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ISLA DEL COCO

Se localiza a 548 Km. De Cabo Blanco y actualmente es un
parque nacional declarado Patrimonio de la Humanidad. La
isla tiene una elevación cercana a los 643 metros sobre el
nivel del mar y constituye el volcán submarino más alto de
una cadena que emerge del fondo del océano. Su territorio
posee gran riqueza paisajística, está cubierto de un bosque
siempre verde y se le considera un verdadero laboratorio
natural para el estudio de la evolución de las especies. La
Isla del Coco cuenta con muchas cascadas, acantilados y
cavernas submarinas. En su mar, de transparentes agua color
azul turquesa, habitan peces loro, atunes, júreles, mantas,
gigantescos tiburones martillo, de cabeza pectinada y aleta
de punta blanca de arrecife. En torno a esta isla se han
tejido múltiples historias acerca de un fabuloso tesoro
enterrado allí por parte de los piratas de antaño. De
acuerdo con la leyenda el pirata Morgan enterró en algún
lugar de la Isla del coco un valioso tesoro que aún
permanece oculto. Sin embargo, para muchos, el verdadero
tesoro de esta isla es su flora y fauna.
Estudiante reafirma existencia de tesoro
Tomado del Semanario Universitario.
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El Tesoro de Lima se encontraría supuestamente en
Bahía Wafer en la isla del Coco. |
Muchas han sido las historias que se han
contado sobre la Isla de Coco y más aún las de sus tesoros
ocultos por piratas. Sin embargo, según el investigador Raúl
Arias Sánchez, no son historias. En su tesis de licenciatura
él asegura haber comprobado la existencia de un tesoro como
un hecho histórico. Ahora, lo retoma en su reciente tesis de
maestría.
Por esto, en diciembre del año pasado formó parte de un
documental de la National Geographic en conjunto con la
televisión alemana acerca de esta supuesta leyenda, que
saldrá al aire en octubre del 2005.
El investigador, que actualmente labora en el Centro de
Patrimonio Histórico Cultural del Ministerio de Cultura,
Juventud y Deportes, explicó que el tesoro que él estudió es
el "tesoro de Lima" y que cuenta con suficientes pruebas de
que existe el lugar exacto donde se encuentra y de lo que
está conformado. Arias asegura haber comprobado esto luego
de cinco años de estudio, que la leyenda no se trata de un
mito sino que se fundamenta en hechos históricos.
Asegura que sus sospechas sobre la ubicación del tesoro
mismo fueron confirmadas por la empresa ruso británica ALKOR
INC., dedicada a la exploración de recursos minerales.
Mediante imágenes de satélite se ubicaron tres
concentraciones importantes de oro en la isla, una de las
cuales se encuentra en una colina cercana a Bahía Wafer,
donde supuestamente estaría el tesoro de Lima.
Arias destacó que no duda de la existencia de más tesoros de
otras épocas en la isla, ya que la misma era un "bastión
pirata", donde los ingleses se quedaban para interceptar los
galeones que iban entre Perú y Acapulco.
"Suena como a Peter Pan, pero es una realidad" comentó Arias
Sánchez
Detalló que el documental que se realizó el año pasado y que
ahora se encuentra en una etapa de post-producción fue
filmado en Perú, y recrea la investigación realizada por
Arias Sánchez para sustentar la existencia de dicha riqueza.
HISTORIA FANTÁSTICA
El tesoro, tiene una historia particular que suena más a una
novela que a un hecho real. Por medio de cartas y
declaraciones hechas en los años de 1844 y 1888, Arias
plantea una recreación de los hechos. Según los datos
recopilados, esta fortuna en oro fue robada de Lima en 1820.
En esta época estaba aconteciendo la independencia del Perú,
a cargo de una flota chilena guiada por José de San Martín.
Al llegar a Lima, estos barcos rodean el puerto, por lo que
el Virrey en esa época decide poner a salvo un tesoro
compuesto de reliquias de la Iglesia, en cajas de 150 kilos,
con el fin de que no cayera en manos de los revolucionarios.
Para esta tarea, el Virrey alquila un navío mercante inglés
que estaba en el puerto, para que lleve las riquezas a un
lugar seguro. Sin embargo, el capitán al observar la
magnitud del tesoro decide robárselo.
La única isla desierta conocida desde la época de los
piratas era la Isla del Coco, allí ocultan el botín y luego
se devuelven topándose con un barco peruano que los estaba
persiguiendo.
La mayoría de los marinos son fusilados, sin embargo, quedan
con vida los tres tripulantes más jóvenes que acceden a
indicar el lugar donde escondieron el botín. Antes de
embarcarse de nuevo a la isla, el navío peruano se ve
obligado a hacer una parada en Panamá, ya que la tripulación
presenta síntomas de fiebre. En este momento dos de los
marinos escapan, ya que el tercero muere por la fiebre. Los
sobrevivientes son rescatados por un barco ballenero inglés,
uno de ellos viaja hasta Inglaterra y el otro se queda en
Hawai.
