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LAS BOMBAS, LAS RETAHÍLAS, DICHOS, GÜIPIPÍAS. CARRETAS TÍPICAS

                                   

EL SABANERO GUANACASTE. (EL DIA DEL SABANERO)

BREVE RESEÑA DEL FOLKLORE EN COSTA RICA

¿QUÉ ES EL FOLKLORE?

Inicialmente definiremos el folklore como aquella parte Artístico- tradicional de la cultura que expresa los sentimientos, ideas y comportamiento del Hombre; es decir, su cultura espiritual, por medio de la literatura oral, música y danzas.

El folklore es patrimonio, fundamentalmente, de las clases campesinas y más populares de las clases urbanas; es, pues, básicamente a ellas que nos referimos, aunque estos principios pueden generalizarse a todos los grupos de cultura tradicional.

En el presente trabajo nos detendremos especialmente en algunos de los diversos géneros de la literatura oral narrativa que, como recordaremos, consta de cuentos, mitos, leyendas, fábulas, casos y anécdotas, y versificada: refranes, dichos, adivinanzas, trabalenguas, poesía, brindis, apodos, "insultos", fórmulas verbales: de pleito, amistad, saludo, despedida, de juegos, etc. y oraciones; y de música solamente nos referiremos a las canciones, o sea a su texto literario…

En Costa Rica, hasta el año de I933 en que aparece cierto interés por la insólita expresión pictórica de las decoraciones de carretas y, hasta 1969 en que se intenta un análisis comparativo musical sobre las canciones campesinas de la Meseta, los trabajos de recopilación, observación y estudio sobre las modalidades de orden popular que se presentan hacia los fines del siglo pasado, se limitan a lo arqueológico, lo lingüístico y costumbrista. Para un costarricense que trate estos temas, es de justicia y probidad referirse a los iniciadores: Jiménez (Manuel de Jesús) Fidel Tristán, Alfaro, Thiel, González Zeledón, Echeverría, García Monge, Gagini, Carmen Lyra y posteriormente entre otros notables y recientes, Domitilo Abarca y Agüero. En cuanto a estudios arqueológicos Tristán y Alfaro y, a dialectos aborígenes, costarriqueñismos y expresión oral regionalista, los demás.

De entonces acá se produce una cuantiosa y permanente divulgación de las decoraciones de carretas con un marcado énfasis en las reproducciones industrializadas de carácter comercial y turístico o de souvenir únicamente.

En tal afán, se festina lo clásico y auténtico de los originales, muchos de los cuales, coleccionados ese año 35 en el Museo Nacional, desaparecieron totalmente de la exhibición. Y vienen luego a suplantarlos recursos falsos e ilegítimos de sombra, mediotono claroscuro y matiz antojadizos, donde inicialmente hubo colores planos de sorprendentes e intensa pureza, delimitaciones contrastes anchas, vigorosas e inconfundibles y siempre, un magistral dominio del señorío enigmático y solemne del color negro que surge cuando se saben superar los arduos problemas pictóricos de su tratamiento.

Mientras todo esto ocurre, el por qué y el origen de la manifestación no han sido aún dilucidados. Los organismos culturales no emprenden el estudio cuidadoso de los caracteres iniciales que presentan los diferentes centros creativos en cuanto a la concepción e interpretaciones estilizadas que nunca repitieron los autores, de sus propias tendencias particulares y las de composición, color y procedimiento, con miras a no adulterar la pureza y originalidad de su sentido. Menos aún, procesar esa sensibilidad popular hacia un status cualitativo inusitado y propio que alcance valor categoría o fuerza de signo invariable. Por el contrario, entre las élites y lógicas académicas el caso suele tomarse como algo banal y sin importancia, contribuyendo así a que se desvirtúe lo auténtico y degenere en trivial mercancía lo que surgió de un noble y puro espíritu vernáculo-popular.

Durante la colonia y los primeros años de nuestra independencia, la provincia de Costa Rica llamada hoy Guanacaste, constituyó políticamente el Partido de Nicoya. Al producirse la independencia, debió tener cierta relativa autonomía ya que, en su etapa colonial intervenían únicamente y muy raras veces, las autoridades de León. Pudo así unirse a Nicaragua, o proclamarse república centroamericana independiente pero, después de unos años de pensarlo y considerarlo, los nicoyanos resolvieron anexarse a Costa Rica. Para cualquier costarricense, esto fue un regalo del cielo.

