también
se aplicaron a los nuevos sectores en Paraíso después
del traslado.
El sacerdote tenía una gran responsabilidad en el
asunto, no solo por lo que la iglesia le encomendaba
realizar, sino también por lo que las autoridades y la
población le pedían, como sucedió en 1829 cuando la
Municipalidad, ante el problema de las enfermedades,
indicó que “se comunicara al padre cura a efecto de que
como ministro del Altísimo se digne agotar los medios
para aplacarla”.
En varias ocasiones se observa que la Municipalidad,
antes de acudir a la medicina para enfrentar las
enfermedades, recurrió al medio religioso para
aplacarlas.
El culto a los muertos también estuvo presente en
Ujarrás. Aunque fue posterior al traslado, vale
mencionar un dato que quedó por escrito en 1842, cuando
el párroco de Paraíso escribió al Jefe Político
informándole sobre los efectos de la peste de calenturas
que afectaba a la comunidad. Sobre los muertos expresó
que había aconsejado a los vecinos enterrar a sus
cadáveres lo más pronto posible, a las tres o cuatro
horas y no velarlos. Solo los que murieran de las cuatro
en adelante no, los cuales debían ser enterrados de
mañanita por no haber tiempo para abrir la sepultura. Se
quejaba que a pesar de estas condiciones, las cuales
tenían por nada, seguían velando a los muertos por la
noche y no querían hacerles caso a los alcaldes, “pues
son muy caprichosos y duros de cerviz”. Este era un
aspecto muy fuerte en los pueblos y difícilmente iban a
dejar de velar a sus muertos a pesar de las advertencias
sanitarias.
La religión cumplía un papel moralizante bastante útil a
las autoridades civiles. Muchos problemas en las
comunidades se trataban a través del sacerdote y más aún
en aquellos pueblos en los que no existía Municipalidad.
En Orosí, para 1839, ante la ausencia de sacerdote que
atendiera a los feligreses, se dijo que por eso se
estaban relajando sus costumbres y su laboriosidad, por
lo tanto, necesitaban un cura que con su ejemplo y
predicación los instruyera sacándolos del abandono en
que se encontraban.
La vida de Ujarrás y posiblemente la de todos los
pueblos de la época, se comprende mejor analizando su
sentimiento religioso. Mediaban estas concepciones en la
visión de la vida, del mundo y de la sociedad, y
ejercían un gran poder para dirigirla. Era un mecanismo
que ayudaba a mantener el orden y por lo mismo algo muy
importante tanto para la Municipalidad como para el
sacerdote. Esta misma situación permitía, que al lado de
las finalidades estrictamente religiosas de la iglesia,
esta también fuera usada para otros fines en el campo
político y económico. Esta realidad se manifestaba más
fuertemente en los momentos de dificultad como los ya
mencionados o en el caso que se investiga, el traslado.
PAPEL DE LA VIRGEN DE LA LIMPIA CONCEPCIÓN EN LA VIDA
DE LOS HABITANTES DE UJARRAS
En gran parte de los pueblos de América Latina donde la
religión de la mayoría es la católica, al lado del lugar
que ocupa Cristo en sus vidas, se encuentra la devoción
a la Virgen María y la de su Santo Patrono. En el caso
de Ujarrás se unieron las dos devociones y el lugar que
ocupaba su Patrona se fortaleció, más aún en los
momentos de dificultades como la que relata la siguiente
cita:
“que sin embargo que esta corporación ha implorado la
protección de la mejor mediadora entre Dios y los
hombres, María Santísima, es de creerse nuestra
debilidad y escasas fuerzas no lo han conseguido,
permitiéndolo así el Omnipotente, pues sigue esta
epidemia aún con más acomodada fuerza. Por lo cual
avivando la fe, insiste de nuevo a la alta providencia,
suplicando por medio de la Sacra Virgen María, la
propiciación en el particular. Para lo cual se acordó
pedir una rogación general a María Santísima nuestra
patrona, cuya misa se efectuará el día que designe
nuestro cura párroco...”.