Este último conoce a un canadiense llamado John Keating en
1844 al cual le cuentan la historia. Keating, al parecer,
habría sido el único en sustraer parte del tesoro años
después.
GRAN TESORO
Con miras a concluir su maestría, de la que se recibe el 8
de abril, Arias retoma el tema, pero esta vez aplicado a la
administración pública. En esta propuesta plantea la forma
en que el Estado administraría un monto tan importante,
cercano a los $800 millones. "En este momento el tesoro
sería pieza de museo, no hay legislación" comentó.
El investigador piensa que luego de encontrar el tesoro, se
podría disponer eficientemente de ese recurso, ya que
pasaría a engrosar las arcas de oro de Costa Rica.
"Eliminaríamos la inflación de un solo. Seria el primer gran
beneficio"
Asegura que hizo una propuesta formal ante el Ministerio de
Ambiente y Energía, para extraer dicho recurso pero nunca
recibió una respuesta. Opina que el gobierno no ha hecho
nada a pesar de todas las pruebas que presentó, ya que
siente que no han escuchado sus propuestas. "Me pone más
atención la televisión alemana y la National Geographic que
la gente de mi país."
La Isla de Coco fue declarada Parque Nacional en 1978 y
Patrimonio Natural de Humanidad por la UNESCO en 1997, así
mismo en el 2002 se declara también como Sitio Histórico
Cultural.■
EN LA REALIDAD Y LEYENDA. Por Javier Rodríguez
Para quienes soñaron con leyendas y aventuras épicas, la
isla del coco recobró, en las postrimerías del siglo XIX su
atención; esto obedece, en parte, a los relatos de una
novela infantil del escritor británico Robert Louis
Stevenson, conocida como La Isla del Tesoro, publicada en
1881. la obra desarrolla su trama en una remota isla del
océano Pacífico, en Suramérica. El narrador argumenta, a
partir de ciertas divagaciones, lo siguiente. “…me han
solicitado que escriba todos los detalles referentes a la
Isla del Tesoro, de principio a fin, sin omitir otra cosa
que la localización de la isla, por cuanto aún quedan allí
tesoros por desenterrar, tomo la pluma en el año de gracia
de 17…y regreso a la época…” (Stevenson, 1998:11).
No obstante, podríamos ubicarnos en otros sitios –además de
Coco- como en la isla de Pascua o Juan Fernández
pertenecientes a Chile y a Galápagos, propiedad de Ecuador.
Mucha imaginación navegó por esas mentes infantiles y
ambiciosas a la vez.
GENERALIDADES BÁSICAS.
Situada en el océano Pacífico a unos 535 Km. del puerto de
Puntarenas en Costa Rica, con dirección Suroeste del
territorio nacional, con una localización geográfica, entre
los paralelos latitud N 5º 30" Y 5º 33" y longitud oeste de
87º 03" 87º 06". Tiene una extensión de 2.400 hectáreas en
la parte terrestre y 97.235 has. en la parte marina. Fue
declarada por la UNESCO Patrimonio Natural de la Humanidad,
en 1997.
Entre sus peculiaridades destaca el hecho de ser la única
elevación del relieve submarino hallada en la Placa del Coco
que sobresale de la cadena volcánica extendía desde el
archipiélago de las Galápagos hasta la Fosa Mesoamericana,
al oeste del Istmo de Centro América (Geoistmo, 1988)
DE INTERES INTERNACIONAL
En lo referente a la situación política-administrativa, es
propiedad de Costa Rica y, según la Constitución Política,
reformada y vigente de desde 1949; “La Isla del Coco situada
en el Océano Pacífico, forma parte del territorio
nacional…”. Es, en su artículo quinto que, por primera vez y
de forma explícita, se indica su importancia territorial,
aun cuando se tenga noticia de que, en la segunda mitad del
siglo XIX, ya había sido reclamada por autoridades
costarricenses. (Arias Sánchez, 1997).
Aunque hasta el presente, no se tenga evidencias
arqueológicas que den fe del doblamiento de esta isla por
parte de grupo indígena alguno, desde el siglo XVI se tiene
referencias de la presencia human en esta ínsula. Mas
tarde, se llamaría isla del coco y sobre todo por el paso
ocasional de tripulantes de navíos castellanos e ingleses
que se aventuraban a través del océano Pacífico, para
circunvalar costas americanas. (Quesada Monge, 1198).
EUROPEOS NAVEGAN EN AGUAS AMERICANAS.
Dentro del juego de intereses de algunas potencias europeas
con capacidad naval para recorrer territorios de ultramar,
lejos de sus centros de poder (reinos), la cartografía fue
una herramienta estratégica; por ello, no nos sorprende que
Coco aparezca desde ese período en tales documentos.
