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breve reseña histórica
En la época precolombina el territorio que
actualmente corresponde a la provincia de Puntarenas, en el
sector de la península de Nicoya, así como la parte Oriental
del Golfo de San Lucas (hoy golfo de Nicoya) y algunas islas
ubicadas en el mismo, estuvieron habitadas por indígenas del
llamado grupo de los Chorotegas, de las provincias de Nicoya
y Gurutiña, dos de las cinco en que se dividían estos
aborígenes. El sector Central de la presente provincia de
Puntarenas, desde punta Herradura hasta la desembocadura del
río Diquís (actual Térraba) fue morada de los indios
huetares; los cuales formaron la provincia Quepo, conocido
como quepos. El resto de la región hacia el sureste fueron
dominios de los indígenas llamados bruncas, coctos y buricas.
El presente territorio provincial fue
descubierto por don Gil González Dávila en el año 1522,
cuando se efectuó el primer recorrido por tierra de nuestro
territorio nacional, desde el sector sureste del mismo hasta
el poblado indígena de Avancari (hoy Abangaritos, del
cantón de Puntarenas), dominios del cacique de igual
nombre; don Gil visitó también el asiento de indios de
Chomes; ambos en el litoral Oriental del Golfo de San
Lucas. A principios de 1524, por disposición de don
Francisco Hernández de Córdoba, se fundó Villa Bruselas, que
fue el primer asentamiento español en Costa Rica, ubicado al
noreste del Fondeadero, hoy villa Manzanillo del cantón de
Puntarenas, como unos 4.800 metros tierra adentro, en el
sitio por donde fluye el río Coyolito. Cerca de los ríos
que en el presente se denominan Machuca y Jesús María, Don
Juan de Cavallón estableció en 1561 el campamento de su
expedición, que llamó Real de Ceniza; el año siguiente fundó
la Villa de los Reyes, en el valle de Coyoche, lo mismo que
el puerto de Landecho (actual Tivives). En la expedición
realizada por don Juan Vázquez de Coronado a la parte
sureste del actual territorio costarricense en 1563, visitó
el poblado indígena de Quepo, asiento del cacique Corrohore,
quien se alió a Vázquez de Coronado; en esta incursión
soldados de éste último asaltaron la fortaleza de los indios
cotos, localizada posiblemente en la zona entre el río Coto
Brus y la quebrada Guácimo, la cual fue incendiada por sus
defensores al abandonarla; a fines del mismo año don Antonio
Álvarez Pereyra, capitán de don Juan Vázquez de Coronado, en
las sabanas del actual cantón de Buenos Aires, fundó la
Ciudad de Nueva Cartago, la cual tuvo una efímera
existencia. En marzo de 1568 don Perafán de Ribera
estableció la Ciudad de Aranjuez, junto con el Puerto de
Ribera en la margen de un río, que luego se denominó
Aranjuez, en el recorrido que efectuó don Perafán a la parte
sureste de la región fundó el 6 de marzo de 1571 la Ciudad
de Nombre de Jesús, en la margen este del río Cocto (actual
Térraba), a poca distancia al sur de la confluencia de los
ríos que hoy se denominan General y Coto Brus, en Paso
Real. Don Alonso de Anguciana de Gamboa en 1574 dispuso
trasladar la Ciudad de Aranjuez al sitio entre los ríos que
en el presente se llaman Barranca y Jesús María, cerca del
actual poblado Artieda, en el cantón de Esparza, que fue el
primer asiento de la Ciudad del Espíritu Santo. En 1577 don
Diego de Artieda Chirino habilitó el Puerto de Esparza o
Caldera en sustitución del Puerto Landecho.
Don Pedro Ordóñez de Villaquirán, Corregidor
de Nicoya, entre 1554 y 1556 ordenó construir una ermita en
Chomes, la segunda iglesia que se edificó en Costa Rica. En
1576 se erigió la primera parroquia, en la actual provincia
de Puntarenas, con advocación a Nuestra Señora de la
Candelaria, en el hoy cantón de Esparza. Las parroquias de
los cantones de la presente provincia son sufragáneas de la
diócesis de San Isidro de El General y de la diócesis de
Tilarán, establecidas la primera el 19 de agosto de 1954 y
la otra el 22 de julio de 1961.