Así se expresaba la Municipalidad de Ujarrás en 1829,
con ocasión de las enfermedades que estaban afectando a
la población. Manifestaban el lugar que ocupaba en sus
vidas la Virgen María, “su patrona”. ¿De dónde venía el
papel tan importante que jugaba en sus vidas esta
imagen?
La religión además de brindar seguridad, ayudaba a crear
una identidad comunitaria, que en el fondo era otra
forma de seguridad. Los pueblos tienen su santo patrono
y en torno a él se desarrolla una serie de actividades
que cumplen con la función anteriormente mencionada.
También lo define frente a los otros pueblos. Bien dice
Maldonado que la religiosidad popular toma muchas veces
las características de competencia, invitaciones e
intercambios, tanto al interior de la comunidad como
hacia fuera. Ya esto es una respuesta al por qué la
Virgen de la Inmaculada Concepción era tan importante
para Ujarrás, sin olvidar la importancia del culto a la
Virgen en la iglesia Católica.
Hay otra respuesta a la pregunta que tiene que ver con
aspectos más particulares de esta imagen. No se debe
olvidar que la religiosidad popular, según lo expresa el
autor anteriormente citado, no puede reducirse
únicamente a experiencias mágicas, psicológicas y
vivenciales, sino que también tiene elementos históricos
y sociales, además de los propios de la doctrina
cristiana. Por eso, es necesario observar qué elementos
en la historia de Ujarrás colaboraron para que el papel
de su patrona tuviera tanta fuerza.
La imagen de la Virgen de la Inmaculada posiblemente sea
de origen español debido a sus rasgos; es como se usa
decir, “chapetona”. Su rostro y sus manos fueron
finamente esculpidos. Su cuerpo de madera no tuvo la
misma suerte. Posiblemente los religiosos solamente
traían la cara y las manos por razones de comodidad por
el poco espacio en los barcos que venían de España. Al
llegar a América, ellos mismos fabricaban el cuerpo, ya
fuera de vestir, es decir, una serie de palos que luego
eran cubiertos con vestidos, o un cuerpo esculpido en
madera, este es el caso de la imagen de Ujarrás.
Pronto se creó en torno a ella una leyenda para explicar
su llegada a este lugar. Esta leyenda es una
manifestación del papel preponderante que jugó la Virgen
en sus vidas y cómo en torno a ella se fue creando no
solo una identidad, sino también un amor a su tierra
frente a los otros pueblos. Las leyendas son géneros
literarios que utilizan las poblaciones para transmitir
un hecho a su manera. Hasta hace poco esta palabra o la
palabra mito eran sinónimos de algo opuesto a la
realidad. Las nuevas investigaciones expresan que,
superado el absolutismo de las ciencias exactas y del
racionalismo del siglo XVIII, hoy se está rescatando el
papel de los mitos y leyendas como formas empleadas por
el ser humano para transmitir una verdad.
Esta leyenda reforzaba sus raíces en las tierras del
valle pues la Virgen, encontrada en una caja por un
indígena en las playas del Atlántico, la carga sobre sus
hombros con la intención de llevarla a Cartago; cuando
llegó a Ujarrás y, después de descansar, al querer
continuar el viaje, no se dejó levantar por más que lo
intentó. Llamados los franciscanos del lugar, abrieron
la caja y encontraron dentro la imagen. Se dedujo que su
deseo era quedarse con ellos y que le construyeran una
iglesia en el valle, cuestión que tienen en común varias
imágenes de América como la Virgen de Suyapa y Nuestra
Señora del Viejo en Nicaragua. Detrás de esta leyenda se
encuentra una manifestación de su identidad, no sólo por
la identificación con la Virgen sino también con su
tierra.