Además, por su proximidad con el archipiélago de las
Galápagos –a unas 320 millas náuticas- se convirtió en punto
de referencia para navegantes. Posteriormente, Galápagos
sería un sitio importante, en especial, debido a la
presencia del naturalista inglés Charles Darwin, quien
replanteó a partir de sus investigaciones en el sitio, las
teorías acerca del origen de las especies y su evolución
natural.
Por otra parte, se afirma que, entre los años 1680 y 1725,
se desarrolló la edad de oro de la piratería (Nacional
Geographic, 1999:64), por tanto, las aguas del Caribe y el
Atlántico americano formarían parte de esta situación
histórica que también opera para otros mares del mundo
conocidos hasta ese momento. No es de extrañar que
galeones, con cargamentos muy valiosos de la Corona
Castellana en América –sobre todo en el Caribe-, fueran
blanco constante de ataque de corsarios y piras, entre
ellos, ingleses, holandeses y franceses (Solórzano Fonseca,
1993).
Esta conflictiva realidad, aunque con sus respectivas
variantes y, en menor escala va a escenificarse en el
Pacífico. Para los siglos XVII y XVIII, los ingleses
comenzarían a tener una participación significativa en estos
mares; ya por el año 1683, el famoso navegante James Cook
estuvo en Coco. Estas travesías, como es de esperar,
tocarían otros puntos de la geografía americana, como parte
de expediciones que duraban meses y hasta años.
Con base en lo anterior, se sabe que los británicos tenían
en el Caribe control sobre Jamaica, después lo harían sobre
Belice (Quesada Monge, 1998) y, periódicamente, sobre las
islas de la Bahía (Honduras) y la Mosquitia en Nicaragua.
Ello les permitió establecer una creciente actividad
comercial y de intercambio de productos, ya fuera legal o
ilegalmente, con áreas jurisdiccionales de las provincias
adscritas al Reino de Guatemala u otras capitales y
virreinatos (Harina, 1972): (Parry, 1979).
ENTRE LA REALIDAD Y LA LEYENDA.
Durante el período colonial hispanoamericano, es decir,
entre los siglos XVI hasta el XIX, la Audiencia de Lima,
centro del Virreinato del Perú, ubicada en la Cordillera de
Los Andes y emplazada hacia el litoral Pacífico, fue la más
próspera. Esta se transformó en bastión de resistencia real
contra los propósitos de los criollos (Skidmore and Smith,
1992: 185-189).
De sus puntosas catedrales barrocas –según relatos- fueron
robados gran cantidad de objetos sagrados para luego ser
embarcados con destino incierto. Los saqueadores pactaban
con sus patrocinadores en la distribución de los
botines, aunque en ocasiones se arrepentían y cambiaban los
rumbos de sus naves y cargamentos. Al calor de estos
oscuros acontecimientos, va a desarrollarse el supuesto robo
de unos tesoros sagrados en la ciudad de Lima, que serían
más tarde enterrados en la isla del Coco por un pirata
llamado Morgan. No obstante y para desencanto de los amigos
de fábulas, se afirma que el enigmático pirata, a quien se
le endosa la aventura, nunca estuvo en la Isla (Weston,
1990).
Entre realidades y leyendas, Coco vio llegar a sus costas,
buscadores de tesoros espectaculares; de esta forma, a
finales del siglo XIX y gran parte del XX, los ávidos de
riquezas llegaron al sitio, sin aparente saldo favorable,
según algunos entendidos en el asunto.■
Javier Rodríguez, historiador.
OTROS COMENTARIO DE OTROS AUTORES.
Cuenta la
historia que la isla fue descubierta por Joan Cabezas en
1526.
Aparece por
primera vez, en el mapa de Nicolás Desliñes de 1542 con el
nombre de “Ile des Coques”.
Según
leyendas, aquí se escondieron valiosos tesoros como el de
Lima, consistente en toneladas de lingotes de oro y plata,
láminas de oro que cubrían cúpulas de las iglesias; el
tesoro del pirata William Davies que fue ocultado en 1684 y
el de Benito "Espada Sangrienta" Bonito en 1819.
La isla es
extremadamente lluviosa, 7000 Mm. de agua caen cada año.
Posee una topografía muy quebrada.
Después de
gran cantidad de buscadores de tesoros y cazadores de
fortunas, cuyas expediciones no han revelado donde están las
riquezas escondidas, hemos entendido que el tesoro de la
isla del Coco está en su excepcional flora y fauna, que
contiene un número importante de kilómetros cuadrados de
ecosistemas terrestres protegidos. Así mismo, los 2000 Km.
de ecosistemas coralinos y marinos protegidos de la isla,
por la densidad y variedad de organismos que en ella se
desarrollan es considerado como un santuario marino de
importancia mundial.