Pero lo que es curioso, de algunos años acá, como un caso extraño de aculturación, en el folklore costarricense desaparecen prácticamente las tonadas campesinas. Los labriegos callaron. Ya no se escucha aquel acento musical, singular o ingenuo de la voz.  No volvieron a entonar con su guitarra la dulzona elegía tradicional y al parecer, esos cantares de añoranza tan nuestros, se sumieron en lamentable olvido. Hoy, a través de la radio y la televisión, se difunden y propalan como predominantemente ticos los aires guanacastecos, lo cual no es históricamente cierto. Tales armonías son como las panameñas, muy vivaces alegres, hermosas y sonoras. Las acompañan con marimbas y acordeones y a ellas recurrimos, nosotros para levantar el entusiasmo y la euforia en las fiestas patrias, en turnos y celebraciones cívicas.  Ante lo paradójico del caso cabe preguntarse: ¿Qué es lo que nos pasa? ¿Por qué tenemos nosotros tan menguado concepto de nuestro soberano derecho a sentir y a expresar nuestra natural y mustia manera de ser en la forma que espontáneamente se nos antoje hacerlo?  Si repasamos los hechos apuntados y un afán de explicaciones nos pone a reflexionar sobre la indiferencia que rodeo el arte decorativo en mucha parte de los siglos XIX y XX,  si ya en un centro de cultura desaparecieron cien diseños de hermosos y espléndidos colores, si, al parecer, una necia timidez acalla nuestro canto al irrumpir la gracia festiva y jubilosa del punto guanacasteco, llegamos a la conclusión de que en estos ámbitos de lo popular aquí considerados, no aparece quien haya demostrado tener sentido pleno y cabal de nuestros propios valores como tales.

CUENTOS, MITOS, ADIVINANZAS, REFRANES…

Expresiones tales como danzas, gestos, música; sones, pasillos, contradanzas, valsecillos, las bombas, las retahílas, los refranes, las adivinanzas, las creencias, los cuentos, las leyendas y otro tipo de literatura oral, también la medicina popular, las comidas tradicionales y la vestimenta, forman parte de la cultura popular guanacasteca a lo que no se le da la permanente atención que todo esto merece y que constituye una rica fuente reveladora en el conocimiento de nuestras patrias.

Porque si estas cuestiones se estudian y coordinan, de la íntima correlación de elementos que se establezca en el conjunto, surge total nuestra fisonomía propia, hasta hace unos años íntegra, pero desfigurada ahora con la erosión de sus valores originales, bajo el embate de las impositivas exigencias de consumo que son factores foráneos y alienantes.

Costa Rica mantiene en su desventajosa realidad de subdesarrollo y pequeñez, un orden institucional histórico, dentro del que prevalece casi sin interrupciones el sistema democrático constitucional y con ello, un consenso pacífico que la singulariza entre otras nacionalidades. Tales características son un efecto político que nos distingue y se adentra en lo tradicional hasta llegar a la causa que lo produce. Esa causa no es otra que las costumbres sencillas, laboriosas, austeras, legalistas y ordenadas que conformaron la república y que, observadas con sigilo por los habitantes, aún perduran a pesar de ser tan contradictorios y azarosos los nuevos tiempos. Al hacer tales observaciones, no nos cabe duda de que ese apego del pueblo a un ordenamiento de derecho marcado por los próceres, ha de tener expresiones muy propias y formas muy particulares de manifestarse. Y es en la razón histórica de ser, cuyo más fehaciente documento se halla en las tradiciones populares, donde hemos de encontrar la seguridad y la conciencia reivindicadora, ante las fuerzas que amenazan la integridad de las naciones y el derecho de éstas a su autodeterminación e independencia.

Con tales propósitos cabría recomendar que, para que la imagen popular auténtica no se halle expuesta al arbitrio de modas e influencias que la alteren, la falsifiquen o la nieguen, se centralice lo folklórico, mediante una adecuada legislación, creando un organismo autónomo, servido por profesionales de la más probada y reconocida competencia. Y que tal organismo se apersone con interés y autoridad donde quiera que haya centros particulares o aislados de artes populares, para proteger y orientar en un sentido unificado y creativo permanente, los recursos humanos y sociales que los integran.

