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PALMAR SUR
TIERRA DE ESFERAS
En Palmar se encuentra un patrimonio único no
solo en Costa Rica, sino en todo el mundo: las esferas de
piedras precolombinas. Debido a su enorme valor arqueológico
y el hecho de que algunas se encuentran aún en su lugar
original, el Museo Nacional impulsa la creación de un parque
de esferas en el Pacífico Sur de nuestro país.
Desde hace casi tres años, este proyecto
llamado Parque Cán basát róje (esferas de piedra en dialecto
indígena) avanza poco a poco, con el apoyo de un padrino tan
importante como el escultor Jorge Jiménez Deredia.
Ahora hay buenas noticias:
Surcoop-Cooperativa de Producción Agropecuaria, Industrial y
de Servicios Múltiples del Sur R.L.- le cedió al Museo
Nacional 10 hectáreas para el parque en Finca 6 de Palmar
Sur.
Según explicó Francisco Corrales, director
del Museo Nacional, en esas 10 hectáreas se encuentran
varias esferas de piedra auténticas en el sitio en que las
ubicaron los indígenas que poblaron el Delta del Diquís
entre el 300 y el 1500 después de Cristo.
Al llegar a Finca 6 y abrirse paso entre un
poco de maleza, el visitante se encuentra con las
“chineadas” de los especialistas y de la comunidad: cinco
esferas semienterradas. Unas de ellas están en perfecto
estado; otras han sido un poco afectadas por el paso de los
años y las inclemencias del tiempo.
Las esferas, incluso, tienen una alineación
especial. Esto es muy importante, pues entre los usos que
tuvieron esas obras en piedra fueron de servir de engranajes
en grandes “jardines astronómicos”; es decir, en un sistema
de calendarización en función del ciclo agrícola y las
estrellas.
Un detalle muy interesante: hace unos meses
unos especialistas de la televisión japonesa vinieron a
medir esas obras precolombinas y comprobaron que tienen un
95 o 96% de esfericidad. O sea, son casi perfectas.
Y volviendo al proyecto, la idea, explicó el
director del Museo Nacional, es crear en los terrenos
cedidos el parque temático, en donde se crearán
instalaciones, se brindará información arqueológica sobre
las esferas y los pueblos indígenas que las crearon y se
realizarán más investigaciones arqueológicas.
“La cooperación con la universidad Veritas
permitirá generar un plan integral donde se definirán los
costos del proyecto total y sus etapas. Nuestro plan es que
la primera etapa, con una duración de alrededor de un año,
nos permita consolidar los sitios arqueológicos, adquirir
los terrenos y desarrollar un plan de mantenimiento y
señalización para empezar a recibir visitantes”, aseveró
Corrales.
CIRCUITO AMPLIO
Esto quiere decir que Finca 6 es solo el
comienzo. El Museo Nacional pretende crear todo un circuito
de sitios arqueológicos de esferas.
¿Cuáles son esos otros sitios? Viva realizó
un recorrido con los especialistas del Museo Nacional.
A unos minutos en vehículo de Finca 6 está
ubicado el lugar conocido como El Silencio, el cual es un
pequeño sitio arqueológico donde se encuentra una única
pieza, pero qué esfera.
Con 2.5 metros de diámetro es la esfera de
piedra precolombina registrada más grande del país.
Debido a cierto deterioro en su superficie,
está resguardada por un ranchito.
En Batambal, en Palmar Norte, hay tres
esferas y un conjunto de montículos artificiales con una
espectacular vista de las tierras bajas. No obstante, allí
es un poco difícil observar las evidencias precolombinas
pues el zacatal alcanza casi un metro de altura.
“Esto estaba limpio; sin embargo, el
mantenimiento debe ser permanente”, reconoció el arqueólogo
a cargo del Museo Nacional.
El cuarto de los sitios es Grijalba, el cual
debe su nombre al apellido de su propietario.
Allí se encuentra solo una esfera y la
evidencia de que hubo una comunidad indígena, pues se
encuentran varios sitios empedrados que marcaban el espacio
de las viviendas.
La esfera de Grijalba estaba semienterrada;
no obstante, cuando se llegó a ella se observó que fue
excavada por desconocidos. “Existen muchos mitos sobre las
esferas precolombinas: la gente cree que en su interior o
debajo de ellas hay oro. Esto no tiene ningún fundamento
real”, dijo Corrales.
La incorporación de estos tres últimos
lugares están en negociación: en algunos casos se solicita
la donación de terreno y en otro se debe hacer una, por lo
cual se formará una Asociación Pro Esferas para recaudar
fondos.