La Isla es
considerada un laboratorio natural para el estudio de la
evolución de las especies. Y está cubierta de un bosque
siempre verde, tupido y denso, cubre el accidentado
territorio insular de 2.400 hectáreas, frecuentemente
nublado y azotado por copiosas y torrenciales lluvias el
cual presenta condición nubosa en el Cerro Iglesias, a 634
m.s.n.m. La topografía es muy quebrada, lo que da lugar a la
formación de muchas cascadas, algunas de las cuales caen
expectacularmente al mar, desde gran altura. La costa es muy
sinuosa, tiene acantilados de hasta 183 metros de altura e
infinidad de cuevas submarinas. El mar, azul turquesa es de
extraordinaria transparencia.
Aquí se han identificado 235 especies de plantas (70
endémicas), 362 de insectos (64 endémicas) y 2 de reptiles
endémicos: la lagartija y la salamandra; 3 de arañas, 85 de
aves incluyendo las marinas (4 endémicas), 57 de crustáceos,
118 de moluscos marinos, más de 200 de peces y 18 corales.
En sus aguas abundan los tiburones de aleta blanca, los
gigantes tiburones martillo, los atunes, los peces loro, las
mantas y los júreles.
Entre las
especies de árboles más distintivas de la Isla destacan el
copey, el palo de hierro y la palma endémica. Dentro de las
aves sobresalen las endémicas: el mosquerito de Isla del
Coco, el cuclillo de Isla del Coco, y el pinzón de Isla del
Coco. En el bosque es común el espíritu santo, ave de color
blanco que visita la isla para anidar y que se distingue por
revolotear sobre las cabezas de los visitantes.
La Isla del Coco es un territorio de gran riqueza
paisajística y un verdadero laboratorio para los estudios de
la naturaleza. Abundan los helechos, las bromelias, los
ríos, quebradas y cascadas; los valles, los acantilados y
los islotes frecuentados por infinidad de aves marinas y
lugar de anidación de gaviotas y pájaros bobo.
El parque
cuenta con varios programas. El programa de Protección vela
por el cumplimiento de las leyes de conservación de los
recursos naturales, manteniendo un adecuado equilibrio de
los ecosistemas de la isla dentro de los límites marinos y
terrestres. Otra función es velar por la seguridad de los
visitantes nacionales y extranjeros que llegan a la isla.
El Programa
de Administración se propone lograr la planificación de
todas las labores del parque a corto y mediano plazo.
El Programa de Investigación y Monitoreo se propone sentar
las bases para el desarrollo de la investigación científica
en el área e incentivarla según las prioridades del parque.
Finalmente,
el Programa de Uso Público, cuyo objetivo es concientizar a
los grupos que se dedican a la actividad pesquera en los
límites de área, sobre la importancia de preservar las
poblaciones de organismos marinos de uso comercial más
amenazadas.■
UN MISTERIO FORRADO EN ORO-la isla del coco
REVISTA DOMINICAL, La Nación:
(18-05-03)
Más allá de la leyenda, serias
investigaciones indican que, en alguna parte de la isla del
Coco, está enterrado un tesoro que podría costar hasta $2000
millones. Sin embargo, todo hace pensar que jamás será
encontrado.
Cubierto por el sigilo y la oscuridad de la
madrugada, el capitán escocés William Thompson giró
instrucciones a los marineros de su navío, el Mary Dear,
para que soltaran las amarras y zarparan lo más rápido y
silenciosamente posible del puerto de Lima, Perú.
Aquella huída mar afuera ocurrió, según
reseña la historia, el 19 de octubre de 1829. Mientras el
barco se alejaba lentamente de las costas peruanas, nadie
habría imaginado que aquel hecho marcaría a todos los que
estaban a bordo y también a decenas de personas que ni
siquiera habían nacido.
Éstas últimas, empeñarían sus vidas –y sus
muertes- muchos lustros después en la búsqueda del
cargamento que llevaba el buque.
Se trataba de una parte de las inmensas
riquezas que acumularon las autoridades civiles y religiosas
españolas en el transcurso de los casi tres siglos que duró
la ocupación del Perú: toneladas de lingotes y monedas de
oro y plata, láminas de oro que cubrían las cúpulas de las
iglesias, y ornamentos, utensilios e imágenes que había en
estos templos (como una Virgen y un Niño Dios en tamaño
natural y de oro macizo).
Cuando las tropas del libertador Simón
Bolívar se aproximaban a Lima, capital del virreinato del
Perú y una de las ciudades más ricas del continente, el
pánico se apoderó de las autoridades civiles y
eclesiásticas.
En su desesperación, acudieron a Thompson
-quien había llegado al puerto a raíz de un viaje
comercial- para que sacara del país aquel tesoro, que tuvo
que ser apilado en 24 pesadas cajas de madera.
Ese es, ni más ni menos, el espectacular
erario que, según la historia, yace enterrado en algún punto
de una pequeña isla del Pacífico costarricense; el que ha
dado origen a una leyenda conocida mundialmente: la del
tesoro de la Isla del Coco.