Uno de los hechos que fortaleció el papel de la Patrona
en la población, fue la huida de los piratas Morgan y
Marsfield y sus hombres en 1666, los cuales entraron por
Matina hasta Turrialba con la intención de apoderarse de
la provincia de Costa Rica. Por la fama que tenían los
piratas en la época eran muy temidos, pues cuando
llegaban a un lugar mataban a muchas personas, a otras
se las llevaban, quemaban la población y destruían
cosechas. El año anterior habían invadido Granada en
Nicaragua. En Costa Rica su presencia fue toda una
alarma y sus habitantes se prepararon para enfrentarlos
a pesar de su pobreza en armamentos. Sin saber cómo ni
por qué los piratas se retiraron el 16 de abril, hecho
que poco a poco se fue entendiendo como una intervención
milagrosa de la Virgen de Ujarrás, haciéndola muy
popular entre la población ya no sólo del valle, sino
también del resto de la Provincia.
Esta realidad fue tomando cada vez más fuerza hasta el
punto que en 1690, ante los efectos devastadores de una
peste de viruela, los cartagos le hicieron la promesa
conocida como la “misa jurada”, la cual consistía en que
como los había liberado de los piratas, se comprometían
a ir en romería todos los años el primer domingo de mayo
a visitarla a su iglesia de Ujarrás y celebrarle una
misa, cuyos gastos correrían a cargo de las autoridades
cartaginesas. Según el documento, fue el pueblo el que
empezó a hacer la romería y en esa fecha las autoridades
la asumieron, actividad que se realizó hasta 1852, año
en que fue suspendida por el obispo Llorente y La
Fuente, a solicitud de la Municipalidad de Cartago
debido a los desórdenes que ocurrían.
La romería fue una ocasión para que la religiosidad se
expresara y se vigorizara el papel de la Virgen en la
comunidad. En ella el pueblo tomaba las calles y la
plaza como escenarios para manifestar sus sentimientos,
creando las situaciones que Maldonado menciona como
lugar de competencias y espectáculos, que fomentan las
relaciones no solo religiosas sino también sociales,
esta vez entre dos pueblos. Era una ocasión para la
fiesta creando lazos fuertes entre las personas y
conciencia de pueblo. Así la visita de los cartagos
provocaba actividad en la comunidad ujarraceña. En 1821
la Municipalidad mandó publicar lo siguiente:
“que estando próximo el día dos de mayo, se oficia al
Alcalde Constitucional recordando la obligación de
celebrar misa solemne de armas, que se publique por
bando que en dicho día deben vestir de riguroso todo
vecino de esta villa sin distinción alguna”.
El elemento histórico estuvo presente en esta
manifestación religiosa popular con lo de los piratas,
pero sufría transformaciones de acuerdo con el peligro
que se estuviera viviendo, de manera que en 1852 los
piratas de 1666 fueron cambiados por los ataques que
hacían los Zambos Mosquitos de la costa atlántica de
Nicaragua.
Si la romería era importante para fortalecer el papel de
la virgen en la comunidad, lo era aún más su fiesta el
día dos de febrero, día de la Candelaria. Esta fiesta
era la más fuerte y ocupaba el lugar primordial que en
toda comunidad tiene la fiesta patronal, esta festividad
dependía totalmente de los ujarraseños, diferente a lo
que sucedía con la misa jurada que estaba a cargo de los
cartagos.
Aunque Eladio Prado, en su libro sobre esta imagen,
insiste en que la fiesta principal era la que motivó el
hecho de los piratas, esto no fue así. Los documentos
dejan entrever que la más importante y totalmente
ujarraceña era el día de la Candelaria. Posiblemente,
como se realizó hasta hace poco, se organizaba la fiesta
con dos novenas, la primera conocida como la menor y
empezaba nueve días antes; la segunda se conocía con el
nombre de novena mayor y eran los nueve días después del
dos de febrero. En esta ocasión, además de las
actividades solemnes como la misa y la procesión, se
elegían por dos años, ya fuera a la víspera o el propio
día, los nuevos miembros de la cofradía de la patrona.
El papel de la Virgen se fortaleció ya que no tuvo sólo
una fiesta como sucedía con los santos patronos de otros
pueblos, sino tres fiestas. Además de la Candelaria y la
misa jurada, también se celebraba el 8 de diciembre
debido a que se le conocía bajo la advocación de la
Inmaculada Concepción. Este día era muy importante, pero
no desplazó la fuerza que tenía el dos de febrero.