El diputado de la provincia de Costa Rica
ante las Cortes de Cádiz España, presbítero don Florencio
del Castillo, logró que éstas otorgaran en 1814 el rango de
Puerto Mayor a Puntarenas. En 1834 se dispuso trasladar el
puerto a Caldera. Don Braulio Carrillo Colina, por decreto
del 26 de febrero de 1840 rehabilitó a Puntarenas como
puerto para el comercio del Estado. Posteriormente por
decreto No 2 del 5 de marzo de 1847 se
declaró puerto franco, disposición que contribuyó al
incremento de su población.
En 1821 se estableció en ciudad de Esparza
una escuela de primeras letras para varones. En la división
territorial escolar publicada en La Gaceta No
23 del 29 de enero de 1886, los cantones que en ese momento
tenía la comarca de Puntarenas, conformaron tres distritos
escolares. En 1942, en el gobierno de don Rafael Ángel
Calderón Guardia, inició sus actividades docentes el Liceo
José Martí, en las instalaciones de la escuela Delia Urbina
de Guevara. La Universidad de Costa Rica en 1975, inauguró
en ciudad de Puntarenas un recinto con servicios
descentralizados del Centro Regional de Occidente. En ley No
6541 del 19 de noviembre de 1980, en la administración de
don Rodrigo Carazo Odio, se creó el Colegio Universitario de
Puntarenas, con sede en la ciudad del mismo nombre.
En ley No 63 de noviembre
de 1825, Térraba constituyó un distrito del Departamento
Oriental, conformado por los pueblos de Térraba y Boruca.
En ley No 22 del 1 de diciembre de 1841,
Boruca formó un barrio del Departamento San José, con tres
cuarteles en Boruca y tres en Térraba y Esparza un barrio
del Departamento Alajuela, con cinco cuarteles; dos de los
cinco Departamentos en que se dividió en esa oportunidad el
territorio del Estado para efectos de elegir las autoridades
locales. El 7 de diciembre de 1848, se promulgó la ley No36,
que en su artículo 4 dispuso que el puerto de Punta arenas
(sic) formara una comarca separada hasta que el aumento de
la población permitiera erigirla en provincia; así también
en esa misma disposición normativa se estableció que Térraba
y Boruca constituyeran parte del cantón El Paraíso de la
provincia de Cartago; pueblos que se adscribieron en 1861 a
la comarca de Puntarenas. En las ordenanzas municipales,
promulgadas en ley No 22 del 21 de octubre
de 1862, en su artículo 8, se dispuso que la comarca de
Puntarenas estaba conformada por la ciudad del mismo nombre,
la ciudad de Esparza, así como la población de Golfo Dulce y
de los pueblos de Térraba y Boruca, que constituyeron todo
un cantón, cuya cabecera fue Puntarenas, el cual se
subdividió en distritos. La anterior Ordenanza fue derogada
por ley No 24 del 28 de diciembre de 1863;
posteriormente en ley No 20 del 24 de
julio de 1867 se decretaron otras ordenanzas municipales,
que establecieron las mismas unidades administrativas, con
sus respectivas categorías y lugares, dispuestas en la ley No
22 de 1862.
En 1895 se iniciaron los trabajos del
ferrocarril al Pacífico, el cual se concluyó en 1910,
efectuándose el primer recorrido ese mismo año entre las
ciudades de Puntarenas y San José; en 1930 se inauguró el
servicio del ferrocarril eléctrico.

Foto Antigua, Tren al Pacífico. Ferrocarril
Eléctrico al Pacífico.
A principios de la década de los años treinta
del pasado siglo, la Compañía Bananera de Costa Rica, debido
a las enfermedades que atacaron a las plantaciones y al
agotamiento de los suelos, abandonaron sus cultivos en el
litoral Caribe, trasladando sus intereses al Pacífico
sureste; en 1938 esta empresa inició en el valle de Pirrís
la siembra de banano, la cual posteriormente se extendió a
otras zonas de la provincia, dando origen a la formación y
desarrollo de las poblaciones que hoy corresponden a las
ciudades de Parrita, Quepos, Cortés, Golfito y Neily. En
1952 llegaron a la región, que actualmente corresponde al
cantón Coto Brus, colonos italianos de la Sociedad Italiana
de Colonización Agrícola, que junto con costarricenses
comenzaron la explotación agropecuaria de la zona. La
apertura de la carretera Interamericana ha sido un factor
importante en el desarrollo de la región sureste de la
provincia. En diciembre de 1981 se inauguraron las
instalaciones del Complejo Portuario de Caldera, en el
cantón de Esparza.