Actualmente, Costa Rica está en proceso de
presentar la candidatura para que la UNESCO declare estos
sitios como Patrimonio de la Humanidad.
El proyecto sigue adelante con el
convencimiento del Museo Nacional y Jiménez Deredia de que
los ticos necesitan un sitio donde comprender el enorme
valor de la cultura de nuestros antepasados.
PIEZAS ÚNICAS
Las esferas de piedra precolombinas son
distintivas de la arqueología costarricense.
Se cree que los indígenas las usaron como
símbolos de rango e identidad, como parte de sus jardines
astronómicos y como indicadores de territorio para sitios
especiales.
Su tamaño varía entre unos centímetros y los
2.5 metros de diámetro y su peso entre unos pocos kilos
hasta 15 toneladas.
Están construidas en rocas volcánicas como la
granodiorita y el gabro.
El auge en la construcción y uso de las
esferas se da entre el año 800 y el 1500 después de Cristo.
NOS PREOCUPA NUESTRO PATRIMONIO
“A Surcoop le preocupa nuestro patrimonio y
la forma en que ha desaparecido de estas tierras. Por eso,
nos pareció una obligación entregar 10 hectáreas al proyecto
del Parque de Esferas”. Así explicó Franklin Obando, miembro
de esa cooperativa.
No obstante, para Surcoop, sus asociados y
vecinos de las diferentes comunidades donde están los sitios
arqueológicos, ayudar en el proyecto de las esferas es una
inversión.
Para combatir los estragos de un monocultivo,
la cooperativa invierte en diferentes flancos como plátano,
palma aceitera e industria; y el turismo podría ser otra de
sus alternativas económicas.
“El turismo y este proyecto nos interesa
porque le puede dar trabajo a mucha gente. Si vemos que
funciona, la cooperativa podría ceder más hectáreas en el
futuro”, detalló Obando.
Francisco Corrales, director del Museo
Nacional, está muy consciente que un parque de esferas
podría reactivar el turismo en la región, sobre todo porque
se promoverá el Pacífico Sur como un destino cultural de
nuestro país.
“Si esto se limpia un poco y lo
acondicionamos con lo básico, la gente podría comenzar a
visitar algo único. Sabemos que ya han venido grupos de
turistas al lugar, así que es una buena opción para el
país”, aseguró Corrales.
Obando está muy esperanzado: “creo que esto
va a funcionar: el Ministerio de Cultura está interesado,
tenemos con nosotros a Jiménez Deredia y la cooperativa está
dispuesta a ayudar. Esto tiene que salir adelante por el
bien de nuestro patrimonio y de nosotros”.

ESFERAS EN COSTA RICA
P/Marisol Roldán & José Antonio Roldán
Entre las inmensas incógnitas de las culturas
y sociedades que pueblan la Tierra, las esferas de
piedra de la cuenca del río Térraba y Sierpe,
al suroeste de Costa Rica representan un claro
exponente de todo aquello que aún queda por explicar para
conocer el origen primigenio del planeta y de sus
habitantes.
Transcurría la década de los cuarenta, cuando
la corporación United Fruit Company iniciaba sus
trabajos en el campo de la banana en el delta del Diquis,
en la zona sur de Costa Rica, cuando salió a la luz,
debido a sus trabajos de limpieza del bosque, unas
imponentes esferas rocosas de tamaños y volúmenes diversos.
Las esferas halladas tenían un rasgo en común: su forma
increíblemente análoga.
Desde su descubrimiento un numeroso
contingente de arqueólogos han intentado dar respuestas a
las principales dudas que plantean las esferas: ¿quiénes las
tallaron?, ¿cuándo fueron realizadas?, ¿qué funcionalidad
tenían?...
Sin embargo, pocas cosas claras han arrojado
los estudios llevados a cabo en la zona. En 1940, la
arqueóloga Doris Stone, cuyo esposo, George P
Chittenden había adquirido como agente de la compañía
bananera varios terrenos en la zona sur, realizó una serie
de investigaciones que no pudieron demostrar una datación
coherente de las piezas, ni localizar su posible origen y
por supuesto tampoco hallar un origen para la perfección de
su construcción. Años después, el también arqueólogo
Samuel K. Lothrop, experto en civilizaciones indígenas
americanas, se quedó sin formular conclusiones categóricas.
Aunque ambos representaron la avanzadilla de próximas
investigaciones. Pero, ¿qué era lo que las hacía indatables?