Si la religiosidad popular se fortalece precisamente en
las fiestas de los santos, la Virgen de Paraíso ocupó un
lugar preponderante por todas las razones expuestas, que
tenían la oportunidad de manifestarse tres veces al año.
El lugar que ocupaba la patrona en las vidas de
ujarraseños y paraiseños era vital. Tal vez por esta
razón, fue una de las comunidades consultadas por el
Vaticano en 1851 para escuchar su opinión sobre la
conveniencia o no de declarar el dogma de la Inmaculada
Concepción.
La patrona de Ujarrás recibe actualmente el nombre de
Virgen del Rescate. Con este nombre ya son tres los que
tiene. A pesar de lo dicho por Eladio Prado, este nombre
no fue tan popular en la colonia y principios de la
independencia, como si lo fueron Candelaria e Inmaculada
Concepción. ¿De dónde viene el nombre del Rescate y
quién se lo puso?
La población de Cartago y Ujarrás le atribuyeron a ella
el que los piratas abandonaran la Provincia sin lograr
su cometido, sintiéndose así rescatados de sus manos. La
popularización de este nombre se debe a José Hidalgo,
último fraile franciscano que estuvo en Ujarrás desde
1771 hasta 1821. Este lapso de tiempo, interrumpido sólo
por pequeños periodos en que otros frailes administraron
la parroquia, fue bastante largo como para lograr marcar
a la población. Este fraile cada vez que mencionaba a
la Virgen lo hacía con este título. Los otros curas
anteriores a él cuando tenían que firmar, por ejemplo,
los recibos de dinero por misas y fiestas que
respaldaban las cuentas de la cofradía, utilizaban sólo
los nombres de Inmaculada y Candelaria, de acuerdo con
la ocasión en la que se encontraran. Hidalgo hizo todo
lo contrario, eliminó estos nombres, y en las dos
fiestas mencionadas siempre la llamó como la virgen del
Rescate.
La fuerza de esta influencia se puede observar en el
siguiente hecho. Al año siguiente de la partida de este
fraile ocurrió un terremoto que dejó a la iglesia muy
mal, hasta el punto que se pensó construir otra. Al
final decidieron restaurarla con el dinero de la
Cofradía. La parte más dañada fue la fachada, de manera
que quedó “en estado de inutilidad por haberse roto
(sic) toda ella”. Aprovechando su mal estado se pensó
que, como el templo era pequeño y si acaso cabía en el
sólo la mitad de la población, agrandarlo. Al final no
se agrandó, según parece, y se restauró la fachada en
dónde se escribió: “Viva Nuestra Señora del Rescate de
Ujarrás”, frase que prueba lo fuerte que resultó la
influencia del padre Hidalgo en este sentido.
Esta acción del padre Hidalgo muestra otra
característica de la religiosidad popular que Maldonado
no señala. La religiosidad popular puede recibir
influencias de los dirigentes y marcarla en su contenido
y sus expresiones, matizando el que sea totalmente de
origen popular. Respecto al nombre, el fraile Hidalgo
logró su objetivo en parte ya que la población utilizó
los dos nombres de manera indistinta y por poco tiempo,
debido a que después del traslado se recuperó el nombre
de Candelaria plenamente. Otro personaje que intervino
en la historia de Paraíso tuvo más suerte que el padre
Hidalgo. Eladio Prado, en la tercera década de este
siglo, logró convencer al pueblo de llamarla Virgen de
la Inmaculada Concepción del Rescate de Ujarrás, cuando
su nombre regular era el de Candelaria.
Otro hecho histórico que influyó en la religiosidad
popular y aclara más el papel que jugaba la Virgen en
Ujarrás, se dio en 1786 cuando sus habitantes pusieron
pleito contra los franciscanos de Cartago por haberlos
desposeído del rostro y manos de su Patrona,
exponiéndola en el convento de la ciudad con otro
cuerpo. Esto motivó la movilización de la población y
una oportunidad más para fortalecer su identificación
con la Virgen.