También los gobiernos, en sus programas de Educación, formularán disposiciones para que la Escuela, Colegios y Universidades no se mantengan ajenos a la expresión popular en todas sus manifestaciones, ya que es ésta el exponente de más significación en las auténticas culturas nacionales. Tradicionalmente en Costa Rica hay cierta predilección por el rojo, el bermellón de las carretas y el cobalto en sus diferentes tonos con que pintan los zócalos, las puertas y ventanas. Y esa nota cromática también puso color a la versificación, si escuchamos las bombas con que el campesino tico nos va a decir la improvisación espontánea de su galantería cual un designio fraternal de comprensión:

Las pastoras caprichosas

te tiñeron los cachetes

y yo por vos me peleo

con pistola o con machete

En el azul de tus ojos

florecen santalucías,

cuando me mirás, de cielo

se me llena el alma mía

Parte del discurso de la profesora: Emilia Prieto, en Lima Perú.

DE LAS BOMBAS

Su nombre es una analogía con las "bombas" o "bombetas" de pólvora que se hacen estallar en las fiestas o turnos de pueblos. Así como la bombeta acalla todas las voces en su impacto, así la voz ¡bomba! acalla la orquesta, y se oye un silencio, se oye una voz individual que grita una cuarteta.

La bomba encaja bien intercalada en música de pocos instrumentos y de ritmo simple.

¡bomba!

“Todas las noches me paso como los toros, mugiendo, y  hasta me pongo a rascar para ver si así te comprendo ".

Las bombas son ejemplos de expresiones orales que expresan aspectos de la vida cotidiana del guanacasteco.

DÍA NACIONAL DEL SABANERO

El patrimonio cultural de la sociedad costarricense y las expresiones artísticas y artesanales han forjado la base de la identidad nacional.

Guanacaste con: sus poemas, narraciones, música y danza, pintores, artesanos y escultores, han plasmado en sus obras la fecundidad y la problemática de esta tierra.

La fisonomía que da lugar a esta caracterización guanacasteca nace de la hacienda ganadera como fuente de toda una cultura muy propia.

La hacienda provee además de bienes y recursos económicos, tradiciones, leyendas, bailes, canciones y personajes. Aquí surge o emerge el hombre típico de la pampa, el sabanero, trabajador del ganado como sostén de las grandes haciendas, encargado de pastorear el ganado que vagaba libre por los llanos sin cercas, hombre valeroso en extremo, que debía realizar múltiples labores concernientes a las reses y al caballo, este último su fiel compañero. Junto al peón y la cocinera, el pipero, el montador, el vaquetero, el cuajadero; las bombas, tallas y retahílas; el lenguaje regional, con sus guanacastequismos; la vaquiada y la fierra, en su labor está la base de la ganadería costarricense de hoy.

Haciendo un recorrido por las costumbres antiguas, las haciendas que eran más que fincas dominios territoriales, en donde se mezclaban en feliz convivio en sus grandes extensiones, animales domésticos con feroces felinos, en donde existía en sus grandes sitios ganado cimarrón, se instauró la “Semana de la Fierra”.   Una semana de alegría durante el año, para los sabaneros que vestían de chaleco de piel de ternero y cueras, para los vecinos adyacentes de esos dominios y para los propietarios de esas vastas regiones. En la semana de la fierra había fundamentalmente licor, carne y marimba.  Al finalizar, proseguía la monta, el toreo, con baquetas y la destriza de cabalgar potros totalmente chúcaros, montados sin pretal. El fin de aquella semana que podía llamarse la semana precursora de las actuales fiestas cívicas, era la marca que se acostumbraba en todo el ganado, la castra de los machos, destorsalar terneros, seleccionas las bestias caballares, etc.

Las fiestas del Guanacaste de ayer eran algo así como pequeñas fiestas cívicas que se prolongaban por una semana  de trabajo y alegría, donde nuestras mujeres de entonces, también compartían fabricando sus guisos, tamales, pisques, rosquillas y chicheme, rompope y vino criollo o de coyol, bailando al ritmo de la música folklórica.