El origen del nombre de la provincia se remonta a un
documento de los Archivos Nacionales del 13 de febrero de
1720, que hace mención a la llegada del pirata Chipperton a
la zona hoy denominada golfo de Nicoya, en el cual aparece
la descripción referente a una vela de embarcación pequeña
en la Punta de Arena. La anterior cita es la más antigua
que se tiene conocimiento sobre el sitio, el cual se originó
como consecuencia del proceso geomorfológico litoral, que
comenzó a principios del siglo XVIII, y dio como resultado
la flecha de arena. El primero en utilizarla como puerto de
embarque y desembarque fue don Miguel Antonio de Unanué.
RESEÑA HISTÓRICA:
SITUACIÓN Y FORMACIÓN DE PUNTARENAS
A la derecha de la desembocadura del río Barranca se halla
la península de Puntarenas, que comienza en la angustura y
se prolonga seis o siete kilómetros, con una anchura de 500
metros. Es una lengua de arena que se encuentra dentro del
amplio Golfo de Nicoya, en su margen oriental, hacia la
parte media. Los materiales arrastrados por las corrientes
marinas y depositados en la costa oriental en épocas
pretéritas, parecen ser el origen de este importante
accidente geográfico, que no figura en los mapas antiguos.
Su formación es continua. Está a unos tres metros sobre el
nivel del mar.
Su ubicación ha hecho de la lengüeta de arena
un puerto importante, dado que es una salida al Pacífico del
interior del Valle Central. Como consecuencia de ello, es
hoy día de gran importancia política, económica y social.

Croquis del Golfo de Nicoya que figura el
Libro de William Funner. 1703
La Punta de Arena es el producto de los
materiales que arrastran los ríos del estero y del Barranca
por el mar.
El Barranca en épocas prehistóricas, se cree
que desembocaba en el estero y que un cataclismo lo hizo
cambiar de curso. Hay vestigios de su antiguo cauce.
Por eso se afirma que los ríos del estero:
Ciruelas, Aranjuez, Naranjo y Barranca por el mar, que
discurren hacia el oeste, fueron formando paulatinamente la
península arenosa que le da el nombre a la provincia y en la
que está asentada la ciudad de Puntarenas.
Continuamente la lengüeta está variando se ha
ido modificando poco a poco con arenas y lodo de los ríos
del Norte y los que traen los vientos alisios y las
corrientes desde la boca del río Barranca, o sea la acción
de los elementos de la naturaleza, a las corrientes de los
ríos, que unidos a los esfuerzos del hombre para proteger la
lengüeta, han ayudado a su formación. En años venideros
serán otros los trazos y otros los mapas que indiquen su
crecimiento o empequeñecimiento.
El proceso de formación en el sentido que
damos a la palabra historia, es relativamente reciente, data
de apenas dos siglos. Geológicamente viene a tener una
historia mucho más antigua aún, de la que todavía no sido
precisada con claridad. La poca consistencia del material
acumulado ha ido permitiendo la alteración fácil de los
contornos costaneros, notándose sobre todo que la longitud
ha aumento conforme transcurre el tiempo.
Del lado del estero han ocurrido cambios de
gran significación; la lengüeta se ha extendido hacia el
poniente.
El cronista español del siglo XVI Gonzalo
Fernández de Oviedo, que describe con prolija minuciosidad
el Golfo de Nicoya, no hace mención de ella, y no se la
encuentra en el croquis que él dibujó.
La expedición de Johan de Castañeda y Hernán
Ponce de León, en 1519, fue la primera que llegó al golfo
que bautizaron con el nombre de San Lucas. Dentro de él
hallaron un golfo que denominaron San Vicente.