En la vida cotidiana de la población, la Virgen estuvo
presente como alguien que les da seguridad. Las familias
colocaban a los hijos bajo su protección poniéndoles el
nombre de Candelaria o de Concepción y como se expuso,
se recurría a ella como mediadora para pedir que cesaran
las calamidades como las enfermedades de 1829, para
pedir el agua en momentos de sequía, o que dejara de
llover cuando eran muchas. En estas situaciones era
cuando su papel dentro de la comunidad se evidenciaba
con más fuerza. Fue por eso que la Municipalidad en 1826
manifestó que: “...siendo patente la ruina que amenaza
por razón de la mucha influencia de agua que en estas
épocas se están experimentando, inquiriendo no ser otra
causa que la divina justicia irritada, no puede menos
esta Corporación que acordar se pida una rogación
celebrando una misa a María Santísima para que por su
medio seamos recibidos y protegidos no solamente de los
arriba dicho, sino es también de la peste que igualmente
nos está amenazando, adhiriéndose su Divina y Alta
protección a todas nuestras necesidades, así
espirituales como temporales”.
DISCURSO RELIGIOSO DEL CURA FRENTE AL TRASLADO
El cura de Ujarrás en el año del traslado era el
exfranciscano Simeón Marín, oriundo de Cartago. No es
objeto de esta investigación el tratar las razones que
produjeron que la Orden Franciscana dejara de funcionar
en el Estado, pero las autoridades civiles dijeron que
no se quería depender de un poder externo y en este caso
lo constituían los superiores de la orden de la
Provincia franciscana de San Jorge de Nicaragua a
quienes tenían que obedecer los franciscanos de Costa
Rica. Otra razón fue la disminución de los miembros de
la orden y la nueva situación por la cual el Estado a
través del Vicario General empezó a tener una fuerte
ingerencia en el nombramiento de los curas. En 1830
Simeón Marín era el padre guardián del convento y
entregó el edificio al Jefe Político como representante
del Gobierno. A partir de este momento pasaron a ser
diocesanos.
Tal vez esto explica la actitud un poco rebelde de
varios exfranciscanos a la hora de aceptar los
nombramientos. En el capítulo anterior se expuso la
posición de este cura frente al traslado y su deseo de
no ir a Ujarrás, en parte por razones económicas. Aquí
solamente se profundiza en la situación de la virgen
como medio para influenciar a la población a favor del
cambio de lugar.
Simeón Marín, comprendiendo el significado que tenía la
Virgen para la población, escribió antes del 16 de junio
de 1832 al jefe político sometiendo a su parecer la idea
de llevarse la imagen a Paraíso “para estimular a que se
quitaran de aquel lugar”. No se debe olvidar aquí la
influencia de los curas en los pueblos y cómo el parecer
de Simeón Marín fue tomado en cuenta para decidir sobre
el traslado, en especial el informe donde exageró el
número de muertos frente al total de nacidos. Ante la
insinuación del cura, el Jefe Político le contestó
negativamente “porque esta providencia sería afligir más
al afligido”. El exfraile conocía bien el poder de
movilización que tenía la Patrona del pueblo.
EL DISCURSO RELIGIOSO DEL GOBIERNO
La postura del gobierno en este sentido se hizo ver en
dos ocasiones. La primera, antes del traslado y la
segunda en el momento de emitir el Decreto.
Las autoridades tenían conciencia de la fuerza disuasiva
que poseía la Virgen, y unos y otros trataron de
utilizarla a su favor. La primera ocasión fue a finales
de junio de 1832 cuando el Vicario General propuso la
Jefe Político llevar la imagen a Cartago, para destinar
el galerón que servía como ermita en Paraíso a las
funciones de hospicio para los gravemente enfermos. El
gobierno le contestó que tal acción: “causaría
aflicción, pena y aún desesperación a los infelices
vecinos en el Paraíso, porque en medio de la confusión
en que los tiene la peste maligna que los devora y en
circunstancias de que trasladados a su nuevo vecindario,
fatigados de cansancio a que los ha llevado el inmenso
trabajo para su traslación, les sería muy sensible, duro
e irracional no tener en su seno el simulacro de la
Virgen Sagrada a quien tributan culto y homenaje”.