En las investigaciones más recientes llevadas
a cabo por algunos grupos de arqueólogos han tenido unas
conclusiones semejantes a las que anteriormente se han
realizado. Algunos investigadores abogan en creer en que las
gigantes esferas de piedra de Diquís se empezaron a
hacer durante el período IV (1000 a.C- 500
d.C), aunque en realidad se trata de hipótesis de
trabajo, no habiéndose encontrado pruebas tangibles que
puedan confirmar la teoría.
La arqueóloga Ifigenia Quintanilla es
una de las principales investigadores de este tema. Durante
seis años formó parte del proyecto "Hombre y Ambiente en
la delta Sierpe-Térraba", cuya meta principal era el
estudio de las inexplicables ¿rocas? Quintanilla
sostiene que las esculturas fueron utilizadas como símbolo
de poder entre grupos y que el tamaño iba directamente
relacionado al status de cada pueblo. En el cómo se
hicieron, se declina por el que la elaboración de estas
piezas requirieron de un conocimiento detallado de la
fractura de la roca y de técnicas de picado y pulido. Se
piensa que utilizaban el fuego y enfriamientos bruscos de
temperatura para que la roca se fuera desprendiendo en
capas. ¿Fue esta simple técnica la que obtuvo esferas
milimétricamente perfectas?
Formas, tamaños y diversidad
El tamaño de las esferas varía. Se las puede
encontrar desde las de más de dos metros hasta la de unos
pocos centímetros de diámetro. Las esferas están construidas
en granito, andesita y roca sedimentaria. Pudiendo pesar
hasta unas 16 toneladas. Dado que estos materiales no
son propios del área del delta del Diquís se piensa
que fueron transportados en balsas desde muchos kilómetros
de distancia hasta su localización actual. Pero, ¿dónde
quedaron los vestigios de estos transportes?
Las esferas se han encontrado en su mayoría,
en la superficie, algunas montadas en plataformas de piedra
pequeñas. En la actualidad, mucha de estas valiosísimas y
enigmáticas piezas arqueológicas se encuentran adornando los
jardines de algún que otro museo en Costa Rica, en
casas de alto abolengo o exhibidas al público en el
extranjero. Aunque las esferas se encuentran mayormente
interrelacionadas a enclaves arqueológicos de las sociedades
precolombinas, no hay manera, por ahora, de saber si fueron
hechas por estos o por alguna cultura que la antecediera. Es
posible fechar su contexto, pero ¡las esferas quedan exentas
de ello!
Una de las esferas más grandes encontradas
hasta el momento se encuentra localizada en la finca "El
Silencio" en Palmar Sur, su diámetro supera los
dos metros. Otra curiosidad es que aunque no se han
encontrado enterramientos debajo de su localización, con
gran frecuencia se hallan alineadas en las cercanías de
zonas funerarias. ¿Qué simbolizaban aquellas disposiciones
en línea?
Teorías e hipótesis
Las hipótesis vertidas entorno a enigmas y
misterios arqueológicos son siempre numerosas. Aumentando
aún más si dicho enclave está bañado por el olvido de los
tiempos y por el no saber de sus orígenes. Las teorías
entorno a las esferas de piedra de Costa Rica son
cuantiosas. Las hay que postulan sobre su simbología
representativa del poder político, pudiéndose encontrar
algunos datos en crónicas antiguas. Otras apuestan por su
función religiosa dentro de la sociedad donde fueron
construidas, el arqueólogo inglés Andrew Tomas apoya
esta teoría, aunque no descarta la del simbolismo
astronómico. Y las más arriesgadas teorías consideran la
posibilidad de que éstas fueran producto o señal de la
visita de seres de otros planetas a esta zona del planeta,
en 1969 el suizo Erick von Däniken incluía las
esferas de piedra en su libro Regreso a las Estrellas,
siendo una antigua visita de extraterrestre el origen de las
mismas. Acaso, ¿podría tener razón

En la época de su descubrimiento, muchas
leyendas hablaron de que en su interior se escondían oro y
piedras preciosas. Esto resultó un hecho destructivo para
estas piezas arqueológicas, ya que muchos no se lo pensaron
dos veces antes de destruir este patrimonio cultural en
busca de un tesoro inexistente.
¿Una posible constelación Precolombina?
En el Museo Nacional de Costa Rica
se encuentra una esfera de piedra que destaca de las
demás por un simple hecho, muestra un petroglifo en uno de
sus hemisferios. Un grabado con una serie de formas
complejas, marcados con trazos firmes. Esos petroglifos se
han hallado en varios puntos de Costa Rica.