Luego Gil González Dávila en su recorrido por
los años 1522-1523, encontró diseminados en la costa grandes
centros indígenas. El relato de Cereceda, según se señala en
el libro de León Fernández, nos dice: El cacique Chorotega
está a siete leguas adelante, cerca de la costa de la mar en
el golfo de San Vicente, que es el postrero donde llegaron
los navíos del Alcalde Mayor. El Golfo de San Vicente,
según lo ha señalado el mismo don León Fernández, es la
Bahía de Caldera y estando situado en el Golfo en los
confines de los Chorotegas es lógico deducir que la
ubicación de Puntarenas venía a corresponder a la región del
cacique Chorotega.
En un derrotero que señaló y recomendó el
Perú en 1684 para que todos los navegantes lo siguieran al
recorrer las costas del Pacífico, da muchos detalles sobre
el Golfo de Nicoya; pero no se dice nada acerca de la punta,
ni del estero.
William Tunner en 1703-1706 hizo un mapa pero
en él no se distingue la punta.
Es decir, la lengüeta de arena, no existía al
tiempo de la conquista, tampoco se habla de la Punta ni del
estero.
Don Carlos Meléndez Chavarri, en su boletín
informativo del año I, No. 9, Apuntes sobre Puntarenas en el
siglo XVIII, pág. 2 dice: En 1762 hubo un furioso temporal
que hizo que crecieran las aguas del Barranca y de otros
ríos; éstos arrastraron materiales que los vientos y las
corrientes movilizaron hasta formar la lengüeta arenosa.
El Palmar es una hacienda que está detrás del
estero y los manglares. La atraviesa el río Naranjo
(Palmar). Allí había un puerto donde se construían
embarcaciones, las cuales se usaban en la navegación interna
y externa del golfo. La hacienda perteneció a mediados del
siglo XVIII a Miguel Antonio de Unanué; en ella tenía
plantaciones de cacao, platanares y algunas otras cosas
más. Don Miguel era bien conocido en el medio, pues
comerciaba con tabaco y otros artículos, que llevaba a
Palmar y a otros puertos vecinos, para exportarlos.
Son interesantes estos datos, pues informan
sobre la utilización de Puntarenas como puerto. Don Miguel
Antonio de Unanué, se le nombre como descubridor de
Puntarenas, pues utilizó este puerto y lo hizo porque le
convenía personalmente, ya que su hacienda estaba en las
inmediaciones, y esta circunstancia movió a los demás a
imitarlo.
Se dice que por el año 1772 el puerto de
Puntarenas era conocido con el nombre de Puerto de Arenas.
El primer hombre que arribó al Puerto de Arenas, lo fue don
Josef Perie, Gobernador de la provincia de Costa Rica, que
llegó en 1778 procedente de Panamá, en la nave Nuestra
Señora del Carmen.
En los inicios del siglo XVIII, los
pobladores del interior del país, conocía esta zona como un
lugar saludable para tomar baños de mar. La playa, lo
agradable del lugar, hizo que sus habitantes y autoridades
pensaran seriamente, y después de un estudio a conciencia,
solicitaron a la Real Audiencia de Guatemala lo declararan
Puerto de la Provincia de Costa Rica, en el mar del sur.
En 1808 la Real Audiencia acoge
favorablemente el informe y la solicitud enviada. En el año
1814 se habilitó a la lengua de arena como puerto en el
pacífico. Una vez constituido en puerto, su primer capitán
lo fue don Antonio Figueroa, nombrado por el Gobernador de
Cartago en 1815, don Juan de Dios de Ayala.
No se vislumbraba formalidad ni deseos de
superación; el capitán no duró mucho en su cargo. Nadie, en
definitiva, velaba por la lengüeta de arena y su
estabilidad era incierta.
Pasaron algunos años en esta situación y no
fue sino hasta 1823 que la Junta Superior Gubernativa tomó
en consideración quejas sobre contrabandos y el gran
desorden en que se encontraba el puerto que, para decir
verdad, estaba en total abandono.
Para corregir estas anomalías, la Junta
nombró capitán a don Ramón Castro, con un sueldo de 25
pesos; además designó cuatro soldados para velar por el
orden del nuevo puerto con sueldo de 10 pesos mensuales;
para servir el cargo debían saber leer y escribir.