El gobierno se mostró muy considerado con la población,
pero podría responder más a intereses políticos que va a
utilizar muy pronto, además procuraba evitar cualquier
desorden en momentos, que por una parte, en la política
general del Estado no eran convenientes. Por otra,
porque el mismo Ujarrás ya había reclamado fuertemente
cuando a finales del siglo XVIII esto se había
practicado por los franciscanos del convento de Cartago,
logrando que devolvieran la imagen de la Virgen a su
pueblo. Debía considerar también la gran oposición que
había entre la población de mudar de lugar. Tocar a la
imagen habría dado base para luchar contra el traslado.
La segunda ocasión en que el gobierno utilizó el motivo
religioso para lograr sus fines respecto a movilizar a
Ujarrás, se dio cuando el Vice Jefe del Estado en el
ejercicio del poder, Rafael Gallegos Alvarado, dirigió a
la población una proclama para convencerlos de la
necesidad del traslado debido a que conocía la oposición
que profesaban a ese hecho. En sus palabras hizo
referencia a la Virgen de la siguiente manera:
“amigos: el ejecutivo llama vuestra atención por vuestra
felicidad, y persuadido por ella obraréis con presteza y
sumisión. También cree que en la nueva ermita irá a
tributar en el próximo mayo sus homenajes y los del
pueblo a la Virgen Purísima Madre de Dios y de los
hombres, vuestra Patrona, ofreciendo a sus aras celestes
las más humildes preces por vuestro bien y el de
vuestros hijos”.
El texto citado deja entrever cuál era la preocupación
del Ejecutivo. Utilizó una forma muy diplomática para
coaccionar a la población con dos medios, el de la
autoridad a través de las armas y el religioso. Muestra
esto cómo la religiosidad popular puede ser utilizada
por los poderosos para sus propósitos, aspecto que
Maldonado no toma en cuenta.
LA VIRGEN Y EL MOMENTO DEL TRASLADO
La imagen de la Virgen de Ujarrás marcó el ritmo de la
ejecución del traslado. Ningún otro aspecto tuvo la
misma importancia. Aunque el Decreto del traslado pedía
que para ejecutarlo había que construir la iglesia y los
edificios públicos, sólo se edificó el templo. Hasta que
este estuvo listo, se realizó el traslado. Tan
importante era la construcción del templo que cuando el
Agente del Gobierno, Apolonio de Lara, propuso variar
esta disposición de construir antes los edificios
públicos para no atrasar el objetivo que se perseguía,
no incluía en la lista de los edificios el de la
iglesia. Claramente expresó que se terminaría primero la
ermita, cuestión que indica una vez más la fuerza que
tenía el aspecto religioso y la importancia de la Virgen
de la Inmaculada Concepción.
Apolonio Lara pensó construir la iglesia con los
materiales de la antigua, los de una capillita que
construyeron al norte del templo y los de la casa cural.
Las dimensiones del edificio eran cincuenta varas de
cañón y tres varas de ancho. Sobre sus características
en los siguientes años al traslado se dieron las
siguientes: “la ermita sin embargo de que no está
embarrada sino respaldada mitad de tabla y mitad de
caña, es enteramente capaz y según su construcción puede
durar largos años”. Parece que esta profecía no se
cumplió, porque en 1834 se dijo que “aunque se ha hecho
una ermita provisional, esta no durará un año a causa de
hallarse sostenida por horcones de mala madera”. Esta
visión la confirmó el Jefe Político cuando en 1835
expresó que la iglesia “no es sino un galerón, está
cubierto por los costados de algunas tablas y palos,
edificada sobre horcones ya podridos, a que se agrega
que en el invierno se introduce el agua en ella por
hallarse en declive, sin que halla valido el medio de
hacer zanjas para contenerlas”.