Representaciones rituales, mapas geográficos y formaciones
rituales son algunas de las explicaciones que los
investigadores y estudiosos han dado para definir lo grabado
en piedra.
Pero hay una explicación que por su
curiosidad es digna de mencionar. En dicha hipótesis se
identifica los petroglifos con representaciones de marcado
cariz astronómico, es decir, posibles cartas celestes en
piedra con una finalidad ceremonial o a modo de calendario
orientativo.
El 25 de Marzo de 1979,
en la sección 'Áncora' del periódico La Nación
de Costa Rica, el investigador Michael O'Reilly
presentó en público su propuesta de que el petroglifo
circular encontrado en el montículo principal de Guayabo
de Turrialba, en la provincia de Cartago, pudo
haber tenido la funcionalidad de calendario de precisión.
Con el uso de objetos astronómicos de poca magnitud, daba
detalles de fechas como los solsticios, el día más largo del
año y la duración de la época de lluvias. ¿Cómo adquirirían
los creadores del petroglifo los conocimientos astronómicos
necesarios para poder configurar ese tipo de calendario?

Negar la posibilidad de que los pueblos
precolombinos tuviesen dichos conocimientos sin contar con
el apoyo actual del telescopio o de otro instrumento visual
es el apoyo básico de quienes se mantienen escépticos ante
este tipo de teorías. Aunque para algunos dicha negación
sería un hecho lastimoso, que nos podría ocultar un posible
entendimiento de este hecho. La hipótesis de O'Reilly
se sustentaba en fundamentos lógicos y racionales como fruto
de un estudio serio, aunque carecía de contexto. A pesar de
él considerar el que los antepasados de los actuales nativos
de la zona tuviesen conocimientos astronómicos y que éstos
fueran plasmados en petroglifos no es una idea tan
descabellada.
Adrián Badilla,
arqueólogo del Museo Nacional costarricense dice que:
"de igual manera podrían haber sido empleadas para
representar el Cosmos, pues es claro que manejaban la idea
de esfericidad. Pero eso es algo que tampoco hemos podido
probar científicamente".
¿Esferas atlantes?
Entre el amplio abanico de explicaciones
también podríamos destacar la hecha por el diseñador y
antropólogo estoniano, Ivar Zapp. En su obra titulada
Atlantis in America, afirma que los megalitos
ticos guardan semejanza con un continente borrado del mapa
hace 11.500 años. Aunque las autoridades
arqueológicas costarricenses no apoyan dicha teoría, el
International Biographical Centre, con sede en el
Reino Unido, mencionó a Zapp como uno de los
2.000 científicos más connotados del siglo XX
debido a su polémica teoría.
Zapp
con un atlas de Mercator -que toma en cuenta la
curvatura de la Tierra-, descubrió que las esferas,
tal y como fueron emplazadas señalaban distintas
direcciones, como si fueran mapas a gran escala. Con la
ayuda de Carlos Araya, de las Líneas Aéreas de
Costa Rica (LACSA) confirmó que podrían tratarse
de rutas marinas. Uno de los alineamientos desenterrados por
los arqueólogos mostraba el trayecto en línea recta que
conduce hasta la Isla del Coco, después a las islas
Galápagos y conduce finalmente a la Isla de Pascua.
Un segundo grupo de rocas analizadas apuntaban a Jamaica,
Cuba y las Bermudas. Mientras que otras
estaban orientadas hacia Giza, en Egipto y a
Stonenhenge en Inglaterra. ¿Casualidad?
Esferas en un futuro
Cara a una conservación futura de las
esferas, numerosas personas e instituciones han dado su
apoyo y estudio aunque todavía queda mucho por hacer. Los
puntos básicos ha seguir sería la solución del enigma que se
encuentra en la pétrea forma de las piezas y para su
conservación debería detenerse su destrucción, su
comercialización y el no cambiarlas más de sus
emplazamientos originales.

Las autoridades del Museo Nacional, en
coordinación con The Landmarks Foundation, el
municipio de Osa y otras localidades, desarrollan una
campaña para quienes posean estas piezas las donen a la zona
sur. En la actualidad equipos de arqueólogos y otros
expertos están estudiándolas con el fin de descubrir de
forma más científica quién las hizo, cómo y con qué
propósito. Esperamos que algún día podamos ser partícipes de
unas conclusiones coherentes que nos respondan las dudas que
este misterio nos plantea.
El único problema es que parte de ese
misterio puede estar en las formas primigenias del
emplazamiento donde se hallaron. Actualmente modificado en
un elevado tanto por ciento.
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