Testimonios de quienes han visitado este
territorio insular, ubicado 532 kilómetros hacia el suroeste
de Cabo Blanco, en la costa Pacífica del país, lo describen
como un mundo aparte de 24 kilómetros cuadrados al que solo
puede llegarse luego de un viaje de 30 horas por mar.
Primero, luce como una línea larga y azulada,
y después se convierte en un paraje de montañas, cataratas y
enormes acantilados rocosos.
Según se dice, fue descubierta por el piloto
español Joan Cabezas hacia 1526. Poco después se inician las
historias de piratas y corsarios que encontraron en aquel
lugar desolado un escondite ideal para sus botines. Se
especula que le valor de lo que está allí enterrado oscila
entre $800 millones (313.600 millones de colones) y $2000
millones (784000 millones de colones).
Con algunas variaciones en cuanto a fechas y
detalles, pero sin diferencias en lo esencial, las historias
recopiladas por varios investigadores nacionales y
extranjeros (como el estadounidense Ralph Hancock, el
británico Julián Weston y, más recientemente, el historiador
nacional Raúl Arias Sánchez) dan cuenta de que el capitán
Thompson aceptó servir a los españoles como transportista y
custodio mientras se definía la ocupación de Lima por parte
de Bolívar, pero pronto su ambición cedió ante semejante
riqueza.
Una vez en altamar, llegó a un acuerdo con su
tripulación para buscar el escondite más seguro para el
tesoro. No hubo mucho qué discutir, pues la Isla del Coco
era la única isla desierta y sin propietario legal. Se dice
que, al llegar a tierra, Thompson escondió en una cueva el
grueso del botín y repartió el resto entre los marineros.
Pero los españoles habían sospechado de las
intenciones del custodio y enviaron una fragata tras el
navío, que fue interceptado en Panamá. Fusilaron a todos
excepto a Thompson y a otro marinero, con la esperanza de
que les revelaran el lugar donde habían guardado el tesoro.
Sin embargo, ambos lograron escapar de los
españoles.
Diversos documentos históricos se refieren a
Thompson en lo sucesivo, pero del otro marinero no hay
registros. Por eso se cree que murió pronto.
Así, el único hombre vivo que conocía la
situación exacta del tesoro de Lima era Thompson. Y es aquí
donde empiezan los relatos en cadena, transmitidos de
generación en generación, debido a los cuales más de 300
expedicionarios de todas las épocas se han aventurado a
buscar, sin éxito, el famoso tesoro de la Isla del Coco.
Entre los lugares que se citan como posibles
depositarios del tesoro se encuentran las bahías de Wafer y
Chatmam, o la península conformada por Punta María y Cabo
Lionel.
Si bien la leyenda ha sucedido a propios y
extraños en distintos períodos, durante los últimos años un
historiador costarricense ha seguido las pistas del tesoro
con el mismo interés, tesón y empecinamiento que tuvieron en
el pasado los exploradores que se hicieron a la mar en busca
de la isla y del oro.
Solo que, en vez de navegar en el mar, Raúl
Francisco Arias Sánchez lo ha hecho entre montañas de
documentos, algunos recopilados en Costa Rica y otros muchos
que ha encontrado en sus viajes a Inglaterra, España,
Panamá, Canadá y Perú en busca de nuevas pistas.
Arias Sánchez, quien trabaja como
investigador en el Centro de Patrimonio del Ministerio de
Cultura, Juventud y Deportes, está preparando un libro en el
que intentará no solo demostrar su teoría, sino alentar a
las autoridades ticas para que intenten encontrar el tesoro
con la ayuda de equipos especiales que no dañen los
ecosistemas de la Isla, declarada Parque Nacional en junio
de 1978, y Patrimonio de la Humanidad en 1997 por la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO).
Las exploraciones de búsqueda del tesoro se
prohibieron desde 1994, durante el gobierno de José María
Figueres Olsen. El objetivo primordial fue salvaguardar la
ecología y la decisión se tomó un año después de que la
empresa estadounidense Turismo Dos Mil intentara,
infructuosamente, localizar el botín con ayuda de una
sofisticada tecnología que incluyó una nave nodriza
computadorizada, un avión ultraligero y buzos. Con todo este
equipo se efectuaron vuelos y rastreos submarinos.
El investigador Arias Sánchez ha concluido
que éste y los fracasos de las búsquedas anteriores se deben
básicamente a que se trataba de personas sin formación como
investigadores que se basaron en documentos y mapas falsos.
En su criterio, el principal problema ha sido
que buscan en el lugar equivocado y con procedimientos
incorrectos.
¿Por qué en su momento el tesoro no pudo ser
recuperado por William Thompson, la única persona que
conocía el lugar exacto donde estaba?
De los muchos documentos recabados por Arias
Sánchez se desprende que, en sus últimos años de vida,
Thompson entabló amistad con un marinero llamado John
Keating y le confió el mapa cuando estaba a punto de morir.