Terminada la ermita se planeó la inmediata salida de la
población, pero todo en torno a la Patrona, de manera
que se prepararon para que fuera lo más solemne posible.
Por eso, se le pidió al mayordomo de la Cofradía de la
Virgen: “seis pesos para solemnizar la llevada de la
imagen a su santuario del Paraíso”. Una de las acciones
que se hicieron al respecto y que más llaman la atención
fue la orden dada por la Municipalidad “a los pedáneos
para que concurran con disfraces en el día de su ida”.
Era usual desde la época colonial que las ceremonias
religiosas fueran solemnizadas con máscaras, hecho que
se unió muy bien a la costumbre indígena prehispánica de
usar máscaras en las diferentes celebraciones y que es
común a otras culturas en varios continentes. Desde
España hasta México y Guatemala hay pruebas del uso de
máscaras, por ejemplo, en el Corpus Christi. En Costa
Rica también se hizo y el caso de Ujarrás es un
testimonio. La actividad consistía en que los
disfrazados fueran bailando delante de la imagen
acompañados por la música de una chirimía, conjunto
musical que estaba compuesto de unos tambores y de uno o
varios tipos de flautas que producían sonidos muy
agudos.
Así fue como entró la Virgen de la Inmaculada Concepción
a la nueva tierra del Paraíso el día 13 de julio de
1832. La Municipalidad se refirió al asunto de la
siguiente manera:
“habiendo llegado solemnemente nuestra imagen titular
María Santísima del Rescate de Ujarrás a su Santuario de
la Villa del Paraíso en la fecha de hoy trece, promovido
sin merecerlo esta Municipalidad y sus habitantes, se ha
solemnizado la llegada de esta divina Señora a extensas
de la ciudad de Cartago, concurriendo los ciudadanos el
Cura, el Comandante y la Municipalidad y de ahí debajo
de quien merecernos y tuvimos el cierro (sic) espléndido
para nuestra Madre Purísima tendrán el premio y la
remuneración como poderosa”.
Momento solemne para la comunidad y a la vez dramático.
Expresa muy bien sus sentimientos religiosos y la
influencia que tuvo sobre ellos la imagen de la Virgen.
Ella marcó el momento del traslado y la vida de la
comunidad, tan cierto es que la salida de la Virgen del
valle se presentó casi como una desgracia. Otra vez, la
Municipalidad, tres días después, manifestó este sentir
cuando dijo que “nuestro antiguo Ujarrás, habiendo
quedado en miserable estado, como en efecto, por la
salida de nuestra poderosa Madre María Santísima del
Rescate, se continúe como hasta aquí sacando
enfermos...”. La cita es bastante dramática, pero da una
idea justa de lo que representaba su patrona.
Fue la salida de la Virgen del valle la que marcó la
realidad del traslado. Así lo sintieron todos los
involucrados en este proceso. El momento no consistió
tanto en dar anotaciones sobre la cantidad de la gente
que llegó, los esfuerzos que hicieron para venirse, las
dificultades en cuanto al traslado de sus bienes y otras
peripecias. Lo importante fue dejar testimonio de que el
traslado se ejecutó porque la Patrona había llegado a su
nuevo santuario en la Villa del Paraíso y la comunidad
la siguió.
Finalmente, es importante hacer notar un hecho posterior
al traslado que amplía la idea de lo que significó para
el pueblo ser arrancado de su antigua Ujarrás, como
empezaron a llamarla. Aunque Eladio Prado se empeñó en
sostener que la romería de este siglo rememoraba la
acción de los piratas en 1666 y por eso, había que
realizarla el propio día 16 de abril, se equivocó. En
primer lugar, la que se empezó a hacer por este motivo
se suspendió en 1852 como ya se expuso. En segundo
lugar, no supo interpretar el hecho histórico que dio
origen a la romería en el siglo XX. Equivocó también los
actores de la misma, ya que la antigua romería la hacían
los cartagos y vecinos de otros pueblos, no los
ujarraseños, quienes eran visitados.