Foto antigua de la Capitanía de Puerto
Puntarenas.
Asegura don Cleto González Víquez en su libro
Puerto de Puntarenas que las cosas comenzaron mal. Don
Gregorio José Ramírez, Comandante General, retiró sin
ninguna consulta al capitán Castro y en su lugar nombró a
Joaquín Carrillo; la junta lo aceptó, como era costumbre,
pero en forma interina; en propiedad se nombró luego a don
Anselmo González.
El puerto debió prestar todos los servicios
par que fue destinado, pero no fue así. Puntarenas era un
paraje solitario, atractivo, con encantos naturales, pero
nada más; y a pesar de estar destinado a un alto fin, se
mantuvo sumido en un profundo sueño, por más que desde
mediados del siglo XVIII era visitado por buque de alto
bordo, según se afirma en los apuntes de Francisco de Paula
Amador.
La lengüeta necesitaba vías de comunicación
con el interior del país, pero la única vía que existió por
muchos tiempos fue la compuesta por veredas solitarias, por
donde transitaban carretas, caballos y peatones; esa vía se
ocupó por largo tiempo y recibió el nombre de Camino de
Carretas.

Veinte años después de habilitado el puerto
de Puntarenas y cuando comenzaba a tener importancia y
moviendo activo, viene de pronto la Ley No. 59 de
marzo/abril de 1834 que ordenó el traslado del puerto a
Caldera.
Según los Apuntes de don Francisco de Paula
Amador, aquella amenaza hizo que los puntarenenses
reaccionaran enérgicamente y resistieron los embates, al
igual que la lengüeta resistía la fuerza de la naturaleza.
Después de más de dos años de dura prueba,
don Braulio Carrillo, por decreto del 26 de febrero de 1840,
rehabilitó a Puntarenas como puerto.
Ese decreto decía: Se rehabilita para el
comercio marítimo del Estado, el Puerto de Puntarenas.

Sobre el primer período de vida los archivos
porteños no arrojan mucha luz, pues parece que estos fueron
enviados a la Secretaría de Hacienda y se extraviaron, y
poco es lo que se ha podido rescatar.
Por algunos decretos municipales, hay datos
muy curiosos e interesantes.
El decreto del 26 de febrero de 1840 dice que
Puntarenas se dividía en tres partes: la oriental, para
población pajiza, la central para almacenes y casas de
tejas, y la punta o parte occidental para edificios
públicos, separados cada parte por un espacio de 100 varas.
Es evidente que la punta sería parte de la
ciudad futura. Ese sector estaba sembrado de arómales,
tupidos y gruesos, perjudiciales para la salud pública,
porque daban lugar a la formación de grandes pantanos que,
merced a su sombra, se conservaban casi todo el año.
Además, por lo tupido del bosque, era una amenaza para la
seguridad pública, pues allí fácilmente se escondían
personas deshonestas.
En 1844, proscrito Carrillo, sufre Puntarenas
su segunda prueba, y una nueva amenaza en su estabilidad.
Una iniciativa de don Jorge Stiepel pedía que se cambiara la
carretera del puerto. Lógicamente, con ello, éste
desaparecería como tal, pues la terminal del nuevo camino
tenía como remate a Tárcoles.
Don Cleto asegura, que a raíz de esto, surgió
una polémica entre Stiepel y don Felipe Molina. Se llevó a
cabo una comparación de ventajas y desventajas, a cargo del
capitán DIriarte, quien en definitiva dio todos los
consejos para finiquitar el asunto del puerto.
Este informa de DIriarte coincidía con el de
la Junta Itineraria, y pedía que no se cambiara la situación
creada.
Las recomendaciones del informe fueron
acogidas por el Gobierno y se tomó una serie de medidas que
ayudaban al puerto; además se autorizaba a la Junta para
que, a la mayor brevedad, realizara aquellas
recomendaciones.
No se ha podido comprobar si se realizó todo
ello, pero en cambio sí se logró que quedara firme la
estabilidad del puerto.

Calle del Comercio Vfoto antigua-
En 1845, mediante una ley, se ordenó la
construcción de una ermita, cuyo patrón sería San Antonio de
Papua. Además se crearon almacenes bien abastecidos. Así
la mercadería importada estaría segura y la que se exportaba
también.