Keating tuvo más suerte que Thompson. Al poco tiempo
encontró a alguien dispuesto a respaldarlo económicamente
quien, además, lo acompañó a la Isla del Coco. Se dice que
juntos encontraron la cueva donde estaban sepultados los
lingotes. Se llevaron cuanto les cupo en los bolsillos y un
poco más, pero la pesada carga exigía más sofisticados
medios de transporte.
De acuerdo con la investigación de Arias
Sánchez, Keating vivió el resto de sus días como un hombre
rico, pero nunca pudo regresar a la isla por el resto del
tesoro. Murió en 1882 a causa de una enfermedad paralizante.
Para entonces, ya la Isla del Coco se había
convertido en territorio costarricense, pues en 1869 el
gobierno de Jesús Jiménez organizó una expedición oficial
para buscar el tesoro, pero solo llegó a enarbolar el
Pabellón Nacional en lo alto de un palo de balsa. Así tomó
posesión de la isla.
Seis años después de la muerte de Keating
-reseñan diversos documentos- un marino alemán llamado
Augusto Guisler escuchó la historia de la Isla del Coco de
boca de un viejo alcohólico que se ganaba la vida contando
historias de tesoros. Como sus antecesores, Guisler se
embarcó y llegó a la isla en 1889. Ahí vivió hasta 1906
-incluso fue nombrado gobernador de aquel territorio insular
por el presidente Rafael Iglesias-. No obstante, pese a los
años que permaneció en la inhóspita región, nunca pudo
hallar ni un vestigio del tesoro.
Las investigaciones realizadas en Inglaterra
por el historiador Arias Sánchez le permiten concluir con
certeza -según lo afirma en su tesis doctoral presentada en
la Escuela de Historia y Geografía de la Universidad de
Costa Rica- que el tesoro de Lima fue una realidad y que el
hallazgo de John Keating da cuenta de ello. Él es, a juicio
de Arias, el auténtico gestor de la leyenda.
Sin embargo, una experiencia
vivida por el sociólogo Francisco Escobar durante sus años
de estudiante en la Universidad de Kansas, Estados Unidos,
sugiere que hubo otro protagonista que trascendió la leyenda
en ésta historia.
En enero de 1992, el hecho de que la empresa
Turismo Dos Mil pusiera una vez más sobre el tapete el tema
del tesoro, motivó a Escobar a escribir un detallado
artículo para la Revista Dominical. En éste contaba cómo un
hecho fortuito lo puso frente a frente con una de las
personas que más conocimiento llegó a tener sobre el botín
de Lima.
El sociólogo narró cómo, durante un encuentro
social con un estudioso y coleccionista de mapas antiguos a
quien solo se refiere como de apellido Morrison, éste sacó a
colación la historia del tesoro de la Isla del Coco, y
afirmó que existían numerosos mapas de la isla,
supuestamente elaborados como guías cartográficas para
localizar cierto punto particular que bien podría ser el
escondite de un tesoro dejado ahí por los piratas.
Cuando Escobar le consultó por qué no usar
aquellas cartas para recuperar los tesoros, el erudito
contestó que en realidad se trataba de criptogramas con
simbología secreta que solo usaban los corsarios, piratas y
filibusteros.
Pero lo más interesante de aquel encuentro
fue la referencia que hizo Morrison a Berta Blodge, una
señora que tenía una versión alternativa muy curiosa sobre
la historia. El interés de Escobar lo llevó a localizar su
dirección en un pueblito de Kansas, Estados Unidos, y unos
días después, la visitó.
Se trataba nada menos que de la nieta del
comandante Thomas O. Selfridge, el hombre que a la postre
habría dirigido todos los estudios para decidir si Estados
Unidos construiría un canal interoceánico en Nicaragua o
Panamá.
Por lo tanto, Selfridge había estudiado
cuidadosamente los mares a ambos lados del posible canal y
pronto concentró su interés en la Isla del Coco, primero por
interés político y militar, y luego porque se enteró de la
leyenda del tesoro.
Pero lo más importante de todo era que
Selfridge había localizado una copia del plano de la isla
hecho en 1793 por el capitán James Colnett, de la Marina de
Estados Unidos, con el código para interpretar aquellos
signos secretos trazados por los piratas.
Selfridge mantuvo éste mapa en absoluto
secreto y únicamente compartió la información con su amigo,
el secretario de Marina estadounidense George Robertson,
quien nunca le dio importancia.
Antes de morir, a los 93 años, Selfridge
conoció al joven Frank Smith, un talentoso ingeniero civil a
quien le transmitió sus conocimientos y su información sobre
la Isla del Coco y sus tesoros. Smith se casaría luego con
Berta Blogdet, cuando ésta tenía 15 años.
El joven -contó Escobar- había prometido a
Selfridge que vendría a explorar la isla y a buscar el oro,
y así lo hizo. El 3 de enero de 1920 zarpó junto con su
mujer en un largo viaje hacia San José, donde se asoció en
su misión con los empresarios Tom y Charles Cochnour.