En los corredores volados de las viejas casonas, que servían de planteles administrativos de aquellas haciendas guanacastecas, se instalaban las marimbas sonoras, construidas por las manos de nuestros legendarios artesanos y por las más finas maderas de los bosques tropicales, y, al golpear sus teclas, jóvenes y ancianos deleitaban a los presentes de la “fierra”, con La Cajeta, El Torito, Los Amores de Laco, El son de los Novios, Cambute y el Punto Guanacasteco.

Las fiestas del Guanacaste se forjaron inspiradas en las costumbres de las antiguas “fierras”.  En rescate de nuestra cultura, todas esas costumbres deben ser investigadas.

Una mención especial merece la música de marimba, su empleo, y diseño. Este instrumento es multicultural americana, africana, asiática y hasta europea, pero de propagación chiapaneco guatemalteca, es el que se usa en más fiestas populares, junto con la guitarra.

Aunque se ha perdido mucho el uso de las marimbas, todavía se encuentran algunos constructores de marimbas modernas y en escuadra en la provincia; las cuales se usan fundamentalmente en festividades como la del Cristo Negro y la Virgen de Guadalupe. Se podría decir que la marimba es lo que todavía marca a Guanacaste como parte de la región mesoamericana y centroamericana.

Los sabaneros, alma y corazón guanacastecos. Símbolo de la pampa y fiel representante de las costumbres y tradiciones de la región.  El sabanero se constituyó en elemento fundamental del desarrollo de la provincia guanacasteca y su aporte a la historia nacional es innegable. Es imposible concebir a Guanacaste sin el sabanero, pues la provincia está cimentada en su figura en su grito que reta al toro clarinero. Y por que no los güipipías.  Sólo la presencia del sabanero, ha producido la “cultura sabanera”, elemento fundamental del ser guanacasteco, dando lugar a la  guanacastequidad, cómo un símbolo muy guanacasteco, al sabanero con sus chilingas, tripa, polainas, su soga, su jícara que carga el agua fresca, su pañuelo al cuello, su sombrero de lona, alforjas y su tajona. Es un estilo de vida que impregna la provincia entera, desde el corral a las ciudades con su característico calor, características que han matizado nuestras canciones, literatura, vocabulario, bailes, comidas, indumentaria, es decir, nuestro entorno cultural.

Liberia es la cuna de la figura del campo el sabanero. Y en su honor a este personaje se crea el 8 de setiembre de 1990 el Museo Regional del Sabanero, con sede en Liberia, en la Casa de la Cultura.

Así es como queda plasmado en este Museo, el personaje de la llanura guanacasteca, de las llanuras del Pacífico Seco, aquel personaje alegre y enamorado de la sabana descrito por muchos en sus poesías, sus prosas y sus canciones. Es alegre y emotivo y canta sus cosas y grita libre y apasionado como si fuese el rey de la pampa venerada. Es dicharachero y sueña con su guapa morena de largo cabello entrenzado, ojos negros y graciosos, y miradas vivarachas que carcomen el alma y con esto, una sonrisa de hombría se escapa de los labios de este buen llanero, como inspiración sentida en medio de sus nobles inquietudes.

El sabanero marcó el perfil del ser guanacasteco como ningún otro hombre o actividad lo han hecho. Ha inspirado a poetas como Rodolfo Salazar, así como a músicos como Jesús Bonilla y Medardo Guido Acevedo. Este último, en su canción “Amor Sabanero”, plasma el sentir guanacasteco al decir:  

 “... La emoción es llama ardiente en el alma del sabanero, que con su caballo, cruza los caminos polvorientos y cenagosos dorados por el sol o plateados por la luna; sol de oro quemante y bochornoso o luna clara y apacible... Llanero, que corre tras los cimarrones en el boscaje o a través de la llanura y que a la par de su coraje y valentía..., ama el campo y la naturaleza toda.

 

Es alegre y emotivo y canta sus cosas y grita libre y apasionado como si fuese el rey de la pampa venerada. Es dicharachero y sueña con su guapa morena de largo cabello entrenzado, ojos negros y graciosos, y miradas vivarachas que carcomen el alma y con esto, una sonrisa de hombría se escapa de los labios de este buen llanero, como inspiración sentida en medio de sus nobles inquietudes...”

Asimismo, el Decreto Ejecutivo Nº 24414-C-MEP, del 30 de mayo de 1995, declara Día Nacional del Sabanero el 10 de noviembre como un reconocimiento verdadero al personaje que modeló al ser guanacasteco.

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