La administración del Dr. Castro Madriz
promovió el reglamento del puerto y de la aduana. Se creó
el arancel obligatorio para servicio de lanchas, bongos,
botes, etc., para los viajes dentro y fuera del golfo; otra
disposición ordenó dividir el puerto en dos distritos
(Oriente y Poniente) para la administración de justicia y
policía. Ese mismo año, por un decreto ministerial, se
autorizó la venta de solares a orillas del estero, hasta
Chacarita. Se dispone de todos los solares a orillas del
estero y el resto de la punta son baldíos, y el Ejecutivo
puede autorizar su venta.
Esos terrenos baldíos son pertenencia
exclusiva de la ciudad y por tanto no tiene carácter de
nacionales.

Línea férrea y calle angosta, entre el mar y
el estero
(Calle conocida como la angostura)
Foto antigua.
La venta de solares a orillas del estero, se
basa en razones de ornato, con el afán deque se edificase en
ellos; tanto es así que, si no construía dentro de cuatro
años, el adquirente perdía el derecho al solar y el dinero
pagado. Con ello el terreno podía adjudicarse a otra
persona.
La resolución del 30 de agosto de 1845
declaró terrenos baldíos de la ciudad todos los solares del
estero y del resto de la punta.
Por decreto de 28 agosto de 1846, fue
dividido Puntarenas en dos distritos el del Poniente, que
comprendía toda la superficie donde estaban situadas las
bodegas y edificios públicos, hasta llegar al extremo de la
punta.
Este decreto marcó claramente los límites de
la ciudad, que fueron desde entonces: la Chacarita por el
oriente y la punta por el occidente por el norte el estero y
por el sur el mar.
La punta siempre fue considerada parte
integrante de la ciudad, y no milla marítima, ni baldío
nacional; además, desde su rehabilitación, Puntarenas no
estuvo convertida en finca destinad a cultivos.
Otro dato de interés: KPor motivos sanitarios
y de ornato de la ciudad y sus habitantes, se hizo un
reglamento de policía con fecha de 20 de enero de 1848; este
reglamento expedía bandos y providencias gubernativas como:
1. de esta fecha en ocho días todo dueño de casa o solar
debe, infaliblemente, tener aseado el frente de su casa, las
cercas y los solares. 2. Dentro del mismo término debe
estar aseado el interior de las casas, procurando quitar
pantanos o charcos de los solares, lo mismo que las basuras
amontonadas. 3. Se pasará registro escrupuloso sobre el fiel
cumplimiento y se cobrará una multa de 5 pesos a quien no
cumpla en el acto.
El 17 de agosto de 1858 se ortiga al puerto
el título de ciudad; también ese año se fundó el Hospital
San Rafael, casa de salud que bastante falta hacía.
Algunas veces el letargo porteño era sacudido
por acontecimientos políticos del interior del país, como
ocurrió en 1859, y que tuvieron honda repercusión en el
puerto.
 
Fotografías tomadas en el Parque Mora y Cañas
de Puntarenas.
Don Juanito fue depuesto el 14 de agosto de
1859. El día 17 de setiembre de 1860, a eso del mediodía,
todo era felicidad en el puerto. Hombres de todas las
edades recorrían la población en patrullas, mientas que la
mayoría se concentraba en el lado del estero, en donde
acababa de desembarcar don Juanito con su hermano don José
Joaquín y Manuel Argüello Mora, sobrino de don Juanito.
Venía un guatemalteco coronel Francisco Sáenz, militar al
servicio del gobierno de El Salvador y cuatro sirvientes de
Mora. Aunque don Juanito tenía personas a su favor, éstas
no pudieron ayudarle lo suficiente, por lo que, el 30 de
setiembre de 1860 don Juanito y Arancibia fueron fusilados.
El 2 de octubre lo fue el general Cañas. Se hace acreedor
el Puerto de Puntarenas de perpetuar el recuerdo de esta
negra página de nuestra historia. Por ello en el fatídico
lugar, se levanta un monumento a los próceres que tan
injustamente fueron ajusticiados.

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