Frank encontró uno de los tesoros -le dijo la
anciana a Escobar-, pero las autoridades no podían enterarse
porque el gobierno habría tomado posición de inmediato. Como
era imposible sacar las piezas, no le quedó más remedio que
repetir la historia de los piratas. Fingieron ser biólogos
que realizaban estudios en la isla para la Academia Nacional
de Ciencias, y construyeron una especie de cripta en los
acantilados. Allí ocultaron las piezas y las cubrieron luego
con piedras y arena.
“Cuando regresó a San José, Frank me dijo que
nos iríamos a los Estados Unidos para solicitar los permisos
necesarios y me dió una descripción verbal del sitio donde
estaban las piezas encontradas. Pensó que era más seguro no
hacer mapas ni poner la información por escrito. La
situación política en Costa Rica después de la caída de los
Tinoco era muy difícil, y un funcionario internacional le
aconsejó a Frank que saliéramos cuanto antes”, relató la
señora a Escobar.
“Sin embargo, de vuelta a su país, Frank
enfermó de malaria y, dos meses más tarde, falleció. Lo
último que supe fue que Tom y Charles Cochnour habían
abandonado Costa Rica y murieron en Panamá en condiciones
misteriosas”.
Berta Blogdet supuestamente había oído de su
esposo la descripción exacta del lugar donde se ocultaron
por segunda vez las piezas del tesoro, pero dos meses
después de la visita de Escobar, ella falleció.
Si bien la gran leyenda del tesoro de la Isla
del Coco ha estado siempre vinculado con el botín de Lima,
se dice que durante el siglo XVII ese territorio ya había
sido utilizado por otros piratas para esconder sus tesoros.
Específicamente, se cita al capitán inglés Edward Davis,
quien formaba parte de un destacado grupo de bucaneros.
Igualmente, dos siglos, se habló también del portugués
Benito Bonito, quien se habría apoderado de un cargamento de
oro que había salido del puerto mexicano de Acapulco, y que
estaría escondido en la bahía de Wafer, en la isla. Ambos
hombres habrían muerto en enfrentamientos y por ello no
pudieron recuperar nunca tales bienes.
De ahí que, hasta la fecha, muchos aseveren
que en la isla habría sepultado no uno, sino dos o hasta
tres tesoros.
El propio Ministro del Ambiente y Energía,
Carlos Manuel Rodríguez, afirmó que el gobierno considera
que la evidencia histórica da fe de que “muy posiblemente
existan dos o tres tesoros en la isla”. “La información
científica es buena y veraz y hace ver que existen tanto el
tesoro de Lima como el de Benito Bonito y el de otro
pirata”.
Rodríguez asegura que, si bien parte del
botín fue hallado a finales del siglo XIX, es creíble que la
mayor parte del tesoro continúe enterrado en algún lugar de
la isla.
“El tesoro será encontrado cuando la
tecnología pueda hallarlo por medio de aparatos aéreos sin
dañar la isla. Por ahora, hay un decreto que impide al
gobierno otorgar permisos a terceros para que realicen
búsquedas. Sin embargo, -aclara Rodríguez- el gobierno sí
puede buscarlos, aunque actualmente no hay un proyecto para
hacerlo, pues estamos claros en el valor ecológico de la
isla y que una eventual exploración de búsqueda podría
generar un impacto muy negativo sobre su ecología”.
No obstante, también existen las posiciones
escépticas, como la de Michael Montoya, asesor científico de
la Fundación Amigos de la Isla del Coco y quien ha hecho
unas 30 expediciones a la isla desde 1983, sobre todo para
realizar investigaciones biológicas.
“Puede que el tesoro existiera, pero es
posible que ya lo hayan sacado. Un tesoro tan grande no
podía ocultarse lejos de las costas, y los sitios accesibles
en esa área ya fueron revisados por decenas de expediciones.
Eran tesoros grandes y pesados y tanto el clima como las
condiciones topográficas habrían impedido desplazarlos hacia
los cerros de la isla”, sostiene Montoya.
Desde 1994 hasta hoy, el historiador Raúl
Arias Sánchez ha intentado sin éxito, convencer al gobierno
costarricense de realizar un rastreo del tesoro utilizando
sensores remotos, específicamente el Air Images System,
dispositivo de la Administración Nacional de Aeronáutica y
el Espacio (NASA) que genera mapas tridimensionales desde un
avión que sobrevuele a baja altitud el área de la bahía
Wafer.
Arias Sánchez ha comparado su insistencia con
la de Howard Carter quien batalló durante años por convencer
a los arqueólogos británicos de la existencia de Tutankamon,
a quien consideraban una divinidad del antiguo Egipto.
