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DATOS DE INTERÉS:
La colonia china
en el Puerto de Puntarenas:
La falta de registros, censos o documentación confiable,
impide conocer el número exacto de inmigrantes chinos, su
fecha de llegada, ocupación, etc. Sin embargo, se sabe que
la mayoría eran campesinos, de origen aldeano, procedentes
del sureste de China con influencia de la filosofía
confuciana y que su ingreso se produjo en forma paulatina,
pero creciente.
Las personas que conformaron la colonia china que se
estableció en Limón, procedían de un distrito de Cantón
llamado En-Ping, estos habían llegado para la construcción
de la vía del ferrocarril y luego, con las nuevas
actividades que se generaron en ese puerto, se fueron
quedando. Los que se establecieron en la Costa del
Pacífico, provenía de otro distrito de Cantón llamado Chun-Shan,
el cual era.
Un pueblecito campesino muy pobre donde se sembraba arroz,
mucho arroz, hortalizas, camote y muchas verduras. Sus
casas eran de ladrillo y con techos de tejas.
Ese flujo de inmigrantes no fue solo producto de una
política oficial migratorio, sino más bien, tuvo su
explicación en los contactos personales, hechos por las
primeras personas que llegaron (pioneros). Mostraron a sus
familias y amigos que se encontraban aún en Cantón, las
buenas expectativas que presentaba el país. Esta fue la
razón para que nuevos grupos decidieran emigrar.
Uno de los pioneros chinos que se establecieron en
Puntarenas, fue José Chen Apuy, quien trajo a muchos jóvenes
y amigos de las aldeas, calculándose que desde su ingreso al
país en 1873, ayudó a traer a una cuantiosa cantidad de
compatriotas, los cuales, posteriormente, colaboraron para
su despegue económico.
Papá vino solo, hizo una economía, se convirtió en un
benefactor para su pueblo, él daba dinero para esto, para el
otro y luego comenzó a traer a sus parientes, primos y otros
primos; todos los de su pueblo
Lo menos frecuente en esta migración fue la llegada de
mujeres y niños, por lo general, se trató de grupos
masculinos, jóvenes con bajos niveles de escolaridad,
solteros y sin nexos fundamentales que le impulsaran al
regreso.
venían a buscar nuevos horizontes, venían en grupos de
amigos, provenían de pueblos iguales, se mantenían en grupo
de jóvenes que buscaban mejor vida.
Algunas cifras dan cuenta de este marcado carácter masculino
de la inmigración china. Según un documento de 1909, el
número de los inmigrantes registrados en Costa Rica para
esta fecha, corresponde a 63 hombres y solo 6 mujeres. En
términos relativos, el flujo migratorio de esta nacionalidad
fue de 91.30 % masculino y 8.75% femenino.
Con relación a la creciente demanda de pasaportes efectuada
en los puertos de entrada se produjo una escasez de papel
con el que se hacían El tráfico de barcos con inmigrante por
el Carie y por el Pacífico, fue una situación muy frecuente,
el ingreso se efectuaba de varias formas, en algunas
ocasiones, con tal de evadir los puestos aduaneros,
desembarcaban grupos pequeños, cuando mucho diez personas.
La embarcación con inmigrantes de ubicaba lejos de la costa
y de ahí los acercaban en un pequeño bote hasta la orilla,
luego eran conducidos generalmente, a la casa o comercio e
un chino, por lo que fueron muy común las continuas
acusaciones contra chinos radicados en los puertos de tener
escondido en su casa a un conciudadano.
Cada seis meses, aproximadamente, llegaba un barco. A eso
de las 2 de la mañana, para evitar ser vistos los pasaban (a
los chinos) en una lancha, le daban la vuelta a toda la
punta hasta llegar al estero donde los bajaban muy cerca del
mercado. Por ahí, se ubicaban todos los negocios de los
chinos, en especial la casa de Gil Con. Entraban
escondidos, los empleados de gobernación se encargaban al
otro día de arreglar los pasajes, se les daba una propina a
los muelleros para anotarlos.
Una vez en tierra firme, cada recién llegado tenía la
seguridad de contar con un sitio donde pasar la noche,
donde había un chino había dormida, rezaba un viejo
refrán. Para esos efectos y como resultado del ingreso de
más coterráneos, los chinos radicados en Puntarenas,
acondicionaron una casa grande a donde los dirigían. Una
vez instalados, se establecía un contrato moral de
solidaridad, en realidad funcionaba como un mecanismo de
inducción, para que el nuevo inmigrante se pudiera enfrentar
con mejor soltura en su nuevo ambiente.

Foto antigua del muelle de Puntarenas.
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