En 1992, Carter finalmente demostró que tenía
la razón al descubrir el Gran Tesoro de Tutankamon. ■
AL RESCATE DE UN TESORO
Equipado con sistemas vía satélite y radares
de alto alcance, un barco ayudará a vigilar la Isla del Coco
para combatir la pesca ilegal de tiburones y de otras
especies amenazadas en el sitio.
La isla, patrimonio de la humanidad según la
Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la
Ciencia y la Cultura (UNESCO), estará mejor protegida
gracias a un convenio entre el Ministerio del Ambiente y
Energía (MINAE), el Ministerio de Seguridad y la Asociación
Mar Viva, entidad no gubernamental que aportará el barco.
Según Alexandra González-asesora legal del
ministro de Turismo, Rodrigo Castro- se pretende firmar el
convenio este mismo mes.
“El objetivo es facilitar la labor de los
guarda parques de la isla, que hasta ahora han tenido
grandes limitaciones para ejercer una vigilancia efectiva.
En la embarcación siempre habrá funcionarios del gobierno
que harán el patrullaje de las aguas que pertenecen a la
isla”, explicó.
La iniciativa es parte del esfuerzo que
realizan los gobiernos de Costa Rica, Ecuador, Colombia y
Panamá por resguardar las islas que conforman el Corredor
Marino de Desarrollo Sostenible.■
RIQUEZA EN PELIGRO
VIVA: LA NACIÓN
La Isla del Coco –a unos 550 kilómetros de
Cabo Blanco. A pesar de esta condición, la distancia y la
falta de recursos han limitado la protección de su gran
riqueza natural.
La actividad de pesqueros piratas y
embarcaciones locales al servicio de traficantes de aletas
de tiburón ha causado un gran impacto ambiental.
Para detener ese flagelo, el 28 de mayo Mar
Viva envió dos barcos en los que ya se empezaron a realizar
pruebas, pero solo uno de ellos permanecerá en la isla.
La tripulación está conformada por marineros
capacitados en temas de vigilancia, legislación ambiental y
ecología marítima; aún así, los guarda parques son los
únicos autorizados para ejercer coerción frente a los
ilegales.
“Los radares de las embarcaciones ofrecen una
alta definición que permite identificar la posición exacta
de las embarcaciones ilegales. También cuentan con equipos
de comunicación para que los guarda parques mantengan
contacto con su base y con otros barcos de apoyo”, detalla
Michael Rothschild, director ejecutivo de Mar Viva.
ALTO COSTO
El convenio de cooperación no se ha firmado
porque aún falta afinar detalles importantes, como la
cantidad de horas diarias que las embarcaciones prestarán su
servicio. Según Rothschild, lo ideal es que el patrullaje se
haga al menos durante ocho horas al día, pero esto
representaría un costo mensual cercano a los $6000
(2.376.000 millones de colones) solo en combustible.
Es probable que Mar Viva asuma la mayor parte
de ese costo.
“La asociación correrá con los gastos de
mantenimiento y aportará la tripulación, mientras que el
Estado está haciendo las gestiones necesarias para proveer
parte del combustible y el hospedaje de la tripulación, que
debe ser cambiada cada cierto tiempo. Es una contraparte
pequeña desde el punto de vista económico”, asegura
González.
Rothschild aclaró que Mar Viva es una entidad
sin fines de lucro, financiada por empresas privadas y
personas interesadas en el ambiente: “puesto que siempre se
ha dicho que no se puede proteger la Isla del Coco por falta
de recursos, queremos dar un aporte al gobierno”, manifestó.■
PARQUE NACIONAL ISLA DEL COCO
Fecha de creación: 11-Jun-1978
Decretos:
D.E. #8748-A 11-Jun-1978 Creac.
Ley #6794 27-Dic-1982 Ratific.
D.E. #15514-MAG 18-Jul-1984 Ampl
D.E. #20260-MIRENEM 20-Mar-1991 Ampliación
D.E. #20749-MIRENEM 16-Oct-1991 Exterminio De
Cerdos
D.E. #29834-MINAE 10-Oct-2001 amplía el área
marina.
Extensión: 2310 ha
Ubicación: Área de Conservación Marina Isla del Coco (ACMIC)
Categoría de manejo: Parque Nacional
Flora
Se han identificado 235 especies de plantas (70 endémicas o
propias del lugar). Entre las de árboles más distintivas
destacan el copey, el palo de hierro y la palma. El parque
cuenta con varios programas para un buen desempeño y vela
por el cumplimiento de las leyes de conservación de los
recursos naturales, manteniendo un adecuado equilibrio de
los ecosistemas de la isla dentro de los límites marinos y
terrestres.
Fauna
Aquí se encuentran 362 especies de insectos (64 endémicas) y
2 de reptiles endémicos: la lagartija y la salamandra; 3 de
arañas, 85 de aves incluyendo las marinas (4 endémicas), 57
de crustáceos, 118 de moluscos marinos, más de 200 de peces
y 18 corales. En sus aguas abundan los tiburones de aleta
blanca, los gigantes tiburones martillo

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